La Base de Nuestra Esperanza (1 Tes. 1:9-10)

Servimos al Dios vivo y verdadero. Pero la pregunta es,

¿cómo podemos estar seguros que nuestro Dios es el verdadero Dios cuando hay tantos dioses en el mundo?

Algo de la enseñanza del Apóstol Pablo y su grupo de misioneros hizo convencer a los tesalonicenses de abandonar a sus dioses para aferrarse al Dios vivo y verdadero. Si examinamos en breve las Escrituras al alcance del Apóstol durante su recorrido de Grecia encontramos que hay una gran cantidad de historias relacionadas con la existencia de un Dios Creador y Soberano. Pero a diferencia de los otros llamados dioses de las naciones en general, el Dios de Israel es un Dios personal que se relaciona con Su pueblo. Al sacar de Egipto al pueblo de Israel encontramos una frase que Dios utiliza para identificarse en Éxodo 6:2-3 (El Shaddaí o Todopoderoso; YAHVÉ o el Único y verdadero Is. 45:18).

yahwehLa palabra aquí traducida “Jehovah” es un invento moderno del siglo 16. Al decir que es un invento moderno no quiero decir que es incorrecto porque es una pronunciación de las palabras hebreas “YHVH” junto con los vocales del nombre de Dios “Adonaí” y terminamos con “Jehovah” para nombrar a Dios. Esto es debido al temor o la superstición de los Israelitas de usar el nombre de Dios y así tomarlo en vano. Así que, para la altura del exilio en Babilonia ellos habían dejado de nombrar a Dios como “Yahvé” y usaron casi exclusivamente el nombre “Adonaí” para referirse a Dios. Vuelvo a decir que no es incorrecto referirse a Dios como “Jehovah” es simplemente impreciso. Te lo cuento porque un miembro de nuestra congregación abandonó a la iglesia al cuestionar la Biblia y nuestra fe precisamente por esta imprecisión.

El nombre “Yahvé” es adoptado por el pueblo de Israel para diferenciar a su Dios y la relación especial que ellos disfrutaron Éxodo 15:2-3. Nunca habían conocido a Dios antes como un Dios Vencedor y la idea de Dios como guerrero se hace aún más claro en Amós 5:27. Es este Dios que ahora se presenta a los adoradores de los dioses falsos en los pueblos del imperio romano a los cuales Dios manda a predicar Pablo y su compañía de evangelistas.

Al llegar a tesalónica, la predicación tiene éxito a pesar de las persecuciones y Pablo dice que uno de los resultados más importantes es el abandono de los ídolos y los dioses falsos que representaban para empezar a adorar al Dios vivo y verdadero. Es sobre el fundamento de una relación con el Dios Creador que se construye su santísima fe que espera una reunión celestial.

1 Tes copy

I. Servimos al único Dios vivo y verdadero (v. 9b). La diferencia entre un ídolo y nuestro Dios es que nuestro Dios vive. Su nombre muy probablemente viene de la raíz hebrea por “ser” (HYH). Porque Él vive, podemos deducir que es el Autor de la vida y el verdadero Dios Hechos 14:15. Su lugar privilegiado de Dios vivo y verdadero indica que es un Dios único (singularidad) y así digno de la adoración de toda su creación.

Nosotros encontramos un cambio drástico en la relación entre Dios y sus fieles. Antes de la salvación uno fiel a sus ídolos (pluralidad) buscaba algún beneficio propio. Pero el que “sirve” a Dios termina siendo un “doulos” o “esclavo por amor”; cosa que indica la entrega completa de un cristiano a Dios. Es un término nunca aplicado a los fieles de los dioses paganos. La conversión de un pagano a un cristiano se evidencia por un cambio completo de enfoque en la vida cotidiana.

II. Nuestro Salvador regresa otra vez a buscarnos (v. 10a). Cada verdadero discípulo espera la venida del Maestro. “Los creyentes del Antiguo Testamento esperaban la venida del Mesías y los creyentes del Nuevo Testamento esperen la segunda venida” (Matthew Henry).

A. La prueba de la divinidad del Hijo es la resurrección. La gran prueba de que el Hijo que tanto anhelamos ver es el Mesías, Salvador de nuestras almas, es su resurrección. Es la principal motivación de cada creyente en testificar a los inconversos porque el Hijo resucitado juzgará al mundo con justicia Hechos 17:31. Cuánto más involucrados debemos estar en la entrega del evangelio II Corintios 5:11. Jesús resucitó para llevarnos a Dios I Pedro 3:18.

B. La identidad del Hijo divino nos es revelado. Pablo no solamente hace referencia escondida al Mesías, lo identifica con el nombre Jesús Mateo 1:21. Y según Hechos 4:12 no hay otro nombre que nos ofrece salvación; no solamente en esta vida.

III. Seremos librados de la ira venidera (v. 10b). El propósito de nuestra liberación es evitar la condena justa. “La liberación efectuada por Jesús es una con un significado permanente”.[1] La palabra aquí traducida “librar” literalmente significa “rescatar”. Por más que muchos intérpretes hoy por hoy de las Escrituras buscan reinterpretar las referencias en el Antiguo Testamento a la ira de Dios como algo impersonal, encontramos a menudo a nuestro Dios juzgando al malvado y premiando a los fieles. En el Nuevo Testamento encontramos que la ira está relacionada con Dios explícitamente (Juan 3:36; Rom. 1:18; 9:22; Efe. 5:6; Col. 3:6; Apoc. 11:18; 14:10, 19; 19:15). Pero la ira de Dios no es como la ira del hombre; no es vindicativa. Pero si indica la oposición de Dios a todo lo que es impuro. “Cuando Pablo habla de “la ira venidera”, nos trae la ira escatológica. La ira de Dios no es sólo algo que se experimenta hoy día. Durará hasta el final de todas las cosas. De hecho, se manifestará especialmente en el final de todas las cosas. Es algo inevitable, un pensamiento transmitido por el participio presente: está llegando incluso ahora.[2] Si todos los que se convierten y creen en Jesús evitan la ira venidera, debemos dedicarnos a la predicación del evangelio que cambia vidas.

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[1] Morris, L. (1991). The First and Second Epistles to the Thessalonians (p. 54). Grand Rapids, MI; Cambridge, U.K.: Wm. B. Eerdmans Publishing Co.

[2] Morris, L. (1991). The First and Second Epistles to the Thessalonians (pp. 55–56). Grand Rapids, MI; Cambridge, U.K.: Wm. B. Eerdmans Publishing Co.