Jesús Dice Ser Dios (Juan 8.48-59)

Un padre judío estaba preocupado por su hijo. No lo había criado bien en la fe del judaísmo. Entonces, él esperaba revertir esa tendencia y mandó a su hijo a vivir en Israel durante todo un año para experimentar su cultura. Después de un año el hombre joven volvió a casa. Le dijo a su padre “Papá, te agradezco por haberme enviado a la tierra de nuestros Padres. Fue una experiencia inolvidable y muy alucinante. Sin embargo, debo confesar que mientras estuve en Israel me convertí al cristianismo.” “¡Ay!, ¿qué he hecho?” pensó el padre. Así que, en la tradición de los patriarcas, fue a buscar a su mejor amigo para pedirle consejos y consolación.

“Me sorprende de gran manera que te has acercado a mí,” le dijo el amigo, “yo también mandé a mi hijo a Israel y él volvió cristiano.” Así que, en la tradición de los patriarcas, ellos dos se acercaron al Rabí. “Me sorprende de gran manera que se han acercado a mí,” les dijo el Rabí, “yo también mandé a mi hijo a Israel y él volvió cristiano. ¿Qué sucede con nuestros hijos? Hermanos, debemos llevar nuestra carga delante de Dios” dijo el Rabí.

Todos ellos se arrodillaron y empezaron a llorar y clamar al Todopoderoso. Mientras ellos oraron, se abrió el cielo y una voz de trueno descendió que dijo “Me sorprende de gran manera que se han acercado a mí. Yo también mandé a mi hijo a Israel…”

jesus cruz

Al llegar a esta culminación de la confrontación con los líderes religiosos en esta oportunidad, Jesús nos hace entender que él sabe que tiene que cumplir una misión divina. Su Padre celestial lo ha enviado porque él es la representación física en la tierra de la Deidad. Jesús reconoce la dignidad de su posición. Pero se representa a sí mismo en términos de obediencia y servicio dándonos un ejemplo para seguir.

Juan 8:48-59

48 Respondieron entonces los judíos, y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio?

49 Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis.

50 Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca, y juzga.

51 De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte.

52 Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guarda mi palabra, nunca sufrirá muerte.

53 ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? !!Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo?

54 Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios.

55 Pero vosotros no le conocéis; mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra.

56 Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

57 Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

58 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.

59 Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.

Predica de Pastor Jaime Greenwood, 25 de mayo, 2014

Jesus El Gran Yo Soy -Jesus en Juan-3

I. Reacciones correctas ante acusaciones falsas. Vs. 48-50

A. Los fariseos le acusan a Jesús de ser un samaritano endemoniado. V. 48  Mientras Jesús sigue derrumbando los argumentos de los fariseos, ellos recurren a la injuria.

B. Jesús busca honrar a su Padre celestial. Vs. 49-50  Al reconocer las implicaciones de las acusaciones de los fariseos, Jesús no reacciona mal. Responde con dignidad frente a sus acusadores (I Pedro 2:23). Ellos muestran desprecio por el pueblo que ha aceptado a Jesús en gran manera.

A diferencia de ellos, Jesús busca honrar a su Padre. Es imposible honrar al Padre si uno no está dispuesto a honrar a Jesús (Juan 5:23). La misma muerte de Jesús, que los fariseos procuraban, “iba a ser la verdadera gloria de Dios” (Morris, Leon El Evangelio Según Juan Vol II, p. 73).

II. Actitudes correctas ante la Palabra de Dios. Vs. 51-53

A. La muerte no tiene poder sobre la vida de aquel que guarda el mensaje de Jesús. V. 51  La construcción griega es peculiar “La muerte no verá jamás”. Es probable que quiera mostrar que él que no cree es condenado a la muerte mientras el que cree no sufrirá la segunda muerte.

B. Hay que cree aún cuándo el razonamiento y percepción te diga lo contrario. Vs. 52-53  La pregunta expresada por los judíos es bastante prudente “¿Es él mayor que Abraham que murió?” La respuesta que esperan los fariseos es negativa. Pero Jesús nos muestra a través de la fe que Él sí, es mayor.

III. Relaciones correctas ante la persona de Dios. Vs. 54-56

A. Hay que establecer una relación íntima con Dios. V. 54-55  A diferencia de los judíos, quienes usaron el nombre de Dios con temor y temblor, Jesús llama a Dios su “Padre”. Reconocer a Dios no es suficiente. Hay que establecer una relación con Él. Esta relación se funda sobre el “conocimiento” de la Palabra de Dios que nos lleva a abandonar preconceptos equivocados que nos llevan a la “mentira”.

B. Abraham tuvo una relación con Dios basada en la fe. V. 56  Abraham vio con anticipación los sucesos del los días de Jesús. Su previsión le permitió basar su fe en los eventos que le llevarían a Jesús a la cruz del calvario. Se reaccionó con gozo al pensar en lo que Cristo iba a lograr en la cruz.

IV. Realizaciones correctas de la esencia de Jesús. Vs. 57-59

A. Jesús existía antes del gran patriarca. Vs. 57-58  Los “judíos creían que Jesús no estaba cuerdo” (Morris, p.78) al expresar su incredulidad a la palabra de Jesús de que Abraham buscaba con anticipación la Encarnación de Jesús cuando él ni tuvo la edad de un jubilado. Pero Jesús ahora va más allá de sus expectativas y expresa en una forma totalmente entendible su “preexistencia”.  El “Yo Soy” en tiempo presente contraste el Abraham “fue creado”.

B. Jesús no blasfemaba. V. 59  Los judíos habían encontrado lo que buscaban. La acusación necesaria para matar a Jesús está a mano. Él se ha blasfemado comparándose con el Dios eternal (Éxodo 3:14).

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