Las Ambiciones de un Discípulo (Marcos 10:35-45)

21_LUMO_Jesus_Disciples_1920Seguimos con nuestro propósito de definir bien lo que significa ser un verdadero seguidor de Jesucristo. Hemos visto que un discípulo de Jesús es un “oyente experto” en Jn. 10; “un aprendiz absoluto” en Mateo 11; que el discipulado tiene su comienzo en el hogar Dt. 6; que está comprometido de seguir en Lucas 9 y que forma parte de una hermandad de seguidores Marcos 3.

Ahora nuestro enfoque está en las ambiciones de los seguidores y lo que nuestro Maestro nos enseña en cuanto a lo que debemos espera en nuestra peregrinación como sus representantes aquí en la tierra. El contexto de Marcos 10 apunta al hecho que Jesucristo está decidido o determinado en cumplir la voluntad de Su Padre celestial. El versículo 32 indica que están en camino hacia Jerusalén donde nadie tiene pretensiones de lo que les espera. Los discípulos están asombrados y con miedo por las amenazas de los líderes religiosos contra la persona de Jesús. El Maestro da explicaciones de por qué tienen que subir en los versos 33-34 donde reitera que ya sabe bien lo que le espera y está dispuesto a morir porque resucitará al tercer día.

Es en este contexto que se acercan los dos hijos de Zebedeo con una petición. Parece ser que su petición tiene su base en su estrecha relación con Cristo (uno reclina en el pecho del Maestro a la hora de comer y el otro está incluido en el grupo de los tres más cercanos al Señor), y la promesa que Jesús les dio a todos los apóstoles en Mateo 19:28 donde dice, “De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel”. Con la promesa de reinar firmemente implantado en sus cerebros, los dos hermanos se atrevan a pensar en cómo será el reinar con Cristo y cuán cerca desearían estar al Señor cuando el mismo esté sentado en Su trono. “Mientras no hay nada de malo en tener aspiraciones de grandeza, tenemos que tener cuidado en cómo definimos la ‘grandeza’ y por qué deseamos lograrla. Jesús dijo, ‘el que quiere hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos’ Marcos 10:43-44” (Wiersbe). Ellos cometieron el mismo error de muchos hoy día de seguir el ejemplo del mundo en cuanto a sus ambiciones. Desearon las mismas cosas que los romanos que ejercían autoridad en su territorio quienes buscaban conseguir una posición de autoridad. Jesús corrige su pensar y los confronta con la necesidad de tener ambiciones piadosas que no buscan lo suyo sino el bien de otros.

I. Las ambiciones humanas expuestas. Vs. 35-37

A. Jacobo y Juan están consumidos por sus propias preocupaciones. V. 35 Jesús acaba de reiterar su pasión y muerte y estos dos hermanos sólo piensan en cómo asegurarse el día de mañana. No piensen en otros, ni en las implicaciones de las palabras de su Maestro más allá de cómo van a lograr obtener lo deseado y tener su futuro seguro.

B. La petición vergonzosa expresada. Vs. 36-37  Jesús no dice que sí a su petición abierta aunque sabe que hay en sus corazones, sino los lleva a expresar abiertamente lo que termina siendo una petición basada en la codicia. Quieren tener sentarse uno a cada lado del Señor en un lugar privilegiado.

II. La realidad celestial expresada. Vs. 38-40

A. La confrontación con la realidad. V. 38 Jesús indica que ellos no saben que el sentarse uno a cada lado sólo se logra a través de la persecución y el sufrimiento.

B. La predicción de su futuro. Vs. 39-40  Jesús dice que si van a sufrir su mismo destino de martirio (Hechos 12:1-2). Pero Jesús dice que el lugar de privilegio está reservado para los que lo merecen y a los que lo reciben por honor.

verse marcos 10.45III. La ira de los otros discípulos ambiciosos. V.41-45 

A. Se enojan los demás. V. 41  No se enojan con una ira santa sino porque los dos hermanos les habían ganado en cuanto a llegar a pedir semejante petición.

B. Jesús corrige su forma de pensar. Vs. 42-45  El verdadero discípulo no busca su propia vanagloria sino el bien de los demás. El es un servidor y sus ambiciones se basan en su deseo de dar su vida en búsqueda de la gloria de su Salvador.