¡Se Busca! (Juan 11:45-57)

9.11 people-leaving-world-trade-centerEl 11 de septiembre de 2001 produjo un pánico en la población general de los Estados Unidos. Poco después de la tragedia, un reportero con cámara filmadora anduvo por las calles de Nueva York para realizar encuestas con la gente acerca de la religión. En un caso en particular un hombre respondió a la pregunta ¿dónde estuvo Dios durante los ataques? El hombre dijo que antes había creído en la existencia de Dios, pero ahora no. Si hay un Dios, no pudo haber permitido semejante ataque que iba a llevar a una nación rumba a la guerra.

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La resurrección de Lázaro de entre los muertos produjo un pánico en medio de los líderes religiosos concerniente la persona de Jesucristo. El milagro en sí no era la causa de su preocupación tanto como la realización de que pudo llegar a producir muchos cambios en la sociedad. Ellos presuponían que sus posiciones como líderes religiosos y políticos del pueblo judío quedaban en duda si Jesús realmente era el Mesías. Ellos temían que Jesús iba a acabar con el estatus quo así que ellos decidieron hacer algo al tanto.

Los líderes religiosos intentaron varias veces, sin éxito, de descreditar a Jesús. Pero en esta oportunidad, ellos llaman a orden una asamblea extraordinaria para debatir su estrategia para el futuro. El problema radicaba en que Lázaro se comprobaba estar muerto y salió de la tumba con vida. Ellos fueron hombres educados y poderosos que no iban a dejar a un solo hombre amenazar todo lo que ellos habían logrado obtener. La ira de los judíos los llevó a contemplar, no solamente la muerte de Jesús sino, cómo prender y matar a Jesús de una vez para siempre.

Lo que no pudieron haber contemplado es que su búsqueda y eventual asesinato del Autor de la Vida, formaba parte del glorioso plan de Dios para la salvación del pueblo judío y el resto del mundo. A pesar de las obras de hombres malos, Dios mostraba tener todas las cosas bajo su propio control.

Juan 11:24-57

45 Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.

46 Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho.

47 Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales.

48 Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación.

49 Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada;

50 ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.

51 Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación;

52 y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.

53 Así que, desde aquel día acordaron matarle.

54 Por tanto, Jesús ya no andaba abiertamente entre los judíos, sino que se alejó de allí a la región contigua al desierto, a una ciudad llamada Efraín; y se quedó allí con sus discípulos.

55 Y estaba cerca la pascua de los judíos; y muchos subieron de aquella región a Jerusalén antes de la pascua, para purificarse.

56 Y buscaban a Jesús, y estando ellos en el templo, se preguntaban unos a otros: ¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?

57 Y los principales sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno supiese dónde estaba, lo manifestase, para que le prendiesen.

Predica de Pastor Jaime Greenwood, 14 de septiembre, 2014

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I. Algunos responden con fe ante el milagro. V. 45  Ellos creyeron después de haber visto un milagro. Pero debemos tomar en cuenta que “una fe basada en haber sido testigo de un milagro no es la fe más acertada, pero aún así en este evangelio se acepta porque es mejor ese tipo de fe, que la incredulidad y la ceguera total” (Morris, Juan El Evangelio Según Juan Vol II, p. 177). Este mismo resultado ocurrió en el en Juan 7:31 a causa de los milagros que Jesús hacía.

II. Otros actuaron con hostilidad. V. 46  Pero hay otro grupo que quedó bastante perplejo en cuanto a la actuación de Jesús. Ellos vieron el milagro y se acercaron a sus líderes religiosos para ver que dijeran ellos. No podían tomar una decisión a favor de Jesús porque sus prejuicios los impedían.

III. Unos selectos persiguen a Jesús hasta la muerte. Vs. 47-53

A. Los hombres malos maquinan la ruina de los hombres santos. Vs. 47-50  Ellos se preocupaban que la fama de Jesús les fuera a dejar sin control de su lugar. Esto puedo ser una referencia a su control sobre Jerusalén o, más probable, su control sobre el templo. El alboroto que la presencia de Jesús producía les llevó a considerar que la atención de los romanos sea indebidamente puesto en su pequeño país.

La solución ofrecida por el sumo sacerdote, a cargo y acostumbrado a ofrecer sacrificios por el pueblo, es eliminar a Jesús de una vez para siempre. Ellos pensaron que pudieron de esta manera salvar al pueblo judío de un futuro mal. La verdad es que a ninguno de ellos le importa “lo que le suceda a la nación. Lo que les preocupa es que la clase privilegiada está siendo amenazada, y la acción que el sumo sacerdote propone la protegería” (Morris, p. 182).

B. Dios tiene bajo su control los planes concebidos por los hombres malos. Vs. 51-53  Jesús sí iba a morir por la nación pero en beneficio de todos los demás. La muerte de Jesús produjo la posibilidad de la salvación de todos. Esta muerte reuniría a todos los hijos de Dios esparcidos. “El pecado dispersa a la gente, pero la salvación de Cristo les une” (Morris, p. 183). De todos modos, el resultado de aquella reunión es la decisión de matar a Jesús.

C. Jesús se prepara para su “hora”. Vs. 54-57  Jesús no va directamente a Jerusalén para confrontar a los judíos porque no es su hora. Va a una aldea aparte para aprovechar del tiempo y enseñar a sus discípulos. La unidad del grupo se mantuvo a pesar de la situación difícil. Los líderes religiosos continúan con su búsqueda mientras el pueblo se purifica y se prepara para la fiesta de la pascua. Bajo amenaza de no dar apoyo a aquel nazareno.