La Corrección Desperdiciado

“y habéis olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por Él; Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel quien el padre no disciplina?” (Hebreos 12:5-7)

Sabemos que Dios corrige a cada uno de sus hijos, pero también es cierto que no todos los creyentes benefician de la corrección. Andrew Murray lo dijo de esta manera: “Un creyente puede pasar a través de muchas tribulaciones, y aún así lograr muy poca bendición de todas ellas. Permanecer en Cristo es el secreto de obtener todo lo que el Padre quería que el castigo nos trae.”

Dios no nos castiga arbitrariamente. Siempre hay un propósito detrás de su corrección, pero el autor de Hebreos nos advierte que hay dos reacciones que nos llevarán a perder el beneficio de esa corrección.

En primer lugar podemos despreciarlo – despreciar la amonestación de Dios y rehusando estar de acuerdo con Él de que tenemos que cambiar nuestras costumbres. Esta actitud de rebeldía hace que sea imposible para nosotros recibir la bendición de una relación restaurada con el Padre.

La segunda respuesta equivocada es desmayar – renunciar a causa de la severidad de la corrección. La cosa importante a recordar durante el castigo es que tiene como fin la intención de ayudarnos. Podemos caer en la trampa de pensar que Dios nos está juzgando a “vengarse” o “ajustar cuentas.” Pero el precio por nuestro pecado ya ha sido pagado en su totalidad por Jesús. No estamos castigados por nuestros pecados, somos reprendidos como medio de traernos de nuevo a una vida recta y piadosa. Si usted ha hecho algo para lo que usted está siendo reprendido, arrepiéntanse rápidamente. Va a encontrar que Dios te espera con los brazos abiertos.

Por Paul Chappell, Diaramente en la Palabra