El Significado de la Cruz (Juan 12.31-36)

¿Qué es una victoria pírrica? Una victoria pírrica se define como aquella que se consigue con muchas pérdidas en el bando aparentemente o tácticamente vencedor, de modo que aún tal victoria puede terminar siendo desfavorable para dicho bando.

El nombre proviene de Pirro, rey de Epiro, quien logró una victoria sobre los romanos con el costo de miles de sus hombres. Se dice que Pirro, al contemplar el resultado de la batalla, dijo “Otra victoria como ésta y volveré solo a casa”.

Batalla_de_la_Vuelta_de_ObligadoUn ejemplo de una victoria pírrica es La Batalla de la Vuelta de Obligado recordada en el billete de $20 pesos de la República Argentina. Esta batalla se produjo el 20 de noviembre del 1845 en aguas del rio Paraná, en un recodo donde el cauce se angosta y gira, conocido como Vuelta de Obligado.  Enfrentó a la Confederación Argentina, liderada por el brigadier Juan Manuel de Rosas, a la escuadra anglo-francesa. Once buques de combate de la escuadra anglo-francesa navegaban por el río Paraná desde los primeros días de noviembre y fue interceptada por tropas argentinas, al mando del general Lucio Norberto Mansilla. El general Mansilla hizo tender tres gruesas cadenas de costa a costa, sobre 24 lanchones. El combate se inició al amanecer del día 20 de noviembre, primeramente con una escaramuza unos pocos kilómetros aguas abajo del río Paraná cuando tres lanchones argentinos que patrullaban al río fueron atacados por la artillería de la flota anglo-francesa. Tras varias horas de combate, fuerzas de infantería ―principalmente francesas― desembarcaron en la costa, atacando la batería argentina. Aprovechando la defensa que los argentinos debían hacer de sus piezas de artillería durante el desembarco, las fuerzas atacantes incendiaron los lanchones que sostenían las cadenas. Las fuerzas defensoras tuvieron 250 muertos y 400 heridos. Los agresores, por su parte, tuvieron 26 muertos y 86 heridos y sufrieron grandes averías en sus naves que obligaron a la escuadra a permanecer casi inmóvil en distintos puntos del Delta del Paraná, para reparaciones de urgencia. Finalmente, los anglo-franceses consiguieron forzar el paso y continuar hacia el norte, atribuyéndose la victoria.

Contra lo que las fuerzas anglo-francesas esperaban, no lograron concitar la simpatía de la población ribereña, especialmente en las provincias de Santa Fe y Entre Rios. En las orillas de ambas provincias, la flota invasora fue atacada repetidamente, tanto de ida como de regreso. En cambio, la flota anglo-francesa logró algunos resultados comerciales en la provincia de Corrientes, que desde hacía varios años permanecía rebelde a la autoridad nacional del general Rosas. No obstante, el resultado comercial de la campaña fue muy escaso. Su costo financiero, después de los daños infligidos por las fuerzas argentinas, se elevó enormemente. Tras varios meses de haber partido, las fuerzas y naves agresoras debieron regresar a Montevideo “diezmados por el hambre, el fuego, el escorbuto y el desaliento”, al decir del historiador argentino José Luis Muñoz Azpirí. De modo que la victoria anglo-francesa resultó pírrica: Esta batalla ―pese a ser una derrota táctica― dio como resultado la victoria diplomática y militar de la Confederación Argentina, debido al alto costo que demandó la operación. Implícitamente, la resistencia opuesta por el gobierno argentino, obligó a los invasores a aceptar la soberanía argentina sobre los ríos interiores. Aquel día es recordado cada 20 de noviembre declarado el Día de la Soberanía Nacional.

En nuestro pasaje hoy, Jesús advierte al pueblo sobre el juicio del mundo y la derrota de su príncipe, Satanás. Mientras “mucha gente pensó que la cruz le había dado la victoria;… Lo que parecía el triunfo de Satanás no fue más que su verdadera derrota” (Morris, Leon. El Evangelio Según Juan Vol. II, p. 215).  Jesús nos explica el significado de su cruz y vamos a examinar hoy su significado para nuestras vidas.

Juan 12:31-36
31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.

32 Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.

33 Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir.

34 Le respondió la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo, pues, dices tú que es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del Hombre?

35 Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va.

36 Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.

Predica de Pastor Jaime Greenwood, 26 de octubre, 2014

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I. La cruz de Jesús representa la victoria final sobre el mal. Vs. 31-33

A. La aparente victoria de Satanás y el mundo se torna en juicio y derrota. V. 31  Ahora viene el juicio del mundo dice Jesús. La siguiente frase es descriptiva de la posesión que Satanás tiene sobre el mundo malvado. Gobierna en las mentes de todos los que lo tiene como príncipe. Mientras todos los acontecimientos llevaban hacia la cruz, el mundo se regocijaba. Pero Jesús tiene en claro el final de la producción y su resultado beneficioso al mundo entero. Un contraste se produce en este versículo y el siguiente. Satanás resulta echado totalmente afuera, sin más oportunidad de influenciar. Mientras Jesús junta a las personas perdidas para su propio bien y protección.

Hasta que se logre aquella victoria final, Satanás sigue influenciando en el mundo. Algunos lo obedecen porque son esclavos al pecado. Otros, por desobediencia a su Señor Jesucristo, ceden terreno para fortalezas al maligno. Pero es un enemigo ya derrotado. Así que no vale la pena cederle más lugar para influenciar en nuestras vidas.

B. La vil muerte de Jesús produce la justificación del creyente. Vs. 32-33  Juan nos explica en el verso 33 que Jesús hacía referencia al tipo de muerte que iba a padecer por nuestros pecados al ser “levantado de la tierra”. Pero Jesús dice en el verso 32 que su muerte abra paso al Padre celestial.  El Padre también cumple con esta función  (6:44). “El magnetismo de la Cruz se conoce ahora por todos los hombres, cuán poco ellos comprenden el misterio de la Cruz” (Robertson, Archibald T. Word Pictures in the New Testament Vol. 5, p. 229).

II. La cruz de Jesús revela a Cristo por quién realmente es. Vs. 34-36a

A. Rompe con nuestros preconceptos sobre la identidad del Dios Encarnado. V. 34  La multitud empieza a preguntarle a Jesús acerca de su afirmación de que tiene que morir en una cruz, argumentando que la Palabra de Dios no coincidía con lo que Jesús dijo. (Sal. 89:36; 110:4; Is. 9:7; Dn. 7:14). La idea predominante era que el Mesías debía de vivir para siempre. La entrada triunfal de Jesús les llevó a pensar que Jesús iba a cumplir con sus expectativas sobre el Mesías. Así que, ellos preguntan directamente ¿quién es el Hijo del Hombre? O más literalmente si hay una distinción entre Él y el Mesías.

Es importante que cada persona del mundo forme esta pregunta en algún momento de su vida. La respuesta se da a conocer a través de las páginas de las escrituras.

B. Jesús es la Luz del mundo. Vs. 35-36a  Hay varios retos aquí en estos dos versículos que se aplican a toda persona aquí presente hoy. Si ya conocés a Jesucristo como tu Salvador personal el reto “apunta a la urgente necesidad de caminar en la luz” (Morris, p. 217).  La idea es seguir caminando para no perder la luz por su uso escaso. Pero si uno no tiene conocimiento del Hijo del Hombre, y camina en las tinieblas sin saber adónde va, debe abandonar sus nociones preconcebidas y empezar a percibir a Jesús por quién realmente es por la revelación que Jesús ofrece de sí mismo. “Para llegar a ser “hijos de luz” deben realizar un acto de fe y creer en el Señor Jesús” (Morris, p. 219).  Pero esa fe no es un simple acto realizado en el pasado porque conlleva la idea de algo continuo. La palabra “seáis” es un verbo aoristo que indica que la fe tiene un punto de comienzo en el pasado. “’Hijos de luz’ no son solo personas que tienen un cierto interés por la luz, sino personas cuyas vidas han sido revolucionadas por la luz de tal forma que se las puede definir en relación con ella Efesios 5:8” (Morris, p. 219).

 yo soy la luz del mundo