La Naturaleza del Cuerpo Resucitado

1 Corintios 15:35-41

35 Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?

36 Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes.

37 Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano;

38 pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo.

39 No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves.

40 Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales.

41 Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria.

[youtube http://youtu.be/zv5U0medjiM]

I. Resucitados a una nueva dimensión. Vs. 35-37

Las dos preguntas “cómo y qué” no reflejan un interés genuino en la resurrección sino una reacción dudosa a lo que la Biblia mantiene. Es una locura negar un hecho de la revelación de Dios, porque no sabemos el “cómo.” Algunos rehúsan aceptar una afirmación si no la pueden explicar. La resurrección de nuestros cuerpos no se base en nuestras suposiciones sino en el poder de Dios a través de la Palabra de Dios. La palabra “vendrán” indica lo que todos nosotros sentimos cuando alguien muere y decimos que “dejó este mundo.”

Estas preguntas indican un alto nivel de soberbia porque demandan una explicación detallada que no podemos obtener. Mejor responder como Ezequiel en Ez. 37:3

A. La muerte es una precursora necesaria para la resurrección. V. 36

Si no hay muerte no existe ninguna necesidad de una resurrección y no habría posibilidades de cambios en nuestro ser. Pablo comienza con una declaración enfática cuando dice que los que forman estas preguntas son necios. El griego literalmente dice “Necio tu.”

Pablo vuelve a utilizar una metáfora familiar cuando habló de los procesos agrícolas, en este caso la siembra. Lo sembrado para resurrección es el cuerpo natural cuando se entierra después de la muerte.

La muerte es un proceso natural necesario para lograr nueva vida. La muerte no figura como una parte del plan de la creación de Dios. La muerte entró en el mundo después de que el hombre pecó. Todos nosotros somos pecadores por naturaleza y moriremos algún día como resultado de nuestra pecaminosidad. Rom. 3:10-12

Pero la muerte no impide la vivificación sino es un preludio a la resurrección. Cristo, a través de su muerte en la cruz, no nos libera de la pena de muerte sobre nuestro cuerpo, al contrario Él permite a la ley terminar su curso sobre nuestra carne. Pero de sí mismo produce nueva vida espiritual y celestial de nuestra muerte.

B. La nueva vida refleja la vieja persona. V. 37

Muchas personas están preocupadas con la pregunta si nos va a ser posible reconocer a nuestros seres queridos y amigos en el cielo y si nos reconocerán a nosotros. Pablo mantiene que de la misma manera que una semilla entra a la tierra para morir y después sale una planta mucho más bello que la semilla misma. En la planta se encuentra la vida de la semilla y se reconoce que esta nueva planta salió de la semilla sea de trigo o de otro grano. Juan 12:24

Nuestro cuerpo glorificado será como el cuerpo de Jesús después de su resurrección. Fue suficientemente diferente que en varias ocasiones las personas no lo reconocieron de inmediato, pero fue el mismo Cristo quien pudo ser tocado, pudo comer y pudo ser visto.

Entonces nuestro ser glorificado también será reconocido por lo que era. No será el mismo cuerpo pero sí es la continuación de nuestra existencia en un nuevo cuerpo.

II. Resucitados a una nuevo diseño. V. 38

A pesar de la nueva dimensión o tipo de cuerpo que vamos a recibir en la resurrección, el apóstol Pablo mantiene que hay una conexión integral entre la nueva y la vieja.

A. Dios elija nuestro nuevo cuerpo.

Pablo argumenta que nuestra vida terrenal comienza por Dios y nuestra nueva vida comenzará bajo el designio de Dios. Pablo explica que el proceso no se sabe en detalle pero el cristiano puede estar seguro que el mismo Dios bondadoso que concede vida a nuestros cuerpos terrenales es quien se encargará de darnos un cuerpo glorificado después de la muerte.

Al final de cuentas es una cuestión de fe en nuestro Dios. Las preocupaciones que tenemos en esta vida surgen porque no podemos ver el futuro. Pero estas mismas preocupaciones se convierten en pecado cuando dejamos de confiar en la bondad de nuestro Dios de hacer que todas las cosas salen para nuestro bien y Su gloria. Rom. 8:28-29

B. Dios se auto limita a sus propios leyes.

Un grano de trigo no produce la cebada. Dios va a conceder el cuerpo nuevo a cada individuo según las leyes que él mismo estableció. De esta manera veamos nuevamente la continuación de la vida vieja en la vida nueva mientras cada creyente mantiene su propia identidad.

III. Resucitados a una nueva distinción. Vs. 39-41

Estos versículos amplifican la idea de que nuestros cuerpos glorificados serán distintos a nuestros cuerpos terrenales.

A. Hay distinciones en la carne. V. 39

Pablo previó los descubrimientos científicos acerca de las diferencias celulares entre los seres humanos, las bestias o cuadrúpedos, los peces y las aves. Podemos ver en la naturaleza creada por Dios una variedad, entonces no nos debe sorprender encontrar una variedad en los cuerpos vivificados.

B. Hay distinciones en los seres creados. V. 40

Esta es una referencia a los ángeles y los hombres. I Pedro 1:24 nos enseña que nuestra vida terrenal es débil y Santiago nos enseña que nuestro tiempo en este mundo es breve. Necesitamos prepararnos para la vida venidera que la Biblia describe como vida eterna.

C. Hay distinciones en el universo. V. 41

Pablo llega a la conclusión que aún el sol y la luna con todas las estrellas nos enseñan que hay distinciones importantes en cada aspecto de la creación de Dios. Esto no lleva a creer que en la vida venidera nuestros cuerpos glorificados serán diferenciados el uno del otro.

Para nosotros los creyentes es hora de dejar de pensar neciamente y comenzar a confiar en que la Palabra de Dios es verdad. Dios dice en las escrituras que esta vida es corta y hay que prepararse para la vida venidera. Dejar esta vida atrás y comenzar a vivir en la realidad de la vida nueva cuando tendremos cuerpos glorificados en la continuación de nuestra existencia en este mundo.

Para el inconverso en hora de aceptar que cada uno de nosotros somos pecadores, que merecemos morir y sufrir las consecuencias de nuestro pecado en el infierno. Pero que Dios en Su gran amor, mandó a su hijo unigénito a morir en una cruz por nosotros y llevar en sí nuestros pecados. Si depositás tú fe y confianza en Él serás salvo y experimentarás la resurrección de tú cuerpo algún día.

Pastor Jaime Greenwood, 24 de junio, 2012