Es Ganador Él que Muere con una Toalla Sucia (Juan 13:1-11)

toalla sucia

Cuando yo era joven, asistí cada año a un campamento de verano cristiano bastante grande en Corolina del Norte en los EEUU. Durante el campamento un año en particular, el director del campamento hizo referencia a este pasaje aquí en Juan 13:1-13 y sacó una conclusión que nunca me olvidará. Después de explicarnos el significado de las acciones de Jesús en esta última cena con sus discípulos, nos hizo una declaración que, a la vez, llega a ser un gran reto. Él nos dijo “él que muere con su toalla sucia, es ganador”. Lo que quiso decir con esta declaración es que el verdadero siervo de Cristo tendrá en su vida rastros de su servicio hacia los demás de la misma manera en que una toalla sucia indica que ha sido utilizado para la limpieza.

Cada vez más cristianos se destacan por su falta de servicio hacia los demás. Hay mil y una excusas por qué el siervo no puede servir a otros, pero la realidad es que nuestra carne no le gusta la idea de humillarse delante de otros seres humanos. Aún cuando nos humillamos delante de Dios, y sentimos que ha gloriado en quien realmente es, “entonces nosotros, después de estar en su presencia, podemos enorgullecernos y sentirnos superiores a los demás” (Temple citado en Morris, Leon. El Evangelio Según Juan Vol. II p.235 nota a pie). En los evangelios sinópticos los sucesos que acompañan a esta cena no son todos buenos. Los discípulos de Jesús argumentan entre sí sobre quién será el mayor en el reino de Dios. Pero Jesús nos va a mostrar que la humildad es el indicador más grande del verdadero líder. Vamos a examinar tres asuntos que Jesús pone a prueba para mostrarnos la humildad en acción.

Juan 13:1-11

Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.

Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase,

sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba,

se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.

Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.

Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies?

Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.

Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.

Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza.

10 Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.

11 Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos.

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I. Jesús se conoció a sí mismo. Vs. 1-3

A. Jesús tiene presente su identidad. V. 1  En esta marca temporal Juan recoge la idea de que Jesús no es un mártir sino el Hijo de Dios enviado para mostrar amor al mundo y especialmente a los suyos.

B. Jesús sabe que los sucesos en su alrededor lo llevan hacia la cruz. V. 2 Llegando a la cena con sus discípulos el diablo ya busca su oportunidad de destruir a Jesús. Judas Iscariote tiene un horrible plan en mente de entregar a Jesús a las autoridades. Pero esto no es para hacer fracasar al pan de Dios, sino para cumplirlo.

C. Jesús entiende lo que le espera después. V. 3  La gloria que le esperaba ahora lo consuela en medio de todos los sucesos en su alrededor.

II. Jesús sabe su lugar en el mundo. Vs. 4-8

A. Jesús se atreve a hacer algo que sus discípulos no estaban dispuestos a hacer. V. 4-5  El lavar los pies comúnmente ocurrió antes de cenar. Pero en este caso Jesús se levanta durante la cena porque nadie más se atrevió a hacerlo. Jesús se preparó a servir a los suyos en una manera que ninguno de ellos estaban dispuestos a servir.

B. Jesús desafía a Pedro por su falta de servicio y humildad. Vs. 6-8  Pedro muestra una actitud que es bastante común entre creyentes. Él no quiere que Dios le sirva. No desea recibir de nadie, especialmente Dios,  algo que implica la necesidad de devolver su bondad. Pero Jesús indica a Pedro que sus acciones tienen un significado que no va a poder entender hasta que Jesús sea glorificado. Pedro insiste que no puede recibir el gesto de humildad de parte de Jesús. Jesús demuestra que ha venido al mundo justamente para “limpiarnos de toda maldad” I Juan 1:9. La purificación era un paso importante en los ritos del templo y lo es en la vida de cada creyente. “Cristo no puede tener comunión con un santo que está contaminado, pero si puede y quiere limpiarle” (Notas de Scofield p. 1167).

 III. Jesús reconoce a nuestra necesidad. Vs. 9-11

A. Jesús nos muestra nuestra necesidad de limpieza. Vs. 9-10  En el estilo único de Pedro de ser impetuoso, responde que quiere tener parte con Jesús en gran manera. Pero Jesús dice que al bañarse, la persona no necesita volver a lavarse todo, solo necesita quitarse la impureza que encontró en el camino.

B. Aún uno de los seguidores de Jesús no se aprovechó de la limpieza. V. 11 Jesús sabe quién es el entregador pero de igual modo le ofrece el lavamiento. Si no lo va a aprovechar es por su propia culpa. Cualquiera que rehúsa creer se condena a símismo.