Pecados Respetables: La Ira

ira3Por lo general manifestamos nuestra ira con las personas que más amamos; es decir, nuestro cónyuge, hijos, padres y hermanos, así como con nuestros verdaderos hermanos en Cristo dentro de la iglesia. En una ocasión conocí a un creyente que era el epítome de la gracia hacia las demás personas, pero de continuo estaba airado contra su esposa e hijos. Afortunadamente, después de algunos años Dios lo redarguyó y le ayudó a resolver su ira.

¿Qué es la ira? Muchos de nosotros podríamos decir: “No puedo definirla, pero la reconozco cuando la veo, especialmente si se dirige hacia mí”. Mi diccionario define la ira diciendo simplemente que es un fuerte sentimiento de desagrado acompañado de antagonismo. Añadiría que por lo general va acompañada de emociones, palabras y acciones pecaminosas que hieren al objeto de nuestra ira.

El tema de la ira es amplio y muy complejo, y el propósito de este estudio no es tratarlo a fondo. Para mantenernos dentro del objetivo de ayudarnos a confrontar los pecados que toleramos en nuestras vidas, voy a centrarme en el aspecto de la ira que inconscientemente consideramos como un pecado “respetable. Para lograr ese propósito, necesito mencionar el tema de la ira justificada.

Algunas personas razonan diciendo que su ira es justa. Creen que tienen derecho a estar enojadas, dependiendo de la situación. ¿Cómo sabemos si nuestra ira es justa o no? En primer lugar, la ira justa surge de una percepción correcta de la verdadera maldad; es decir, de una violación a la ley moral de Dios. Se centra en Él y su voluntad, no en nosotros y la nuestra. En segundo, la ira justa siempre se autocontrola. Jamás provoca que alguien pierda la cabeza o discuta de manera vengativa. El enfoque central de la enseñanza bíblica acerca de esa emoción tiene que ver con nuestras reacciones de ira pecaminosa ante las acciones o palabras de los demás. El hecho de que respondamos al pecado real de otro no significa que nuestra ira sea justa.

Otro tema en cuanto a la ira que no es parte del propósito de este libro es la de la persona que está airado de continuo, o cuya ira le hace abusar verbal o físicamente de otros. Esa persona necesita recibir buena consejería bíblica y pastoral. Así que mantenemos nuestro enfoque en lo que podríamos llamar ira común, la cual aceptamos de alguna manera como parte de nuestra vida, pero que en realidad es pecado ante los ojos de Dios.

Al enfrentar nuestra ira necesitamos reconocer que nadie nos provoca a ella. Quizá las palabras o acciones de alguien podrían ser un pretexto para enojarnos, pero la verdadera causa radica muy dentro de nosotros, generalmente en nuestro orgullo, egoísmo, o deseo de controlarlo todo.

Podemos enojarnos porque alguien nos maltrata. O alguien dice un chisme a nuestras espaldas y cuando nos enteramos nos enojamos. ¿Por qué? Muy probablemente porque nuestra reputación o carácter están en tela de duda. Una vez más la causa es el orgullo.

18 Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar.

19 Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente.

20 Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios.

(1 Pedro 2:18-20)

Las instrucciones de Pedro para los esclavos son una aplicación específica de un principio bíblico más general: Debemos responder a cualquier trato injusto como si viniera del Señor. ¿Se encuentra esta situación difícil o trato injusto bajo el control soberano de Dios, y él en su infinita sabiduría y bondad lo está utilizando para conformarme más a la imagen de Cristo? (Romanos 8:28; Hebreos 12:4-11).

ver. ro. 8.28

Con demasiada frecuencia nuestra respuesta inmediata a una acción injusta es la ira pecaminosa. Pero después del momento difícil, podemos decidir si vamos a continuar airados, o podemos reflexionar en las preguntas que he sugerido y permitir al Espíritu Santo que erradique nuestro enojo.

Así que, ¿cómo tenemos que manejar la ira de tal forma que honre a Dios?

  1. Debemos reconocerla sabiendo que es pecaminosa. Necesitamos arrepentirnos no sólo de la ira, sino también del orgullo, el egoísmo y la idolatría.
  2. Después, necesitamos cambiar nuestra actitud hacia la persona o las personas cuyas palabra o acciones la provocaron. (Efesios 4:32; Colosenses 3:13) Si ya externando nuestra ira, procuremos que nos perdone la persona a quien herimos con nuestro enojo.
  3. Finalmente, debemos entregar a Dios la ocasión de nuestra ira. Debemos aceptar que cualquier situación que nos tiente a airarnos puede llevarnos a una ira pecaminosa por un lado, o bien, a Cristo y su poder santificador.

Al principio de este estudio admití que el tema de la ira es complejo y que el propósito no es agotarlo. Pero espero que le haya ayudado a reconocer que la mayoría de nuestro enojo es pecaminoso, y aunque lo justifiquemos y toleremos en nuestra vida, no es aceptable delante de Dios.

Estudio del libro, Pecados Respetables, por Jerry Bridges.