Acordando la Diferencia Entre una Doctrina y una Preferencia

Por Kevin Schaal

Traducido por Jaime Greenwood

“La Biblia es una Revelación Divina dada por Dios a los hombres, y es una guía completa e infalible y el estándar de autoridad en todos los asuntos de la religión y la moralidad; lo que enseña hay que creer, y lo que manda debe de ser obedecido; lo que elogia hay que aceptar como algo correcto y útil; lo que condena es lo que hay que evitar como mal y perjudicial; pero lo que ni ordena ni enseña no debe ser cargada a la conciencia como obligación religiosa.” (Edward Hiscox)

BibliaEl distintivo Bautista más importante es la autoridad de la Biblia para toda nuestra fe y práctica. Eso es por qué Hiscox, en el manual definitivo para las iglesias bautistas, abre el capítulo uno con la declaración anterior. Los bautistas creen en esta verdad tan fuertemente que estamos convencidos que si la Biblia nos dijera que no fuéramos bautistas, no seríamos bautistas. Mientras que las declaraciones doctrinales, confesiones y credos son de mucha ayuda en aclarar y definir lo que nosotros creemos, nuestra única autoridad para la fe y la práctica es la Biblia misma. Todas las iglesias como instituciones, las confesiones, los credos, las tradiciones y nuestras prácticas deben ser sujetas a ella. Debemos asegurarnos de que mantenemos el mismo distintivo básico con respecto a los temas de la inspiración, separación, y la traducción de las Escrituras.

La última línea citada de Hiscox también se aplica en este ámbito. No podemos sostener como doctrina algo que la Biblia no enseña. Si los creyentes en el cielo pudieron entristecerse sobre lo que suceda en la tierra, María–la madre terrenal de nuestro Señor–quizás sería la más dolorida de todos. Ella estaría entristecida por el culto y la importancia dada a su persona lo que debe pertenecer justamente a su amado Hijo. No realizamos para ninguna persona o documento ningún favor al atribuirle a ella más de lo que reclama para sí. Por lo tanto, no debemos reclamar una postura a favor de la Biblia que no se reclama para sí misma. Debemos dejar la fabricación de doctrinas extra-bíblicas a los católicos romanos y los mormones.

La Inspiración

Tal como se aplica al debate sobre la versión y texto de la Biblia, las principales áreas de preocupación son la inspiración, la preservación, y la traducción. La Biblia afirma su propia inspiración y autoridad. Toda la Escritura es inspirada (literalmente, respirado por Dios) (II Tim. 3:16). Se inspira no sólo en cuanto a su mensaje teológico general, sino en cuanto a las palabras que se utilizan para transmitir su mensaje, incluyendo las formas de las palabras, como en el caso de las distinciones entre los singulares y los plurales (Gal. 3:16) y los tiempos de los verbos (Mat. 22:32; Marcos 12:26,27). Está inspirada plenariamente en que la totalidad de la Biblia es el libro de Dios. Está inspirada en sus escritos originales. Segunda de Pedro capítulo uno y verso veintiuno declara que “los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” Estos profetas hablaron la Palabra, pero también la escribieron, y es la revelación escrita que está en vista en la discusión de Pedro (“ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada”). En el Nuevo Testamento, el término traducido como “Escritura”  compara claramente la Palabra de Dios con los escritos de los profetas. Porque está inspirada, también es sin error. La naturaleza del libro no puede ser separada de la Fuente del libro. Puesto que Dios controlaba directamente la transmisión de las Escrituras, y siendo perfecto Dios, entonces el libro que produjo debe de ser perfecto. Dios no es un hombre que es generalmente exacto pero quien se equivoca con los detalles. Él sabe todas las cosas, se acuerda de todas las cosas, comunica perfectamente, y solo habla la verdad (Juan 17:17). El proceso de la inspiración se aplica al producto original. Pedro dijo: “nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron [o escribieron] siendo inspirados por el Espíritu Santo”. (II Pedro 1:20,21, énfasis añadido). Lo que Moisés, Isaías, Pablo, Pedro y los otros autores escribieron era perfecto en su contenido y detalle.

La Preservación

La Biblia también afirma que Dios va a preservar Su libro (Sal. 119:152; Isaías 40:8; Mateo 5:17, 18; 24:35; y otros). Los individuos pueden aplicar la exégesis a estos pasajes de manera diferente, pero la mayoría, si no todos, los creyentes Bíblicos afirman la verdad de la preservación providencial de las Escrituras. Sin embargo, la Biblia no hace ninguna declaración sobre el método en particular de su preservación; tampoco da pautas para su transcripción. No hay promesas bíblicas relacionadas con cualquier método futuro de la aprobación del texto que eliminaría las cuestiones relacionadas a las variaciones que existen entre las copias. Opiniones necesariamente variarán de cómo Dios escogió preservar su Palabra. En nuestro afán por defender o promover una perspectiva en particular, hay que recordar que no tenemos derecho a elevar nuestra opinión al nivel de la doctrina bíblica.

El debate sobre los textos del Nuevo Testamento y del Antiguo Testamento es beneficioso, ya que tratamos de identificar los textos más precisos. Pero en el proceso del debate, nunca debemos dogmatizar más allá de los límites de la enseñanza clara de las Escrituras. Los participantes en el debate pueden tener puntos de vista fuertes y tienen derecho y están alentados a expresarlas. Todos debemos estar dispuestos a dejar al hierro aguzarse contra hierro. Pero sin un caso bíblico sólido, diferentes puntos de vista no pueden ser criterios para la separación entre hermanos.

La Traducción

La práctica de la traducción está anticipada claramente en las Escrituras. La idea de que la Palabra de Dios debe estar disponible en el idioma hablado en general por la gente es afirmada por Cristo cuándo Él cita una traducción griega del Antiguo Testamento. La inspiración y la inscripción del Nuevo Testamento en los idiomas comúnmente hablados por los destinatarios originales (hebreo y arameo en el Antiguo Testamento y koiné [común] griego en el Nuevo Testamento) indica la intención de parte de Dios para poner las Escrituras al alcance y la comprensión de la gente que las reciben. La historia de la Iglesia incluye la historia de la traducción de la Biblia a muchos idiomas para que el mayor número de personas sepa leer y entenderla. Creemos en y felicitamos la práctica de traducir las Escrituras como una parte noble y bíblica de la Gran Comisión.

Sin embargo, la Biblia misma no da pautas ni da instrucciones específicas sobre el método de traducción o de la naturaleza de las traducciones futuras. No hace ninguna promesa relativa a la ampliación del don de la inspiración sobre los futuros traductores. Al reclamar la inspiración sobre traductores sería cometer el grave error de añadir enseñanzas humanas a las Escrituras.

Algunos aspectos del debate sobre las traducciones inevitablemente continuará. Es muy difícil traducir con precisión un mensaje de un idioma y cultura a otro. Es más arte que ciencia. Hay factores importantes para considerar en el proceso de traducción en discernir tanto la intención original de los autores y el contexto de la audiencia prevista de la traducción. Una mala traducción puede violentar el texto. Tenemos que mantener las traducciones y a los traductores responsables a reflejar con precisión tanto el mensaje general y específica de cada texto bíblico. La Palabra no es un documento moldeable que se puede cambiar libremente por los caprichos de una sociedad que se opone a su contenido real, y tenemos todo el derecho a exigir que la traducción sea fiel y exacta. Sin embargo, los métodos y el estilo de la traducción son todavía cosas que no están dictados por la misma Escritura. Habrá momentos cuando los diferentes puntos de vista sobre la filosofía de la traducción hacen el trabajar juntos poco práctico. Pero esas diferencias no se elevan al nivel de la desobediencia y por lo tanto no exigen la separación como de hermanos desobedientes.

Nuestra preocupación espiritual más urgente no es el debate sobre pequeñas secciones de texto o matices de la traducción. Nuestra obligación más importante es hacer lo que la Biblia exige claramente, y sobre el cual no hay absolutamente ningún debate. Dios ha preservado Su Palabra de tal manera que si hacemos esto, no nos faltará nada del cristianismo del Nuevo Testamento. Hay que obedecer a ella como nuestra regla de vida. Sería un error discutir sobre variantes de menor importancia en los textos antiguos al tiempo que negamos las claras enseñanzas de las Escrituras en nuestras acciones diarias. Entendemos que los fundamentalistas no estarán de acuerdo en algunas aplicaciones de los principios bíblicos, pero debemos estar unidos en nuestro compromiso de someternos a los mandatos de la Palabra de Dios en todas las esferas de la vida.

Dr. Kevin Schaal pastorea la Iglesia Bautista del Valle Noroeste en Glendale, Arizona.

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