La Luz que Transforme (Juan 8:12-20)

Luz que Transforme copyJuan 8:12-20

12 Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

13 Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.

14 Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy.

15 Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie.

16 Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre.

17 Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero.

18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí.

19 Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais.

20 Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora.

luz antorchaLa llama olímpica es un símbolo de los Juegos Olímpicos. La llama olímpica conmemora el robo del fuego de los dioses por parte de Prometeo y su posterior entrega a la humanidad. Sus orígenes se remontan a la antigua Grecia, donde se mantenía un fuego ardiendo en las sedes de celebración de los Juegos Olímpicos Antiguos. El fuego fue reintroducido en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam 1928 y desde entonces ha sido parte fundamental de los Juegos Olímpicos Modernos. En memoria de los Juegos Olímpicos Antiguos, en Olimpia, Grecia, meses antes de la celebración de los Juegos Olímpicos se organiza una ceremonia donde la llama olímpica es encendida y con ello comienza el recorrido de la antorcha que finaliza con el encendido del pebetero olímpico durante la ceremonia de apertura. La ceremonia se lleva a cabo frente a las ruinas del Templo de Hera, donde actualmente se emplea el espejo parabólico para la ignición de la llama. La llama olímpica únicamente puede ser encendida por medio de rayos solares. Tras la ignición de la llama, esta es colocada en una urna para luego ser transportada al estadio antiguo, donde es entregada al primer portador. A partir de allí, la antorcha olímpica comienza su recorrido hasta finalizar con el encendido del pebetero.

Mientras la llama olímpica tiene su fuente en los rayos solares, Jesús, la luz del mundo, es la fuente de nuestra luz. Nosotros sus seguidores, llevamos esa luz en nuestras vidas. El hombre natural anda en las tinieblas sin darse cuenta de su ceguera. Cuando alguien rechaza la existencia de la luz llega a ser una condenación de sí mismo porque la naturaleza de la luz no cambia, brilla indiscriminadamente y sus efectos siguen siendo visibles. Esto resulta ser una llamada a un discipulado comprometido mientras andemos con Dios.

ver. jn. 8.12I. Jesús es la luz del mundo. (V. 12)  Nadie sabe cuándo este discurso sucedió pero Juan nos señala el lugar del tesoro en el verso 20. Allí había dos candelarios enormes que se encendían para iluminar al lugar.

A. Jesús se presenta como la fuente de luz que todos disfrutan.  El “yo soy” es enfático y no deja lugar a dudas de que se presenta como el Dios de Israel. En Primera de Juan 1:5 se menciona que Dios es luz. Los seguidores de Cristo también son la luz del mundo (Mt. 5:14). Pero a diferencia de sus seguidores Jesús es la fuente de la luz que resplandece. Nosotros somos portadores de aquella luz que solo viene de Cristo. Nuestras antorchas son encendidas en una luz para que brille en nuestros corazones la luz para ser un testimonio y transmitirla al mundo (II Corintios 4:3-7).

B. El alcance de esa luz es el mundo.  No quiere decir que todo el mundo posee la luz sino que “el mundo recibe la luz de una forma indiscriminada” (Morris, Leon. El Evangelio Según Juan Vol. II. p.41). Pero cada uno de los que vienen a Jesús y se convierten en sus seguidores “tendrá la luz de la vida.”  El mundo está en tinieblas es nuestra tarea brillar la luz en sus vidas.

C. Tenemos que seguir a la Luz de forma continua.  El participio presente nos hace entender que el seguir a Jesús no es una decisión de un momento para ser dejado en el olvido sino, que es un compromiso de por vida. La evidencia de nuestra posesión es nuestro nuevo andar. No estaremos más en las tinieblas. Nuestra posesión es continua “Tendrá” y “supone una transformación permanente” (Morris, p.41).

 II. Jesús presenta evidencias serias de su testimonio. (Vs. 13-14)

A. La acusación de los fariseos se basa en “un tecnicismo jurídico” (V. 13).  Los enemigos de Jesús le acusan de hablar sin el respaldo jurídico de testigos externos. De hecho, su argumento es el mismo argumento de toda persona que rechaza a Jesús. Ellos no creen que las cosas sean así. Que no hay suficiente evidencia para respaldar a sus afirmaciones de ser Dios. Pero la misma luz da evidencia de sí misma. Si ellos están cegados, no podemos convencerlos porque no se ven. “¿De qué otra forma va a convencernos la luz que es luz, sino a través de lo que hace por nosotros?” (Wright en Morris, p.42 nota a pie).

B. Jesús esta cualificado para dar testimonio de sí mismo. (V. 14)  La razón o lo cual Jesús puede servir como uno de los dos testigos necesarios para dar testimonio de la veracidad de sus propias palabras es que él es celestial y conoce el principio y el fin. El sabe el por qué del pasado y el por qué del presente.

III. Jesús no juzga según la carne. (Vs. 15-16)

A. El juicio de Jesús no es débil según la carne. (V. 15) El juicio que Jesús realiza es “natural” (9:39), una consecuencia de su venida pero no practica la clase de juicio del hombre natural.

B. El juicio de Jesús está en armonía con el Padre. (V. 16)  Estando su Padre con él en todo momento de su tiempo en la tierra, Jesús cumple con su misión y valida a su juicio.  Nosotros también disfruta de la presencia de Dios aún cuando el mundo nos trata como si estuviéramos solitos aquí.

IV. Jesús cuenta con el testimonio del Padre. (Vs. 17-20)  La ley acepta el testimonio de dos hombres. Jesús dice que ningún ser humano hace falta para autentificar a su relación divina. Jesús afirma el hecho que es la revelación del Padre. El hijo “le ha dado a conocer” (1:18) al Padre.

Predica de Pastor Jaime Greenwood, 13 de abril, 2014

yo soy la luz del mundo