El Tesoro por Testificar (Juan 4:35-38)

siega

Juan 4:35-38

35 ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.

36 Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.

37 Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega.

38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

Predica de Pastor Jaime Greenwood, 24 de feb., 2013

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I. La necesidad de urgencia en la siega. V. 35

La realidad del estado de los campos espirituales es otra que lo que piensan los discípulos.

A. Ustedes piensan que no es el tiempo indicado para la siega.  

La mentalidad de los discípulos se ve claramente en su falta de preocuparse por las almas en la aldea samaritana. Hay tiempo mañana es un refrán que debemos reservar para nuestro hobby y no la obra del Señor.

B. Yo digo que la cosecha esta lista.

  1. 1. Fijar los ojos en la realidad de los campos.  

Alzad los ojos y mirad son dos mandatos necesarios para la iglesia del siglo XXI. Es una invitación de meditar en el estado actual de los campos y hacer algo al respecto.

2. Es necesario segar.  Los campos están blancos para la siega habla del hecho que ciertos campos se ven blancos de lejos cuando el grano está listo para la siega. Pero en este caso es seguro que hay una referencia a las túnicas blancas de los residentes de la aldea samaritana que ya estuvieron acercándose al pozo de Jacob para conocerle a Jesús.

a. La siega es durante un periodo determinado.   Cuando el Señor regresa, no habrá más tiempo para cosechar.

b. La cosecha se echa a perder si no hay labradores.  Mateo 9:37 nos invita a orar por más obreros por la gran oportunidad y cosecha que espera el labrador espiritual. Es exactamente lo que el versículo 36 explica cuando hace mención de un salario para los que recogen para vida eterna.

II. La necesidad de obreros en la siega. Vs. 36-38

A. 

  • Hay una recompensa eterna para los obreros. V. 36

La palabra traducida ya en el versículo 35 más bien va con el pensamiento del versículo 36 para mostrar nuevamente una urgencia en la siega. Nuestra tarea tiene consecuencias eternas para las almas perdidas. El que siega puede disfrutar ya de la recompensa de vidas eternamente cambiadas II Cor. 9:9-10; Salmo 112:9.

Los que siembran y los que siegan gocen juntos y cumplen su tarea al mismo tiempo como se profetizaba en Amós 9:13. No existe un periodo predeterminado de separación entre la siembra y la siega. Los dos pueden ocurrir en un periodo relativamente corto como se ve en el ejemplo de Jesús en hablar con la mujer samaritana y ahora la oportunidad de cosechar en las vidas de los ciudadanos de la aldea que se acercaban.

B. Cada obrero es necesario. V. 37  Uno siembra y otro cosecha es un refrán que indica la realidad de que “por regla general, los que siegan almas obtienen el resultado del trabajo de aquellos que les han predicado” (Leon Morris, El Evangelio según Juan Vol. I, p. 325). Necesitamos obreros que siembran dispuestos a trabajar al lado de los que siegan.

C. El trabajo es arduo. V. 38  Jesús termina su discurso con los discípulos con una realidad que cada granjero ya sabe. El trabajo del labrador es arduo. La palabra traducido labor aquí es la misma palabra que se traduce cansancio en el V. 2 cuando describe al Señor. No hay mucho en este mundo, que vale la pena hacer que no es difícil.  Jesús señala que los discípulos no están solitos en la obra y disfrutan de los labores de otros. Pero al final de todo es hora de empezar de trabajar. No era solamente “un tiempo de formación” (Morris, p. 326) que ellos pasaban con su Maestro sino también un periodo de servicio en el servicio del Gran Rey.

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