La Comunicación (Parte 7): Discurso Real

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.” (Efesios 4:29)

Motivos Apropiados para Hablar

El discurso que merece el nombre de “discurso real” incluye ser abierto y honesto mutuamente; pero no es el único componente. El discurso real es como un diamante, tiene muchas facetas, todas partes esenciales.

 Varias palabras en Ef. 4:29 enfatizan que el “discurso real” ocurre cuando las personas tienen motivos apropiados para hablar. Debemos preocuparnos no sólo de lo que decimos, sino también por qué lo decimos. Pablo nos insta a hablar sólo “lo que sea buena para la necesaria edificación.” Según este versículo, cada palabra, no solo algunas sino la mayoría, debe ser con el propósito de edificar. La palabra griega para edificación era usada para describir el trabajo de un carpintero o un albañil, que era motivado por el deseo de edificar, no destruir. Parafraseando a Pablo, creo que dice, “Asegúrate de que nada de lo que pones en este proyecto de edificación sea más importante que las palabras que usas. Con cada palabra que pronuncias, o edificas o destruyes a la persona. Asegúrate de que lo que dices es motivado por un deseo de edificar a otros. Si no es así, no lo digas.”

Pablo dice al fin del versículo que nuestro discurso tenga el fin de “dar gracia a los oyentes.” Demostrar nuestra inteligencia o que caemos bien no debe ser el propósito de nuestro discurso. No debemos hablar para ventilar nuestra frustración, arreglar las cuentas o poner a otro en su lugar. En nuestra conversación con Dios Él nos invita a que hagamos nada “Por contienda o por vanagloria” Fil. 2:3-4 ¡Imagina cómo sería nuestra familia si en todo discurso competitivo, la promoción de uno mismo fuera eliminado! Al decir que debemos hablar palabras que ministran gracia a otros no significa que nunca debemos compartir cosas negativas con otras personas. Lo que indica es que cuando hablemos, debemos estar convencidos de que lo que decimos es beneficioso para la otra persona.

 

La Manera Apropiada de Hablar

Hablar unos con otros en una manera apropiada es otra faceta significativa en el diamante de la comunicación. Las palabras rodeadas de amargura, enojo, ira, gritería, maledicencia y malicia van a causar corto-circuito en la comunicación efectiva (Ef. 4:31). Pero las palabras benignas, misericordiosas y gentiles facilitarán el “discurso real” (Ef. 4:32). 

 

La Verdad Duele a Veces

Ser honestos con nosotros mismo no siempre es fácil.  A veces es humillante, doloroso y aterrador vernos como en verdad somos.  Como enfrentar la verdad puede ocasionar dolor, negarse a reconocerla parece ser una vía segura de evitarlo. En realidad eso nos impide que desarrollemos la relación que Dios propuso que tuviéramos con Él y con otras personas.  Y estas relaciones pueden ser construidas solamente sobre un cimiento de sinceridad y honestidad.  Y no podemos ser honestos con Dios u otros si no tenemos voluntad de hablar la verdad con nosotros mismos.

 

Andando en la Luz

Varios versículos en 1 de Juan nos ayudan a entender por qué la sinceridad y la honestidad son cruciales para unas relaciones sanas.  “Si decimos que tenemos comunión…, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él (Dios) está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:6-7). 

Dos declaraciones sobre la verdad de este pasaje:

  1. La verdadera comunión con Dios y otros es imposible para la gente que anda en tinieblas. “Si decimos que tenemos comunión, y andamos en tinieblas, mentimos.”
  2. Juan dice, “Si andamos en luz,…tenemos comunión…”  Andar en la luz es requisito prescrito para la comunión verdadera con Dios y otros.
  3. Al construir sobre esta definición, podemos concluir que andar en la luz significa que debemos ser veraces y abiertos con nosotros y con los demás.   

Esconder o disculpar nuestro ser interior, incluyendo nuestros pecados y debilidades, impide que desarrollemos unas relaciones de altura. (1 Juan 1:8, 10)  También, imposibilitamos que haya una verdadera comunión. Tengamos que andar en la luz, de tal manera que tengamos una conciencia cabal de nuestros pecados (1 Juan 1:9).  Jesús indica que los que no quieren ser descubiertos evitan la luz; pero los que no tienen miedo de que los conozcan tal como son se acercan a la luz (Juan 3:20-21).  No pretenden ser lo que no son.  

TU FAMILIA, COMO DIOS LA QUIERE, por Dr. Wayne A. Mack