La Teología del Discipulado (2 Tim. 2:1-7)

discipulado2 Timoteo 2:1-7

1  Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.

2 Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.

3 Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo.

4 Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.

5 Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente.

6 El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero.

7 Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.

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Es de suma importancia que cada creyente sepa lo que la Biblia nos enseña acerca del discipulado antes de empezar de guiar a otros creyentes por una senda que no conocen ellos mismos. Las buenas noticias son que hay una manera práctica para romper estos mal hábitos de debilidad espiritual. No es mi intención sugerir que simplemente hace falta implementar un nuevo método o plan de discipulado, sino que llegamos a entender lo que la Biblia nos enseña en cuanto a la tarea de discipular a otros.

“Timoteo enfrentaba un periodo de vacilación y debilidad espiritual. Quizás dudaba de su llamado o sus dones o la suficiencia  de la provisión de Dios. Estaba preso en alguna dificultad y no pudo sacarse de la misma. Cualquiera que sean las particulares, Pablo llegó a entender que su hijo en la fe necesitaba “avivar su don” que está en él (2 Tim. 1:6). No necesitaba más de Dios necesitaba usar, con compromiso y confianza, las provisiones divinas que ya poseía. Él necesitaba recordar y ejercitar el “poder, amor y dominio propio” (2 Tim. 1:7) que el Espíritu Santo lo había provisto para Timoteo y para cada creyente. Necesitaba deshacerse de su vergüenza de “dar testimonio de nuestro Señor” y estar dispuesto de participar con Pablo en “las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios” (2 Tim. 1:8). Necesitaba, como el apóstol, “estar seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Tim. 1:12), de “Retén la forma de las sanas palabras que oíste, [de Pablo], en la fe y amor que es en Cristo Jesús” (2 Tim. 1:13), de evitar supuestos miembros de la iglesia como Figelo y Hermógenes, e identificarse con creyentes fieles como Onesíforo y los de su casa (2 Tim. 1:15–16).” (MacArthur)

La conclusión de Pablo en cuanto a estos asuntos es, “Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.

El Discipulado Empieza Cuando Permanecemos en Cristo. (Vs. 1)  El fundamento del discipulado es la relación de Vid y pámpano presentado en Juan 15.

I. Estar fortalecido en Cristo—literamente, “ser investido con poder” El verbo esfuérzate es un imperativo, es un mandamiento. Sin embargo es un mandamiento acondicionado por el gran amor de Pablo por Timoteo, su hijo. Cosa que implica un estado continuo de poder. Pero es un pasivo que implica algo que recibimos.  No es possible ayudar a otros crecer si vos no tenés el poder para hacerlo. Pablo no habla acerca de una fuerza que uno se consigue en el gimnasio sino el poder de Dios que descansa sobre el creyente.

II. Estar Fortalecido en la Gracia de Dios—el elemento en el cual el poder del creyente ocupa lugar. Comparar 2 Ti 1:7. Nuestro poder espiritual se encuentra “en el Señor, y en el poder de Su fuerza” (Ef. 6:10). Nos edificamos en nuestra “santísima fe” a través de oración “en el  Espíritu Santo” y manteniéndonos “en el amor de Dios” (Judas 20–21). La misma gracia que nos perdona y nos santifica es la gracia que nos fortalece. Porque pertenecemos a Cristo, estamos continuamente en la esfera de la gracia. Pero para disfrutar de la esfera de bendición, debemos vivir en la esfera de obediencia.

2 tim 2.15