El Bautismo como Ilustración de Nuestra Nueva Vida

Hay dos extremos en la vida cristiano que hay que evitar a cualquier precio. Hay el extremo de legalismo que nos lleva a obedecer a la palabra de Dios en cada punto pero sin entregar por completo el corazón. El otro extremo es tomar licencia y argumentar que el pecado se necesita abundar en nuestras vidas para que sobreabunde la gracia de Dios. Estos dos extremos son condenados en la Biblia. En primer lugar el legalismo no agrada al Señor porque eleva el hombre a una posición de ser alabado por seguir fielmente a una lista de reglamentos. Dios es el único que merece la gloria por los logros en nuestras vidas. Y en segundo lugar la licencia no agrada al Señor tampoco porque hemos sido liberados del pecado y el control que tiene en la vida de uno que es inconverso.

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1 ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?

En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?

Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección;

sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.

(Romanos 6:1-6)

Pablo argumenta en el pasaje hoy que nuestra nueva vida resulta en una nueva manera de vivir. El va a ilustrar esta verdad con el ejemplo del bautismo. El bautismo es un hecho donde uno se identifica con Cristo en su muerte, sepultura y resurrección. Vamos a descubrir que recibimos todo lo necesario para vivir una vida victoriosa si somos salvos por la gracia mediante Jesucristo.

I. El creyente es liberado de su dependencia en el pecado. Vs. 1-2

1 ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?

En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

La palabra perseverar acá lleva la idea de estar cómodo o en casa, ser huésped en la casa de una persona. Hay un dicho que “después de tres días tanto los pescados como las visitas huelen mal.” Como creyentes no tenemos el derecho de reservar un lugar en nuestras vidas donde el pecado puede tomar residencia y sentirse cómodo.

A. La gracia de Dios no demanda que pequemos. Vs. 1  La gracia de Dios puede superabundar sin que nos dediquemos a vivir en el pecado.

B. El poder del pecado es eliminado de la vida cristiana. Vs. 2   Dios hizo una obra en nuestras vidas de separarnos del poder del pecado. La muerte no significa extinción sino separación. Esto es entonces una cirugía dónde Dios nos separa del pecado y su control en nuestras vidas. No es la eliminación de pecado como Juan nos dice en su primera carta 1:8. En el momento de poner nuestra fe y confianza en el Señor Jesucristo como salvador personal experimentamos la muerte al pecado y la posibilidad de vivir una vida nueva.

II. La naturaleza divina nos es dada y no queremos pecar. Vs.3-4

¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?

Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

A. No tenemos que obedecer al pecado. Vs. 3

B. Recibimos la naturaleza divina. Vs. 4  Esto llega a ser la fuente de nuestra vida ética, moral, y espiritual cosa que nos lleva a rechazar el pecado y abrazar a la vida justa.