Un Aprendiz Incondicional (Mateo 11:28-30)

ver. mat 11.29

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I. Tenemos una responsabilidad de responder a la insistencia de Jesucristo de venir a Él. V. 28

A. Jesús nos invita a gozar de Su presencia.

B. La invitación es para todos los que se cansan de su pecado. El trabajo hace referencia a algo duro que se realiza solamente con mucho esfuerzo y es la parte activa de nuestro camino diario. Estar cargado implica estar sobrecargado y es pasivo para mostrar ambos lados de la miseria humana. Solamente los que reconocen que su pecado es la causa principal de su estado peligroso van a responder como el hijo pródigo (Lucas 15:17); el publicano (Lucas 18:13); Pablo (Hechos 9:4); o el carcelero (Hechos 16:29, 30). Se requiere este paso previo para lograr nuestra paz.

C. Encontrarán rejuvenecimiento en la Persona de Cristo. El descanso que Cristo nos ofrece abarca todos los aspectos de la vida cotidiana. Nos libra del terror del pecado y el poder del pecado. Un descanso (Heb. 4:9) que “comienza en la gracia, y se perfecciona en la gloria” (Matthew Henry). Librados de la penuria del pecado.

II. Tenemos la responsabilidad de someternos en relación de sus siervos y llevarnos como tal. V. 29

A. Jesucristo nos ofrece una nueva manera de trabajar. Acoplados con Jesús nos puede parecer un poco inusual si buscamos librarnos del pecado y sus tareas arduas de cada día. Pero en la antigüedad, cuando un granjero deseaba enseñar a un nuevo buey, lo acoplaba en un yugo con un buey experimentado para lograr a largo plazo tener los dos expertos en el trabajo en yugo. Jesús nos ofrece el lugar al lado de Él para aprender el trabajo distinto.

B. Existe la posibilidad de aprendizaje con un Maestro perfecto. La palabra aquí traducida “Aprended” es la palabra griega “mathete” o “discípulo”. Jesús nos manda a participar en el trabajo con Él para ser expertos por haber seguido Su ejemplo perfecto. Un ejemplo de mansedumbre a la voluntad del Padre y de humildad en ir a la cruz por nuestros pecados.

C. La obediencia al ofrecimiento es paz para nuestras almas. Ahora entendemos mejor el alcance de este ofrecimiento porque encontramos que se trata de nuestras almas y no solamente algunos aspectos del diario vivir.

III. El ofrecimiento de Jesucristo es ideal. V. 30