Pecados Respetables: Impiedad

corazón-con-alambre-de-púas-19492884Cuando hablo sobre el tema de las áreas específicas de pecados honorable, algunos dicen que el orgullo es la causa y raíz de todos ellos. Sin embargo, creo que existe otro pecado que es aún más básico, más común y que tal vez es la verdadera raíz de todos los demás. Se trata del pecado de la impiedad y en mayor o menor grado, todos somos culpables de él. ¿Le sorprende esta declaración o quizá se siente ofendido por ella? Nunca pensamos de nosotros mismos como gente impía. Después de todo, somos cristianos, no somos ateos o gente malvada. Asistimos a la iglesia, evitamos caer en pecados escandalosos, llevamos vidas muy respetables. Según nuestro modo de pensar, los impíos son los que viven vidas abiertamente inmorales. Entonces, ¿cómo puedo yo decir que todos los creyentes somos impíos en cierto grado?

     Contrario a lo que generalmente se piensa, la impiedad y la maldad son diferentes. Alguien pude ser un ciudadano amable y respetable y, al mismo tiempo, ser impío (Rom. 1:18). Observe que el apóstol Pablo hace una diferencia entre impiedad e injusticia. La impiedad describe una actitud hacia Dios. Un ateo o un secularista declarado es una persona obviamente impía, pero también lo son muchas personas moralmente decentes aun cuando afirmen que creen en Dios. La impiedad puede definirse como un estilo de vida que no toma en cuenta a Dios, ni su voluntad, ni su gloria, ni la dependencia de Él. Así que fácilmente podemos ver que alguien puede tener una vida muy respetable y seguir siendo un impío en el sentido de que Dios es totalmente irrelevante en su vida. Todos los días andamos entre tales personas. Quizá van a la iglesia varias horas el domingo, pero viven el resto de la semana como si Dios no existiera. Lo triste de esto es que muchos creyentes también tendemos a vivir sin pensar en Dios. En raras ocasiones pensamos en nuestra dependencia de Él o en nuestra responsabilidad para con Él. En ese sentido, no hay diferencia alguna entre nuestro prójimo amable y decente, pero incrédulo, y nosotros.

     Si leemos con cuidado el NT podremos reconocer cuán lejos estamos de vivir a la altura del estándar bíblico de la piedad (Stg. 4:13-15). El apóstol Santiago no condenó a la gente por hacer planes. Lo que sí condenó es que lo haga sin reconocer que depende del Omnipotente. Hacemos nuestros planes sin reconocer nuestra total dependencia del Señor para llevarlos a cabo. Esa es una manifestación clara de impiedad. De la misma manera, pocas veces pensamos en la responsabilidad que tenemos ante Dios de vivir de acuerdo a su voluntad moral según se revela en las Escrituras. Pocas veces pensamos en la voluntad divina (Col. 1:9-10). El apóstol Pablo quiera que los colosenses fueran gente piadosa. ¿Se parecen las oraciones que hacemos por nosotros, nuestra familia y amigos a la de Pablo a favor de los colosenses? ¿O son más como una lista de peticiones que presentamos a Dios para que intervenga en las necesidades físicas y económicas de nuestros familiares y amigos? Nuestras oraciones se centran en lo humano, no en Dios, y en ese sentido somos impíos hasta cierto punto.

     Según el apóstol Pablo, debemos vivir pensando que estamos en la presencia de Dios buscando agradarlo en todo. Por ejemplo, observe lo que el mismo apóstol dijo a los esclavos de la iglesia de Colosas en cuanto a cómo debían servir a sus amos para ser piadosos (Col. 3:22-24). El v. 23 establece el principio de que debemos esforzarnos para vivir piadosamente en el contexto de nuestra vocación o profesión. ¿No es verdad que en lugar de ello [muchos creyentes] desempeñan su trabajo como sus compañeros incrédulos o impíos que sólo lo hacen para sí mismos, para que los asciendan o les aumenten el sueldo, sin la menor intención de agradar a Dios?

     O consideremos a la iglesia de Corinto (I Cor. 10:31). La palabra todo en el enunciado significa que se trata de todas las actividades del día. Ese es el distintivo de una persona piadosa. ¿Qué significa hacer todo para su gloria? Significa que cuando comemos, manejamos, compramos o nos relacionamos con los demás, tenemos una meta doble. Primero, deseamos hacer todo lo que agrada a Dios. En segundo lugar, hacer todo para la gloria de Dios significa que deseamos que todas las actividades del día honren a Dios ante los demás (Mt. 5:16). ¿Anhelamos de manera consciente y en oración darle gloria en lo que decimos o hacemos cada día? ¿O actuamos sin tener consciencia del Creador? Alguien puede ser moral y correcto y estar ocupado en el servicio cristiano, pero aun así puede mostrar poco o ningún interés en tener una relación íntima con Dios. Esa es una de las evidencias de la impiedad.

     La pregunta que debemos hacernos de manera honesta es la siguiente: ¿Cuan impío soy? ¿Cuántas actividades diarias realizo que no tienen relación con el Señor? Si nuestro hábito impío de pensar es parte integral de nosotros, ¿cómo podemos confrontarlo? Pablo escribió a Timoteo: “Ejercítate para la piedad” (I Tim. 4:7). El entrenamiento implicaba, entre otras cosas, compromiso, consistencia y disciplina. Nuestra meta en la búsqueda de la piedad debe ser vivir conscientes de que estamos ante la presencia de Dios cada segundo de nuestra vida, que somos responsables ante Él y que a Él daremos cuentas. Ore para que Dios lo ayude a ser más consciente de que vive cada día ante sus ojos que todo ven.

ver. 1 tim. 4.7 ejercitate en la piedad

Adaptado del libro, Pecados Respetables, por Jerry Bridges