¿Por qué pelean las familias? (Parte 2)

!!Mirad cuán bueno y cuán delicioso es
    Habitar los hermanos juntos en armonía!  

Salmo 133:1

Los datos bíblicos, registros históricos y experiencia personal indican que en las relaciones interpersonales los desacuerdos son inevitables. Tu felicidad personal es afectada gracias a la forma en que manejás los desacuerdos que surgen (Sal. 133:1). Lo opuesto también es verdad; ya que la mayoría de la gente dice que no hay mayor desánimo que el resultante de una discordia familiar sin resolver.

La Bendición de la Paz

Las escrituras declaran en Sant. 3:8 que la lengua es una fuente de mal, “pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.”

¿Querés tener una cosecha de justicia en tu familia? Santiago dice que no debés esperar que esto ocurra en un hogar marcado por riñas y pleitos. Ocurrirá en familias donde los pacificadores están sembrando paz continuamente. Van a tener una cosecha de justicia.

El Salmo 133 enfatiza el mismo pensamiento. Compara la unidad en la familia con el aceite de ungir. De esa manera fue consagrado Aarón como sacerdote para el uso del Señor. El salmista parece estar diciendo que cuando mantenemos la unidad, nosotros somos apartados especialmente para el servicio del Señor. En una atmósfera de paz y unidad, Dios nos bendice y usa de una manera especial.

Otra frase en este salmo expande más el concepto. El salmista compara la paz y la unidad entre hermanos al rocío (v. 3). Cae poca precipitación en Palestina en el verano. Para que crezcan las plantas, necesita más humedad. Afortunadamente muchas áreas de Palestina, en especial el Monte Hermón, se bendicen con rocío pesado. Esto produce una cosecha abundante. De manera similar, el salmista indica que la bendición de Dios cae abundantemente sobre la gente (individuos, familias iglesias) que aman a la unidad.

Las Tres Fases del Matrimonio 

Alguien ha dicho que la mayoría de los matrimonios pasan por tres fases. La fase 1 es el éxstasis o el encantamiento. Este ocurre durante el noviazgo y los primeros días del matrimonio, cuando reina el romance. Todo es maravilloso, y el cónyuge no puede hacer nada mal.

La fase 2 es la realidad o el conflicto, la fase donde la pareja reconoce que los dos no siempre ven todo igual. Gradualmente empiezan a reconocer que no se casaron con quien creían que se casaron. Empiezan a ver que la otra persona tiene faltas reales y que tienen diferencias fuertes sobre ciertos asuntos. Poco a poco (si no rápidamente) empiezan los conflictos entre ellos.

De esta fase se pasa a la tercera que tiene tres direcciones. Algunas parejas deciden que no pueden manejar sus diferencias y escogen el divorcio. Otros proceden a adoptar un statu quo infeliz, donde sólo coexisten. Un tercer grupo aprende a manejar sus desacuerdos y a prevenir y/o resolver sus conflictos. Como resultado, avanzan a una relación de maduración o crecimiento y desarrollo. Para estas parejas, los desacuerdos matrimoniales o familiares les proveen el ambiente propicio para progresar y entrenarse en la marcha para aplicar los principios bíblicos. Consiguen una cosecha de justicia porque han aprendido la habilidad importante de resolver conflictos.

Pero la pregunta es, ¿cómo lograr ser pacificador en vez de guerrero? ¿Qué es menester hacer para prevenir y resolver los conflictos bíblicamente? Entender el porqué los desacuerdos son inevitables y la razón para que surjan los conflictos es un factor importante. Tener una respuesta clara a la pregunta de Santiago 4:1 es el primer paso: 

¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?

TU FAMILIA, COMO DIOS LA QUIERE, por Dr. Wayne A. Mack