Pecados Respectables: El Orgullo

fariseoDe todos los personajes desagradables de la Biblia, probablemente ninguno sea tan repulsivo como el fariseo que se creía muy justo en la parábola de Jesús. Él oraba en el templo diciendo; “…Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano” (Lucas 18:11). Pero la ironía es que, al condenar a ese orgulloso fariseo, podemos caer fácilmente en la misma actitud de creernos muy justos.

En esta lección trataremos el pecado del orgullo, pero no del orgullo en general, sino de ciertas expresiones que son una tentación muy particular para los creyentes. Se trata del orgullo de creernos muy justos, de pensar que tenemos la doctrina correcta, de ser exitosos, o de tener un espíritu independiente. Uno de los problemas del orgullo es que podemos verlo en otros, pero no en nosotros. Estoy muy consciente de las palabras de Pablo cuando dijo: “Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas?” (Romanos 2:21).

orgullo

ORGULLO POR CREERNOS MUY MORALES

Es fácil cometer este pecado de la superioridad moral y de auto-justicia en la actualidad, cuando la sociedad en general comete abiertamente o condona pecados flagrantes tales como la inmoralidad, los divorcios fáciles, el estilo de vida homosexual, el aborto, el alcoholismo ya drogadicción, la avaricia y otros pecados escandalosos. Pero dado que nosotros no cometemos esos pecados tendemos a sentirnos moralmente superiores y vemos con desdén y rechazo a quienes sí los cometen. Puedo aventurarme a decir que, de todos los pecados sutiles que trataremos en este estudio, el más común de todos es el orgullo a la superioridad moral, y sólo le gana el pecado de la impiedad. ¿Cómo podemos guardarnos de caer en este pecado? Primero, desarrollando una actitud de humildad basada en la verdad que dice que “por la gracia de Dios soy lo que soy”. Todos deberíamos decir con David: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.” (Salmo 51:5). Otro medio por el cual podemos evitar el orgullo de sentirnos mejores es identificándonos con el Señor ante la sociedad pecaminosa en que vivimos, “y dije: Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro a ti, porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestra cabeza, y nuestros delitos han crecido hasta el cielo” (Esdras 9:6). Al ver hoy en día a la sociedad en su degradación moral, necesitamos asumir la actitud de Esdras. Hacerlo nos ayudará a no caer en la tentación de creernos justos.

ORGULLO DE TENER LA DOCTRINA CORRECTA

Íntimamente relacionado con el anterior, está el orgullo doctrinal. Consiste en creer que nuestra doctrina es la única correcta y que cualquiera que crea algo diferente tiene una teología inferior. Aquellos que nos preocupamos por la doctrina somos muy susceptibles a caer en esta forma de orgullo. En otras palabras, esta forma de orgullo se basa en la ignorancia; creemos que nuestro sistema particular de creencias, cualesquiera que sean, es el correcto y adoptamos una actitud de superioridad espiritual sobre los que creen otra cosa. “En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica” (1 Corintios 8:1). Pablo estaba de acuerdo con su “conocimiento”; es decir, con la creencia doctrinal respeto a no comer carne sacrificada a los ídolos, pero los acusó de orgullo doctrinal; su “conocimiento” los había envanecido. Si su convicción – ya sea calvinista, arminiana, dispensacionalista – o su posición respecto a los últimos tiempos, o su rechazo a cualquier posición doctrinal le hacen sentirse superior a quienes tienen otros puntos de vista, entonces usted está cometiendo el pecado de orgullo doctrinal.

ORGULLO DEL ÉXITO

“El alma del perezoso desea, y nada alcanza; mas el alma de los diligentes será prosperada” (Proverbios 13:4). El apóstol Pablo exhortó a Timoteo en cuanto a su ministerio: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15). Las escrituras también enseñanza que el éxito en cualquier área está bajo el control soberano de Dios. “Jehová empobrece, y él enriquece; abate, y enaltece” (1 Samuel 2:7). La capacidad de victoria o éxito en cualquier área proviene, en última instancia, de Dios. Desde el punto de vista humano, podría parecer que hemos triunfado como resultado de nuestra gran tenacidad y trabajo arduo. Pero, ¿quién nos dio ese espíritu emprendedor y el buen juicio para los negocios que nos permitió lograrlo? Dios. “Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” (1 Corintios 4:7) Por lo tanto, ¿qué tiene usted que no haya recibido? Nada.

Otro aspecto del orgullo del éxito es el deseo desmedido de que se nos reconozca. ¿Cuál es nuestra actitud cuando hacemos bien un trabajo específico y no recibimos reconocimiento? ¿Estamos dispuestos a quedar en el anonimato, trabajando para el Señor, o nos ponemos furiosos por la falta de alabanza? “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lucas 17:10).

ORGULLO DE TENER UN ESPÍRITU INDEPENDIENTE

Este se expresa en dos áreas principales: la resistencia a la autoridad, especialmente a la espiritual, y la enseñanza. Por lo general estas dos actitudes van de la mano. Cuando somos jóvenes tendemos a pensar que lo sabemos todo. “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso” (Hebreos 13:17).

Estudio del libro, Pecados Respetables, por Jerry Bridges.