Un Resumen del Ministerio de Jesús (Juan 12:44-50)

saludUn hombre fue a su médico para averiguar por qué solía tener tales dolores de cabeza severos. El médico hizo algunas pruebas médicas y después de unas horas llamó al hombre a su oficina. “Tengo pésimas noticias”, dijo al paciente. “Su condición es terminal”. “¡Ay, no!” exclamó el hombre. “¿Cuánto tiempo tengo?” “Diez”, comenzó a decir el médico. “¿Diez qué?” El paciente interrumpió. “¿Días? ¿Meses? ¿Años?” “Nueve”, continuó el doctor, “ocho, siete, seis…”

No hay nada cierto en la vida más allá que la muerte y los impuestos. Debemos estar preparados para enfrentar la vida venidera.

Juan 12:44-50

44 Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió;

45 y el que me ve, ve al que me envió.

46 Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.

47 Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.

48 El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.

49 Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.

50 Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho.

Esta sección del capítulo 12 de Juan contiene un resumen del ministerio de Jesús. Suele ser la última comunicación de Jesús con las multitudes registrada por Juan. En este resumen, Jesús muestra claramente su propósito en la tierra y la autoridad que tiene en pronunciar semejantes palabras. Según los otros evangelios, hubo un enfrentamiento con las autoridades en el templo aquel mismo día donde le preguntaron a Jesús acerca de Su autoridad en predicar. Le preguntaron en qué nombre o bajo qué autoridad enseñaba. Jesús dijo que iba a responder si ellos primeros contestaban si el bautismo de Juan fue de Dios. No quisieron responder por temor y Jesús tampoco los respondió. Pero ahora, frente a las multitudes por última vez como predicador de la verdad, Jesús exclama que ha venido como representante en la carne del Dios Altísimo y que su mensaje es autentico.

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I. La Relación revelada entre el Padre y el Hijo. Vs. 44-46

A. La fe en Jesús es en realidad una fe dupla. V. 44  No es fe en un hombre, sino en Dios mismo. Nuestra fe no termina en Cristo sino se extiende al Padre.

B. Jesús revela al Padre Celestial. V.45  Dios Padre se revela en la faz de Cristo II Cor. 4:6 y es la imagen de su persona Heb. 1:3. Dios tiene su trato con los hombres a través de un apoderado.

C. Jesús resplandece y nos guía a la esperanza. V. 46  Su carácter es de una luz que resplandece. Esta luz ofrece confort al creyente que no habita en las tinieblas y tiene la esperanza de un futuro brillante.  

II. Los Peligros de faltar fe. Vs. 47-48

A. Los que escuchan la Verdad y no la creen están condenados. V. 47 Rechazar la Palabra de Dios equivale rechazar a Cristo. Nadie será juzgado según la ley de Dios si nunca llegó a recibir la ley de Dios (Ro. 2:12). Pero los que escuchan y rehúsan creer están condenados. Creer en Cristo es más que solo reconocimiento de quién Él es, verdadera fe requiere obediencia a la Palabra de Cristo. Este mismo sentir se expresa en Jn. 3:18. El propósito de Cristo es “salvar al mundo”.

B. Los que rechazan la Palabra de Dios serán condenados en el juicio final. V. 48  Mientras Jesús suspendió el ejercicio de su derecho de juzgar para poder salvar al mundo, habrá un día cuando cada persona dará cuenta por su vida y por su aceptación o rechazo del mensaje de la salvación.

III. La autoridad de Cristo para demandar nuestra fe en su Palabra. Vs. 49-50

A. Jesucristo ha sido Enviado por Dios. V. 49  Su comisión viene directamente del Padre Celestial. Le he dado instrucciones en cuanto a lo que “puede decir” y lo que “debe decir”.

B. Los mandamientos de Dios son para vida eterna. V. 50  Estos mandamientos o instrucciones de Dios nos ofrecen vida que nunca terminará. Esto no quiere decir que el hombre natural no morirá, sino que después de la muerte física le espera una vida que no tiene fin y promete el gozo de estar con el Padre.