El Testimonio de la Mujer Samaritana (Juan 4:24-30)

Juan 4:24-30

24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

25 Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.

26 Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.

27 En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?

28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres:

29 Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?

30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.

Predica de Pastor Jaime Greenwood, 10 de febrero, 2013

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testificar London“De acuerdo con la ley de Cristo, cada Cristiano ha de ser activo en compartir su fe, que fue entregado, no a los ministros, sino a los santos, a cada uno de ellos, para que pudieran mantenerlo, y difundirlo por el don que el Espíritu les ha dado. Les comparto una parábola. Una cierta banda de caballeros guerreros había sido sumamente victoriosa en todos sus conflictos. Eran hombres de valor y de coraje indomable, que habían llevado todo por delante, y subyugado provincia tras provincia por su rey. Pero de repente ellos dijeron en su cámara del consejo, “tenemos a nuestra cabeza un guerrero muy valiente, uno cuyo brazo es lo suficientemente robusto para herir cincuenta de sus adversarios,  ¿no sería mejor si, dejando unos pocos como él para ir a la batalla, los mero hombres de armas, que constituyen las filas comunes, descansen en casa? Nosotros también tomaremos nuestro reposo, nuestros caballos no serían tan a menudo cubiertos de espuma, ni nuestra armadura aboyada, los muchos gozarían del ocio abundante, y grandes cosas se llevarían a cabo por los pocos valientes.”

Ahora, los campeones más destacados, con temor y temblor, emprendieron la tarea y fueron al conflicto, y lucharon bien, como los historiadores pueden testificar; en la medida de sus posibilidades, desmontaron a sus enemigos y se realizaron grandes hazañas. Pero aún así, desde el mismo momento en que dicho sistema fue planeado y llevado a cabo ninguna ciudad fue tomada y ninguna provincia fue conquistada.

Si vamos a sojuzgar la tierra, cada uno de nosotros debe participar en la lucha. No debemos eximir a un solo soldado de la Cruz, ni hombre ni mujer, rico o pobre. Ya veremos grandes cosas cuando todos estamos de acuerdo con esto, y lo ponemos en práctica” (C.H. Spurgeon).

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I. Lo necesario y esencial. V. 24

Adoración en espíritu y verdad. El énfasis no está sobre el lugar de adoración sino nuestra mentalidad en adorarle a Dios.  Jesús acepta la idea de que los judíos adoraron en el lugar apropiado, pero apunta al hecho de que su adoración es carnal e inadecuada porque enfatizaba la ceremonia mientras ellos eran ignorantes en cuanto a su funcionamiento interno (Mt. 15:8-9) “Es importante reconocer que podamos estar mejor que nuestros vecinos y todavía estar en lo incorrecto”[1] El objeto de nuestra adoración es tan importante como la manera en que la realizamos (Hebreos 12:28). Tenemos que depender del Espíritu de Dios por la fuerza y la ayuda para poder adorarle con todo nuestro ser. Adorar en verdad habla de la necesidad de adorar a Dios en sinceridad, sin motivaciones ocultas. Tenemos que prestar atención al poder más que la forma, y acercarnos con un corazón sincero (Hebreos 10:22).

II. La Fe de la mujer Samaritana. V. 25

No es que ella esté convencida ya de que Jesús es el Salvador. La mujer samaritana demuestra un fe en un futuro profeta basada en su entendimiento de las palabras del Pentateuco aunque “la información que tenía sobre Él era mínima” (Leon Morris, El evangelio Según Juan Vol. I, p. 316).

A. Ella esperaba la venida del Cristo.  Ya se acercaba el fin de las 70 semanas de Daniel. El tiempo del verbo indica que no solo viene sino está a mano.

B.

  • Ella esperaba la instrucción del Cristo.  

Él nos va a aclarar todas las cosas y quitarnos todas las dudas. Esta es una fe bastante sencilla. Es la misma fe necesaria para recibir la salvación que Jesucristo ofrece al mundo.

III.

  • El Favor de Cristo en revelarse a la mujer. V. 26

Es la única vez que Jesús se revela de forma tan directa. El “yo soy” es enfático que nos lleva a entender “yo soy, ese, el que habla contigo” (Morris, p. 317)

IV. La Fascinación de los discípulos. V. 27

Los discípulos llegaron justa a este momento y no pueden creer que Jesús rompe con las costumbres otra vez en hablar con una mujer. Los rabíes consideraban la enseñanza de una mujer en las cosas espirituales una pérdida de tiempo pero Jesús habla francamente con esa mujer de Sí mismo. Pero los discípulos no interfieren ni cuestionan la acción de su Señor. “Habían aprendido que cuando Jesús no respetaba las convenciones de los rabíes, tenía razones para ello” (Morris, p. 318).

V. El Testimonio de la mujer Samaritana. Vs. 28-29

A. Olvidó lo que la había traído al pozo. V. 28  Vino para sacar agua y se fue sin el utensilio, pero con la idea de regresar. Ahora ella rebosaba con agua viva y no hacía falta su cántaro.
B.Ella invitó a toda su ciudad. V. 29-Su invitación incluye la razón por lo cual está tan animada, “un hombre me ha dicho todo lo que yo he hecho” que explica su conclusión acerca de Jesús. Si él fuese capaz de contarle cosas que solamente Dios y su propia consciencia sabían, debía de ser capaz de conocerlo todo. Su pregunta acerca del Mesías no es una declaración de su persona sino una invitación a probar por uno mismo si es así. Ven y ver por ti mismo.

VI. El Acercamiento de las multitudes. V. 30

Dios eligió una mujer de carácter sospechoso para traer las noticias del llegado del Cristo a este pueblo. No sabemos cuántos salieron al encuentro con Jesús pero el tiempo del verbo nos indica que se acercaron sin cesar, cosa que nos indica una gran cantidad de personas. Un comentarista dijo “Los discípulos acababan de estar en la ciudad y ellos conocían a Jesús desde hacía más tiempo. Y lo único que trajeron fue un poco de comida. La mujer fue a la ciudad, y volvió con un buen grupo de personas” (S. D. Gordon citado en Morris, p.319 nota a pie).

testificar chicos Mother and daughter talking, drinking coffee in kitchen


[1]Henry, Matthew: Matthew Henry’s Comentario Sobre la Biblia : Completo and Unabridged en Un Volumen. Peabody : Hendrickson, 1996, c1991, S. Jn 4:4