La Verdadera Adoración (Juan 4:20-24)

Juan 4:20-24

20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.

21 Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.

22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.

23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.

24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Predica de Pastor Jaime Greenwood, 3 de febrero, 2013

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Puerto NatalesCientos de botellas con agua son dejadas diariamente en los santuarios dedicados a la Difunta Correa que se encuentran en pequeños altares, oratorios y nichos en todas las rutas del país, desde Jujuy a Tierra del Fuego. Agua para una mujer que murió de sed en medio de un desierto de arena y piedra allá por 1841. Cuenta la historia y la leyenda que cuando su marido fue tomado prisionero en medio de los conflictos entre unitarios y federales, Deolinda Correa con su pequeño hijo en brazos partió en su búsqueda bajo el calcinando sol de la “travesía sanjuanina” Pero la sed y el cansancio pudieron más que su voluntad, y murió en las cercanías de Caucete. Dicen que antes de morir invoca a Dios para que salve a su pequeño hijo. Y el milagro se produjo. Tres días después, unos arrieros atraídos por el llanto de un niño descubren el cadáver de Deolinda y al pequeño alimentándose de los pechos milagrosamente vivos. Los hombres le dieron sepultura y se llevaron al niño. Años más tarde, otros arrieros que estaban buscando infructuosamente unos animales perdidos, al ver la tumba imploraron su ayuda y la Difunta respondió al pedido. Así comienza un culto que lleva casi 160 años y que continúa creciendo. Se dice que durante la Semana Santa se acercan más de 50,000 personas a los santuarios edificadas en el mismo desierto. Todas esas personas llegan a ofrendar a la difunta según la respuesta a sus plegarias. Todos se ocupan en ofrecer su adoración a la memoria de una persona que según la iglesia católica ni se reconoce como un santo. Llega a ser un fuerte ejemplo de cómo la adoración puede hacerse de forma equivocada.

Seguimos con la conversación de Jesús con la mujer Samaritana. Jesús apunta al pecado de la mujer y su reacción es hablar de las diferencias entre el judaísmo y la religión de los samaritanos. Es mucho más confortable hablar de la religión en vez del pecado de uno. No todas las religiones son iguales según Jesús y lo hace bien en claro a través de una respuesta que demuestra la ignorancia de la mujer samaritana en cuanto al tipo de adoración que se debe rendir a Dios.

I. El lugar de nuestra adoración. (vs. 20-21)

Puede que a la mujer samaritana realmente le interesaba saber si su adoración era correcta o no, pero es más probable que su reacción sea un intento de cambiar de tema. No negó las acusaciones de Jesús en el versículo 18, pero tampoco desea seguir con la conversación e introduce un tema que parece disculpar en parte su pecado.

Los samaritanos adujeron por el pentateuco que el lugar de adoración debe de ser el Monte Gerizim donde “sus padres” Abraham (Génesis 12:7) y luego Jacob (Gn. 33:20) construyeron altares a Dios en esa región. Pero por rechazar los otros libros del Antiguo Testamento los samaritanos no aceptaron los pasajes bíblicos que daba a conocer a Jerusalén como el lugar correcto de la adoración.

Pero Jesús rehúsa entrar en el polémico debate sobre quien tiene la razón en cuanto al lugar santísimo. Sino Jesús deja en claro que ahora viene tiempo en que ninguno de esos dos lugares van a servir para la adoración de Dios el verdadero Padre de todos.

II. El objeto de nuestra adoración. (v. 22)

Hay un fuerte contraste en este versículo entre lo que los samaritanos tomaron por cierto y lo que Jesús y los judíos aceptaban como correcto. Jesús primero dice que ellos adoraban en ignorancia debido a su rechazo de una gran parte de la revelación divina (Hechos 17:23). Mientras los samaritanos se basaron su adoración en lo que sus padres les habían enseñado, los judíos se basaban sus creencias en la revelación de Dios. Hay que tener cuidado que nuestro actuar no se base en lo que nuestros padres nos enseñaron hacer, sino en lo que Dios dice en Su palabra.

“La salvación viene de los judíos” es una construcción poco usual pero cuyo significado apunta al hecho de que “El Mesías es un judío” (Leon Morris El Evangelio Según Juan Vol. I, p. 313). La salvación de Dios es única y viene a través de una persona y no un lugar específico. La relación con Jesús tiene que tener un momento en la historia donde empieza pero no importa el lugar.

III. La naturaleza de nuestra adoración. (vs. 23-24)

Ahora Jesús nos hace referencia a un momento histórico cuando el Hijo de Dios se humanó y se sacrifico por nuestros pecados. Ese sacrificio hace posible una verdadera adoración por algo totalmente inesperado. “Los desacuerdos entre los judío y los samaritano desaparecerán” (Morris, p. 313) porque ahora viene un nuevo sistema de adoración no ligado a un lugar en particular.

Los verdaderos adoradores tienen que adorar a Dios en espíritu y en verdad. Esta es una referencia no al Espíritu Santo sino el espíritu humano. “Debemos adorar no solo de puertas para afuera, estando en el lugar indicado y teniendo la actitud correcta, sino en nuestro espíritu” (Morris, p. 314) conforme a la naturaleza divina. En verdad significa algo que es totalmente cierto, dado a conocer y descubierto a todos. Habla de nuestra sinceridad en la adoración que tiene por objeto el Dios Santo.

Lo increíble es que Dios busca tales adoradores en todas partes. La palabra buscar significa de lado de Dios lograr algo que le pertenece y de nuestro lado cumplimiento con todas las formas y mandamientos que Dios nos ha dado sin rigor, sino con una expectativa prometedora.

Dios es Espíritu y la adoración por todos los cristianos es algo totalmente necesaria. Si vos no le adora a Dios de esta manera, no realizás el propósito divino de la salvación. Tu adoración es más un rito que una ofrenda grata delante de un Dios Santísimo. Hay que adorarle a Dios en espíritu y verdad.

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