El Discurso de Jesús con sus Discípulos (Juan 4:31-34)

Juan 4:31-34

31 Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.

32 El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.

33 Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer?

34 Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.

Predica de Pastor Jaime Greenwood, 17 de febrero, 2013

Escuchar y/o descargar mp3

I. Diligencia en ejecutar la obra. Vs. 31-32

En versículo 31 los discípulos rogaban a Jesús que comiese algo de la comida que le habían buscado. “Durante el intervalo” los discípulos le dice a Jesús “Rabí, coma.” Era una preocupación natural que se basaba en su cansancio y hambre.

A. Jesús descuida su comida. V. 32ª La respuesta de Jesús marca una distinción entre ellos y Él. Algo le había pasado en la vida del Señor durante la ausencia de los discípulos. Antes, Jesús estuvo cansado y hambriento pero ahora no le importaba la comida y bebida. La indiferencia de Jesús a buscar suplir sus propias necesidades físicas es una lección para nosotros de preocuparnos más en las cosas espirituales. Debemos hacer nuestra comida menos importante que atender a las necesidades espirituales de los que nos rodean.

  • B. Jesús se convierte su obrar en Comida y bebida. V. 32b

Los discípulos le ofrecían comida mientras Jesús les daba instrucciones. La tarea que iba a realizar entre los samaritanos se convirtió  en comida  para el Señor. Esto llegó a ser su mayor placer y satisfacción. Es triste cuando nosotros los cristianos estamos en el mismo lugar de los discípulos y ni sepamos de esta comida tan rica con la cual debemos satisfacernos.

II. Deleite en realizar la obra. Vs. 33-34ª

Los discípulos no entendieron las palabras de Jesús sobre la comida de la misma manera que Nicodemo no entendió la enseñanza sobre el nuevo nacimiento y la mujer samaritana mal interpretó la del agua viva.

A. La carne terrenal no satisface. V. 33  La sorpresa de los discípulos sobre la posibilidad que su maestro ya está satisfecho cuando su misión justamente fue buscarle comida en la aldea. “Ellos estuvieron satisfechos con pan, mientras Jesús estuvo satisfecho en realizar la obra de su Padre.”[1]  Si nuestra tarea o nuestra obra nos destruyen en vez de edificar, debemos cuestionar si es la voluntad de Dios para nuestras vidas.

  • B. La carne espiritual puede alimentar el alma. V. 34ª

“Mi comida es que haga la voluntad la voluntad del que me envió” para el bien de otros. Salmo 40:8  El entusiasmo por realizar la tarea divina, dada por Dios, hizo que Jesús se olvide, por lo menos momentáneamente, de su hambre física. No significa que Jesús no necesitaba comida física, sino su gran pasión era hacer la voluntad de Dios (5:30). La salvación de los pecadores es la voluntad de Dios (I Tim. 2:4).

III. Dedicación en terminar la obra. V. 34b

    1. A. Jesús estuvo preparado llegar hasta el fin.

No es suficiente empezar la obra no más. Es necesario continuar en la obra día tras día. Nuestra tarea demanda dedicación a la obra.

  • B. Jesús estuvo dispuesto acabar con la tarea.  

Al final de la voluntad de Dios le esperaba Jesús una cruz. (Fil. 2:8).

Nuestro Maestro nos dejó aquí un ejemplo, para que podamos aprender a hacer la voluntad de Dios como él lo hizo: Primero con diligencia y una aplicación personal de la misma. Segundo con deleite y placer en ella. Y tercero con constancia y perseverancia, no sólo cuidando de hacerlo, pero con el objetivo de acabar nuestro trabajo.

voluntad de Dios


[1]Wiersbe, Warren W.: El Comentario Bíblico Exposicional. Wheaton, Ill. : Victor Books, 1996, c1989, S. Jn 4:31