Estudio Inductivo: Hebreos

El domingo, 13 de agosto, vamos a empezar con el nuevo estudio inductivo para el tiempo del discipulado a las 9:15 Hs..

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En la iglesia, proponemos que cada uno gane a uno (una relación intencional para evangelizar), cada uno guíe a uno (ser mentor para un creyente), cada uno siga a uno (un creyente más maduro en la fe ser mentor para otro) y cada uno tome una materia (nivel instituto bíblico o más) por año para seguir creciendo en su conocimiento bíblico.

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Éste estudio inductivo sirve para “Cada uno tome una materia” porque está escrito al nivel del instituto bíblico. Requiere tiempo para completar la tarea diaria, leyendo el texto repetidamente y contestando uno o dos páginas de preguntas cada día.

Un estudio bíblico, bien fundado, transforma el corazón mediante la renovación de la mente y pone a Dios en el centro de la historia.

¿Qué es un estudio inductivo?

EI estudio inductivo de la Biblia es aquel que se basa en la Palabra de Dios y no en comentarios acerca de la misma. Después de haber efectuado un minucioso análisis de la Biblia misma, entonces y sólo entonces, se pueden estudiar libros sobre la Biblia.

Los elementos del estudio

Vamos a desarrollar nuestro estudio usando cinco componentes importantes: Propósito, Perspectiva, Paciencia, Procedimiento y Petición.

  • Estudiar con Propósito – para contemplar el reinado y la potestad de Dios revelada en su Palabra, así comprender mejor nuestro propio lugar en la metanarrativa[1] de la Escritura. La meta-narrativa es la vista panorámica de la Biblia de la creación, caída, redención y restauración.
  • Estudiar con Perspectiva – tomando en cuenta el texto en el contexto de la historia y la cultura de la audiencia original.
  • Estudiar con Procedimiento – siguiendo los pasos de la comprensión, la interpretación y la aplicación.
  • Estudiar con Petición – adorando a Dios por Quien es, confesando tus pecados, pidiendo a Dios que te guíe y te ayude y dándole gracias por sus bendiciones.
  • Estudiar con Paciencia – para el largo plazo. El aprendizaje precisa mucho esfuerzo.

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[1]  El prefijo meta significa “más allá”, y una narrativa es una historia. La metanarrativa será, por tanto, una historia más allá de la historia, que es capaz de abarcar otros “pequeños relatos” en su interior, dentro de esquemas abarcadores, totalizadores, trascendentes o universalizadores. (http://diccionario.sensagent.com/METANARRATIVA/es-es/)

Pecados Respetables: Y de aquí, ¿a dónde vamos?

Si usted me ha acompañado hasta aquí, se habrá dado cuenta de que hemos trabajado temas bastante difíciles. Vimos en detalle muchos de los pecados sutiles que toleramos en nuestra vida. Quizá por momentos esta lectura fue dolorosa. Espero que así haya sido porque eso significa que usted ha sido lo suficientemente honesto y humilde como para aceptar que hay algunos de esos pecados en su propia vida. Eso nos da esperanza. Recuerde 1 Pedro 5:5, “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.”

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Las primeras declaraciones del Sermón del Monte (Mateo 5:1-7) deben animarnos. Los pobres en espíritu y los que lloran son los que están conscientes de su pecaminosidad. Gracias a ello, son mansos y humildes en sus actitudes y acciones hacia los demás, y tienen hambre y sed de la justicia que todavía no alcanzan. Toda su actitud es lo opuesto a la persona orgullosa, moralmente superior y justa en su propia opinión. Sin embargo, Jesús dijo que ellos (los que NO son orgullosos) son bienaventurados.

Al narrar sus parábolas, el Señor Jesús creó personajes para dar énfasis a sus enseñanzas de manera que sus oyentes se sintieran impelidos a hacer algo. Considere la parábola del fariseo y el recolector de impuestos que oraban en el templo (Lucas 18:9-14). A los ojos de los judíos, no podía haber mayor contraste entre un fariseo y un odiado recaudador de impuestos. Necesitamos ser honestos y humildes y admitir los pecados sutiles que cometemos para experimentar el amor que proviene del perdón de esos pecados. Pero también debemos enfrentarlos y resolverlos.  El peor de los pecados, en términos prácticos, es negar que esos pecados sutiles existan en nuestra vida. El primer paso para lidiar con cualquier de los pecados mencionados es reconocerlos y arrepentirnos de nuestra actitud. Más bien, para utilizar la terminología de Pablo, “haced morir” esos pecados sutiles (Romanos 8:13; Colosenses 3:5).

Aquí hay una lista de los pecados sutiles de los que hemos hablado:

  • Impiedad
  • Ansiedad y Frustración
  • Falta de Contentamiento
  • La Ingratitud
  • El Orgullo
  • El Egoísmo
  • La Falta de Dominio Propio
  • Impaciencia e Irritabilidad
  • La Ira
  • Las Consecuencias de la Ira
  • El juzgar a los demás
  • Envidia, Celos y pecados similares
  • Los pecados de la lengua
  • La mundanalidad

Al repasar esta lista, continúe pidiéndole a Dios que abra sus ojos al pecado que ha estado tolerando o que se ha negado a reconocer pero que está presente en su vida. No hay sustituto alguno para la humildad y la confesión sincera de pecado, pues este es el primer paso para enfrentarlo.

¿Ha pedido a otras personas que evalúen si hay pecados sutiles en su vida? Si no lo ha hecho, este sería un buen momento para hacerlo. Aparte tiempo para estar con su cónyuge, hermano, o un buen amigo. Pídale que le hable con honestidad. Asegúreles que no se pondrá a la defensiva o que cuestionará su evaluación. Tan sólo escuche, no responda.

Recuerde que nuestra santificación progresiva, esto es, despojarnos del pecado y vestirnos a la semejanza de Cristo, está cimentada en dos piedras fundamentales: la justicia de Cristo y el poder del Espíritu Santo. Siempre mire a Cristo y su perfecta justicia para saber dónde se encuentra usted, sabiendo que es aceptado ante Dios. Recuerde: si usted está unido a Cristo, el Señor lo ve envuelto en su justicia perfecta. Siempre acuda al Espíritu Santo para que lo capacite a enfrentar el pecado que hay en su vida y para producir en usted su fruto espiritual.

El mundo que nos rodea nos observa, aunque ridiculice nuestros valores y rechace nuestro mensaje. Quizá pensemos que los demás no perciben nuestros pecados sutiles, pero sí lo hacen. Reconocen nuestro orgullo, ira o critica. Piensan que somos gente “supersanta” o piensan que somos hipócritas, porque no practicamos lo que predicamos. Confrontar nuestros pecados “aceptables” en humildad y sinceridad puede ayudar mucho a erradicar esa imagen de nosotros. Finalmente, permítame insistir en las palabras de I Pedro 5:5 “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.”

Adaptado del libro, Pecados Respetables, por Jerry Bridges

Pecados Respetables: Mundanalidad

amishwomenLa mundanalidad es un concepto que significa diferentes cosas para distintas personas. Debemos entender que la mundanalidad es mucho más que una lista de actividades prohibidas o el uso de las comodidades de la época moderna. Hay dos pasajes de las Escrituras que nos ayudan a entender el concepto de la mundanalidad. El primero es 1 Juan 2:15-16 donde el Apóstol nos exhorta a no amar al mundo.

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.  Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.

Hay otro pasaje del apóstol Pablo que nos ayuda a entender cuáles son los aspectos “aceptables” de la mundanalidad. El pasaje es 1 Corintios 7:31, y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa.”  Diversas traducciones utilizan diferentes términos para transmitir la misma idea, pero la advertencia consiste en que podemos utilizar las cosas legítimas de este mundo, pero no darles más importancia de la que deben tener.

Basado en la advertencia de Pablo, he definido la palabra mundanalidad como estar pegado a, involucrado en, o preocupado por las cosas de esta vida temporal. Lo que hace que nuestra actitud hacia ellas sea mundana es el valor que les concedemos. Las cosas que valoramos más deben ser las “cosas de arriba” (Colosenses 3:2). Es decir: las espirituales, tales como la Biblia, la oración, el evangelio, la obediencia a Dios, el cumplimiento de la gran comisión y, por sobre todas las cosas, Dios mismo. Entenderemos mejor lo que es la mundanalidad con esta definición secundaria: “La mundanalidad consiste en aceptar valores, moralidad y prácticas de la sociedad incrédula, aunque decente, que nos rodea sin discernir si son bíblicos”. La mundanalidad es seguir el corriente de la sociedad que nos rodea mientras esta no sea abiertamente pecaminosa. Voy a limitar nuestra discusión a tres áreas en las que creo que hemos aceptado este pecado: dinero, inmoralidad e idolatría. En las tres áreas vamos a limitar el estudio a lo que a nosotros nos parece aceptable.

love-of-money-620x250Dinero

Jesús dijo: “No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24). Parece que en la vida de muchos creyentes el dinero está por encima de Dios. Pero el Señor y las riquezas no son opciones equivalentes, porque la Biblia dice: “ porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Timoteo 6:10). Si el dinero toma la preeminencia en nuestra vida, Dios no pierde, sino nosotros. En última instancia, él no necesita nuestro dinero. Si lo gastamos en nosotros mismos, nos convertimos en pordioseros espirituales. Debemos recordar que todo lo que poseemos, aun la habilidad de ganar dinero, proviene de Dios (Deuteronomio 8:17-18). Ofrendar al Señor al menos el 10 por ciento de lo que él nos ha dado es una demostración visible de que lo reconocemos así y se lo agradecemos. Finalmente, debemos recordar la infinita generosidad del Señor al darse a sí mismo por nuestra salvación. Pablo quiso estimular la generosidad del los corintios escribiendo 2 Corintios 8:9, “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” Nuestras ofrendas deben reflejar el valor que le damos a su entrega por nosotros.

binoculars_25x100Inmoralidad

Sin duda usted está preguntando cómo es que la inmoralidad puede considerarse un pecado respetable. Lo hacemos siguiendo lo que un amigo mío llama inmoralidad vicaria. ¿Disfrutamos leyendo en secreto acerca de la inmoralidad de otras personas cuya conducta sexual se expone en periódicos y revistas semanales? Si es así, nos estamos involucrando en la inmoralidad vicaria. Si vamos al cine o vemos programas de televisión sabiendo que habrá escenas explícitas de sexo o leemos novelas sabiendo que contienen narraciones sexuales, estamos cometiendo inmoralidad vicaria. Es muy obvio que el mundo que nos rodea disfruta de este tipo de cosas. Esta es un área en la que los valores y las prácticas aceptables para la sociedad que nos rodea son contrarios a las Escrituras. Luego está el área del vestido deshonesto. Al salir de casa, me doy cuenta de la moda de las mujeres de todas las edades cuya intención explícita es atraer las miradas lascivias de los hombres. Hay dos áreas en las que podemos ser mundanos cuando hablamos de este tema. Primero, muchas mujeres cristianas, y las jóvenes en especial, están usando la misma ropa que se utiliza en el mundo incrédulo (1 Timoteo 2:9). Para los hombres, el problema radica en que reaccionamos a la forma de vestir provocativa con miradas cargadas de lujuria. En ambos casos somos mundanos. Tenemos dos armas en esta lucha Proverbios 27:20 y Romanos 6:21

idolos-del-corazonIdolatría

Es obvio que en la actualidad no adoramos ídolos de madera, metal o piedra. Nuestro problema es lo que algunos han llamado “ídolos de corazón”. En este sentido, un ídolo puede ser cualquier cosa que consideramos de mucho valor a tal grado que consume toda nuestra energía emocional y mental, o bien, nuestro tiempo y nuestros recursos. Puede ser cualquier cosa que tenga más importancia que nuestra relación con Dios o nuestra familia. En 2 Corintios 5:9 el apóstol Pablo presenta un principio que nos permitirá liberarnos de la tentación de idolatrar nuestra carrera.

Entonces, ¿cómo podemos enfrentar nuestra tendencia a la mundanalidad? No es decidiendo que ya no seremos mundanos, sino comprometiéndonos a ser más piadosos. Necesitamos sentir tal amor por Dios, que no haya lugar en nuestro corazón para las cosas de este mundo. 

Pecados Respetables: Los Pecados de la Lengua

gossip.chismeAl hablar con la gente de los pecados “respetables” o “aceptables” que toleramos, siempre había alguien que fruncía el ceño y decía: “ah, ¿algo así como el chisme?”. Es evidente que este es el primer pecado de los creyentes que nos viene a la mente, así que debe ser muy común entre nosotros porque lo seguimos tolerando en nuestra vida.

Sin embargo, aunque la práctica del chisme es muy común, no es el único pecado de la lengua. En esta categoría también debemos incluir mentiras, calumnias, críticas (aunque sean verdad), palabras ásperas, insultos, sarcasmos y ridiculizar a otros. Tenemos que decir que cualquier forma de hablar que hiere a otra persona, sea que estemos hablando de esa persona o con ella, es un pecado de la lengua.

La Biblia está llena de advertencias contra los pecados de la lengua. Tan sólo el libro de Proverbios contiene unas sesenta amonestaciones. Por otra parte, Jesús advirtió que daremos cuentas a Dios de toda palabra ociosa que salga de nuestra boca

“Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.”      (Mateo 12:36)

Y también está el famoso pasaje de Santiago 3 que habla de los efectos pecaminosos de la lengua. El escritor dice que la lengua es como un pequeño fuego que destruye un gran bosque y que es un miembro muy pequeño pero que contamina todo el cuerpo. No obstante, el pasaje de la Biblia que más me ha ayudado a enfrentar los pecados de la lengua es Efesios 4:29. Este versículo es la aplicación del principio de “despojaos/vestíos” que el apóstol Pablo introdujo en Efesios 4:22-24. Este consiste en que debemos despojarnos de las características pecaminosas del viejo hombre y, al mismo tiempo, ser diligentes en vestirnos de las virtudes de gracia que corresponden a la nueva criatura en Cristo.

efesios 4:29Al estudiar Efesios 4:29 encontramos que no debemos permitir que salgan de nuestra boca palabras corrompidas. No sólo son insultos u obscenidades; incluyen los diferentes tipos de hablar que mencioné anteriormente. Observe que la prohibición de Pablo es absoluta: Ninguna palabra corrompida. Ninguna. Esto significa decir no al chisme, al sarcasmo, a la crítica, a las palabras ásperas. Debemos erradicar de nuestro hablar toda palabra pecaminosa que destruya a otra persona. Piense en lo que sería la iglesia de Cristo si todos lucháramos por aplicar esta amonestación de Pablo.

gossip.chisme2Al tratar los pecados de la lengua, comencemos con el primero en que la gente piensa: el chisme, que consiste en diseminar información desfavorable acerca de alguien, aunque esa información sea verdadera. Sin embargo, el chisme por lo general está basado en un rumor, lo que empeora el pecado. Practicar el chisme alimenta nuestro ego pecaminoso, especialmente cuando la información que estamos compartiendo es negativa porque nos hace sentir muy justos en comparación con el otro. Efesios 4:29 dice de que partes del habla debemos despojarnos y también qué debemos ponernos. Debemos hablar palabras que edifican e imparten gracia a los que nos escuchan. Por tanto, cuando estemos tentados a decir algún chisme debemos preguntarnos: Lo que voy a decir, ¿va a edificar o va a destruir a la persona de quien voy a hablar?

Otro pecado relacionado con el chisme es la calumnia, que consiste en declarar algo falso o malinterpretar algo acerca de una persona con el propósito de difamarla o dañar su reputación. En general, la motivación que está detrás de la calumnia es la ventaja que podemos obtener sobre la otra persona. En realidad la calumnia es mentira. Usualmente pensamos que es decir algo falso y quizá la mayoría de nosotros no lo hacemos. Sin embargo, somos muy buenos para mentir por medio de la exageración, o diciendo verdades a medias o lo que llamamos “mentirillas blancas”, que es mentir pensando que no habrá consecuencias.

Por otro lado, la crítica es hacer comentarios acerca de una persona que quizá son ciertos, pero que no es necesario mencionar. Las preguntas que debemos hacernos respeto a ese tipo de comentarios son:

  • ¿Es amable lo que voy a decir?
  • ¿Es necesario que lo diga?
  • ¿Realmente tengo que decir este?

No sólo pecamos por lo que decimos acerca de alguien, sino por la manera en que hablamos unos a otros. El hablar pecaminoso incluye palabras ásperas, sarcasmos, insultos y poner en ridículo a los demás. El común denominador de todas estas formas negativas de hablar es que tienden a rebajar, humillar y herir a la gente. Ese tipo de palabras por lo general provienen de una actitud de impaciencia o ira (Mateo 12:34). Esto significa que, aunque hablemos de los pecados de la lengua, nuestro verdadero problema radica en el corazón. Detrás de todo chisme, calumnia, crítica, insulto o sarcasmo, está un corazón lleno de pecado. La lengua es tan sólo el instrumento que revela lo que hay en él. Si usted y yo queremos vestirnos de la nueva criatura en semejanza a Dios, andando en verdadera rectitud y santidad, debemos usar Efesios 4:29 como uno de nuestros principios rectores. Recuerde: estamos hablando acerca de un pecado real. El tipo de palabras de las que hemos hablado en este estudio podrían parecernos aceptables, pero ante Dios son pecaminosas.

Estudio de PECADOS RESPETABLES,Confrontemos esos Pecados que Toleramos, por Jerry Bridges

Pecados Respetables: Envidia, Celos y Pecados Similares (parte 2)

Como estudiamos en la lección anterior, la envidia es el dolor que sentimos, y que a veces va acompañado de resentimiento, por las ventajas que otra persona tiene. Nos gustaría tener las mismas oportunidades, lo cual nos lleva a la codicia. Lo que resentimos es que esa persona obtenga algo que nosotros no tenemos.

CELOS

Muy relacionado con la envidia está el pecado de los celos que se definen como intolerancia a la rivalidad.

competividad (2)COMPETITIVIDAD

Relacionado con la envidia y los celos está el espíritu de competitividad. Es decir, el afán que algunos tienen por ser el que gana siempre o el más importante en cualquier campo en el que esté. La competitividad comienza a una edad temprana en la vida. Los niños pueden enojarse o molestarse cuando no ganan un simple juego infantil. Pero no solo los niños tienen ese problema. Hay hombres adultos que en algunas áreas son cristianos ejemplares, pero pierden la cabeza cuando su equipo o el de su hijo son derrotados en un juego. La competitividad es básicamente una expresión de egoísmo. Es la necesidad de ganar sin importar el costo. Ciertamente no es una actitud que refleje que amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Muchas veces, hemos elevado la competitividad a la altura de una virtud. Enseñamos a nuestros hijos, de manera directa o por el ejemplo, que es bueno ser competitivo, ya que es la manera en que podemos conquistar al mundo.

No obstante, me pregunto si el espíritu de competitividad es una virtud cristiana. Creo que el énfasis de la Biblia está en hacer lo mejor que podemos (II Timoteo 2:15). Debemos realizar nuestro trabajo con alegría (Colosenses 3:23) que, dicho de otra forma es hacerlo de la mejor manera. Es evidente que “lo mejor” no siempre es igual para toda la gente. Algunos han recibido la bendición de tener más habilidad, inteligencia o dones espirituales. Alguien podría argumentar que Pablo avaló tácitamente la competitividad en I Corintios 9:24. Pero la analogía termina cuando el Apóstol menciona el premio. En una carrera solamente un corredor gana y recibe el premio. En la vida cristiana, todos podemos recibir el premio. Permítame aclarar que no estoy escribiendo contra la competencia amistosa, sino contra el espíritu competitivo que siempre quiere ganar o ser el mejor. Pero cualquier sea la competencia, la pregunta que el niño, adolescente o sus padres deben hacerse no es “¿ganamos?”, sino: “¿hicimos lo mejor que pudimos?”.

Ahora bien, usted puede ver que hay una relación íntima entre la envidia, los celos y la competitividad. Tendemos a envidiar al compañero que nos ha aventajado en un área que es importante para nosotros. Estamos celosos de la persona que nos supera. Y estos dos promueven un espíritu de competencia que dice: “Yo debo ganar siempre o ser el número uno en todo”.

controlCONTROL

La envidia, los celos y la competitividad pueden catalogarse bajo una sola palabra: rivalidad. En vez de vernos unos a otros como miembros del cuerpo de Cristo, fácilmente podemos adoptar la actitud de considerarnos rivales que debemos competir contra los demás. Hay un pecado sutil más que podemos incluir en este grupo y es de querer controlar a los demás para nuestro beneficio o para obtener lo que queremos. En las relaciones interpersonales siempre hay uno que tiene una personalidad fuerte o dominante. Si no tiene cuidado, puede ser el que controle la relación. Con frecuencia uno quiere tomar todas las decisiones y se enoja si no se hace lo que él dice. En vez de someterse a los demás (Efesios 5:21), tiene una necesidad imperiosa de controlarlos. Claramente, esto surge del egoísmo. La dificultad para reconocer este pecado es que el controlador es el último en darse cuenta de su tendencia malsana.  Si usted es una persona controladora, quizá le sea difícil dejar de hacerlo por causa de su comportamiento en el pasado. Así que usted debe demostrar una humildad verdadera cuando pregunte. Después, en vez de ponerse a la defensiva o atacarlos de palabra cuando sean sinceros con usted, tenga la sabiduría de aceptar lo que le digan y tómelo como proveniente de Dios.

PECADOS RESPETABLES,Confrontemos esos Pecados que Toleramos, por Jerry Bridges

Pecados Respetables: Envidia y Celos

envidia trofeoLa envidia es el dolor que sentimos, y que a veces va acompañado de resentimiento, por las ventajas que otra persona tiene. Nos gustaría tener las mismas oportunidades, lo cual nos lleva a la codicia. Lo que resentimos es que esa persona obtenga algo que nosotros no tenemos. Pero no sólo envidiamos a otra gente. En general, hay dos situaciones que nos provocan envidia. Primero, tenemos la tendencia a envidiar a aquellos con quienes tenemos un trato cercano. Segundo, envidiamos a otros precisamente en las áreas que más valoramos. La razón por la que nos sentimos tentados a envidiar a quienes se destacan más, es que tenemos tantas cosas en común que las diferencias nos molestan.

Algunos padres podrían envidiar a otros cuyos hijos son mejores estudiantes o deportistas, o que tienen mejores trabajos. Podríamos envidiar a un amigo que tiene una casa más bonita o que compró un auto más caro que el nuestro. Las posibilidades de envidiar a otros son interminables. Cuando nos comparamos con otra persona cuyas circunstancias son mejores que las nuestras, nos enfrentamos a la tentación de envidiarla. Quizá ni siquiera queremos estar en las mismas circunstancias de nuestro vecino o amigo; simplemente resentimos que tenga mejores cosas. Cuando seamos tentados a la envidia, reconozcamos que es pecado. Sin duda, este es muy sutil y menos grave, pero aun así, se menciona en las listas de pecados viles que incluyó Pablo en Romanos 1:29 y Gálatas 5:21.

envidiaMuy relacionado con la envidia está el pecado de los celos. Es más, en ocasiones usamos ambos términos como sinónimos. Pero hay una sutil diferencia que nos puede ayudar a ver cuán pecaminoso es nuestro corazón. Los celos se definen como intolerancia a la rivalidad.

Hay ocasiones legítimas en las que podemos tener celos, como cuando alguien quiere enamorar a nuestra esposa. Por otro lado, Dios declara que él es un Dios celoso que no tolera que adoremos a otro que no sea él (Éxodo 20:5).

Los celos pecaminosos surgen cuando tenemos que alguien se convierta en una persona igual o superior a nosotros. La ilustración más famosa de la Biblia es la de los celos del rey Saúl contra David. Después de que este mató a Goliat, las mujeres de Israel cantaban (I Samuel 18:7). Por supuesto que Saúl se enojó porque le otorgaron mayor reconocimiento a David que a él. A partir de ese momento lo consideró su rival y siempre estaba celoso de él. Nosotros también podemos tener celos si hemos recibido la bendición de Dios en alguna área de nuestra vida o ministerio y luego otro demuestra con su trabajo a resultados que es superior a nosotros. Pareciera que siempre hay un joven que llega y es más listo o más talentoso que nosotros. Cuando esto sucede, nos podemos poner celosos. No queremos que alguien más obtenga el éxito o bendiciones de Dios que nosotros hemos recibido.

Entonces, ¿cómo podemos confrontar la tentación de envidiar a de sentir celos de los demás?

Primero, y como sucede con muchos otras pecados sutiles, podemos confiar en la soberanía de Dios reconociendo que él es quien de manera soberana nos da los talentos, habilidades y dones espirituales. No solo hay diferencias en los talentos y dones, sino que también las hay en las clases de bendiciones que recibirán de Dios. Todo proviene de Señor, él es quien empobrece y enriquece, humilla y exalta (I Samuel 2:7). Es Dios quien levanta a uno y humilla a otro (Salmo 75:7).

Cuerpo de la IglesiaUna segunda arma contra la tentación de tener celos es recordar que todos los creyentes “somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros” (Ro. 12:5). Miren el versículo 10.

Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.

En vez de envidiar a quienes nos aventajan o de sentir celos por quienes nos superan de alguna manera, debemos reconocerlos y honrarlos puesto que todos somos miembros del mismo cuerpo de Cristo.

Tercero, debemos entender que si gastamos nuestra energía emocional en la envidia o los celos, perdemos de vista lo que Dios podría hacer en nuestra vida. Dios tiene un lugar y un plan que él quiere cumplir en cada uno de nosotros. Ciertamente, algunos trabajos obtienen mayor reconocimiento que los demás, pero todos son importantes para el plan de Dios.

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PECADOS RESPETABLES,Confrontemos esos Pecados que Toleramos, por Jerry Bridges

Pecados Respetables: Las Consecuencias de la Ira

Necesitamos profundizar un poco más en el tema de la ira y sus terribles consecuencias. Tendemos a pensar que la ira se da en episodios, que nos enojamos y luego se nos pasa. En ocasiones nos disculpamos con la persona objeto de nuestra ira y en otras no. Pero de alguna manera, el ofendido, con disculpas a no, se sobrepone a su reacción defensiva, ya sea que haya sido una manifestación externa o un resentimiento interno, y la vida sigue su curso. La relación se ha visto afectada, pero no interrumpida. Esta no es una manera agradable de vivir con otros, pero es tolerable. Así es como demasiados creyentes ven el pecado de la ira. Han llegado a aceptarla como parte de su vida.

Sin embargo, la Biblia no es tan ligera cuando trata de la ira. Es más, dice que la erradiquemos en Efesios 4:31 y Colosenses 3:8. Es claro que la ira no es una buena compañía. Por lo general se le asocia con los que consideraríamos pecados graves y, de hecho, es causa de algunos de ellos.

En este estudio vamos a ver algunas consecuencias de largo plazo de la ira a las cuales he llamado las “malas hierbas de la ira”. Escogí de manera deliberada la frase malas hierbas porque generalmente es algo que queremos erradicar. Las malas hierbas de la ira no son benignas, sino dañinas. ¿Cuáles son algunas malas hierbas que provienen de la ira no resuelta?

resentimientoEl Resentimiento: Surge cuando nos aferramos a la ira. Por lo general, es algo que se internaliza y crece en el corazón de quien ha sido maltratado de alguna manera y que se cree incapaz de hacer algo al respecto. Es más difícil resolver el resentimiento que la ira expresada externamente, porque la persona continúa sin resolver las heridas y resintiendo el mal trato.

La Amargura: es el resentimiento que ha crecido hasta convertirse en una animosidad persistente. Podría suceder que el resentimiento se disipara con el tiempo, pero la amargura continúa creciendo, empeorando y desarrollando un mayor grado de dolor. Generalmente es la reacción de largo plazo de un mal real o percibido porque el enojo inicial no se resolvió.

hostilidadLa Enemistad y la hostilidad: básicamente son sinónimos y denotan un nivel más alto de dolor y animosidad de la amargura. Mientras que esta se puede disfrazar con un comportamiento civilizado, la enemistad y la hostilidad por lo general se expresan abiertamente, ya que se busca denigrar o hablar con maldad del objeto del odio. Es más, la amargura puede quedar guardada en el corazón, pero la enemistad y la hostilidad por lo general diseminan en veneno por doquiera e involucran a otras personas.

El Rencor: para explicar cuán profunda es la animosidad y la mala voluntad que implican estas palabras, en dos pasajes de Génesis (27:41; 50:15), la Biblia usa el término aborrecer en vez de rencor. En cada instante de su mención, la palabra se asocia con vengarse del objeto del odio. Quizá en la actualidad no asociamos el odio con planear matar a alguien. Sin embargo, muchas veces la gente sí planifica, aunque sólo sea mentalmente, maneras de desquitarse de la persona que odia. Por eso, Pablo pensó que era necesario escribir esta exhortación de Romanos 12:19-21.

La Contienda: describe el conflicto abierto o animadversión entre partidos, es decir, entre grupos opositores y no tanto entre individuos. Por eso hablamos de “pleitos de iglesia” o “rencores familiares”. Con frecuencia sucede entre cristianos que se creen muy justos y que nunca consideran la posibilidad de que sus actitudes o palabras altisonantes contribuyan a una contienda. Según su forma de pensar, el partido rival es el que siempre está mal y el que provoca la contención.

Las descripciones anteriores de las nocivas “malas hierbas de la ira” no tienen como propósito ser sólo definiciones de un diccionario. Lo que quiero es que veamos que cuando la ira no se resuelve, es pecaminosa y muy peligrosa espiritualmente hablando. Si repasa todas las hierbas que ella produce, verá que provoca una escalada de disensiones y sentimientos negativos. La ira nunca es estática. Si no se resuelve, se convertirá en resentimiento, amargura, hostilidad y odio que inducirán a la venganza. No nos sorprende que Pablo haya dicho “No se ponga el sol sobre vuestro enejo” (Ef. 4:26).

PECADOS RESPETABLES,Confrontemos esos Pecados que Toleramos, por Jerry Bridges

Pecados Respetables: La Ira

ira3Por lo general manifestamos nuestra ira con las personas que más amamos; es decir, nuestro cónyuge, hijos, padres y hermanos, así como con nuestros verdaderos hermanos en Cristo dentro de la iglesia. En una ocasión conocí a un creyente que era el epítome de la gracia hacia las demás personas, pero de continuo estaba airado contra su esposa e hijos. Afortunadamente, después de algunos años Dios lo redarguyó y le ayudó a resolver su ira.

¿Qué es la ira? Muchos de nosotros podríamos decir: “No puedo definirla, pero la reconozco cuando la veo, especialmente si se dirige hacia mí”. Mi diccionario define la ira diciendo simplemente que es un fuerte sentimiento de desagrado acompañado de antagonismo. Añadiría que por lo general va acompañada de emociones, palabras y acciones pecaminosas que hieren al objeto de nuestra ira.

El tema de la ira es amplio y muy complejo, y el propósito de este estudio no es tratarlo a fondo. Para mantenernos dentro del objetivo de ayudarnos a confrontar los pecados que toleramos en nuestras vidas, voy a centrarme en el aspecto de la ira que inconscientemente consideramos como un pecado “respetable. Para lograr ese propósito, necesito mencionar el tema de la ira justificada.

Algunas personas razonan diciendo que su ira es justa. Creen que tienen derecho a estar enojadas, dependiendo de la situación. ¿Cómo sabemos si nuestra ira es justa o no? En primer lugar, la ira justa surge de una percepción correcta de la verdadera maldad; es decir, de una violación a la ley moral de Dios. Se centra en Él y su voluntad, no en nosotros y la nuestra. En segundo, la ira justa siempre se autocontrola. Jamás provoca que alguien pierda la cabeza o discuta de manera vengativa. El enfoque central de la enseñanza bíblica acerca de esa emoción tiene que ver con nuestras reacciones de ira pecaminosa ante las acciones o palabras de los demás. El hecho de que respondamos al pecado real de otro no significa que nuestra ira sea justa.

Otro tema en cuanto a la ira que no es parte del propósito de este libro es la de la persona que está airado de continuo, o cuya ira le hace abusar verbal o físicamente de otros. Esa persona necesita recibir buena consejería bíblica y pastoral. Así que mantenemos nuestro enfoque en lo que podríamos llamar ira común, la cual aceptamos de alguna manera como parte de nuestra vida, pero que en realidad es pecado ante los ojos de Dios.

Al enfrentar nuestra ira necesitamos reconocer que nadie nos provoca a ella. Quizá las palabras o acciones de alguien podrían ser un pretexto para enojarnos, pero la verdadera causa radica muy dentro de nosotros, generalmente en nuestro orgullo, egoísmo, o deseo de controlarlo todo.

Podemos enojarnos porque alguien nos maltrata. O alguien dice un chisme a nuestras espaldas y cuando nos enteramos nos enojamos. ¿Por qué? Muy probablemente porque nuestra reputación o carácter están en tela de duda. Una vez más la causa es el orgullo.

18 Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar.

19 Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente.

20 Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios.

(1 Pedro 2:18-20)

Las instrucciones de Pedro para los esclavos son una aplicación específica de un principio bíblico más general: Debemos responder a cualquier trato injusto como si viniera del Señor. ¿Se encuentra esta situación difícil o trato injusto bajo el control soberano de Dios, y él en su infinita sabiduría y bondad lo está utilizando para conformarme más a la imagen de Cristo? (Romanos 8:28; Hebreos 12:4-11).

ver. ro. 8.28

Con demasiada frecuencia nuestra respuesta inmediata a una acción injusta es la ira pecaminosa. Pero después del momento difícil, podemos decidir si vamos a continuar airados, o podemos reflexionar en las preguntas que he sugerido y permitir al Espíritu Santo que erradique nuestro enojo.

Así que, ¿cómo tenemos que manejar la ira de tal forma que honre a Dios?

  1. Debemos reconocerla sabiendo que es pecaminosa. Necesitamos arrepentirnos no sólo de la ira, sino también del orgullo, el egoísmo y la idolatría.
  2. Después, necesitamos cambiar nuestra actitud hacia la persona o las personas cuyas palabra o acciones la provocaron. (Efesios 4:32; Colosenses 3:13) Si ya externando nuestra ira, procuremos que nos perdone la persona a quien herimos con nuestro enojo.
  3. Finalmente, debemos entregar a Dios la ocasión de nuestra ira. Debemos aceptar que cualquier situación que nos tiente a airarnos puede llevarnos a una ira pecaminosa por un lado, o bien, a Cristo y su poder santificador.

Al principio de este estudio admití que el tema de la ira es complejo y que el propósito no es agotarlo. Pero espero que le haya ayudado a reconocer que la mayoría de nuestro enojo es pecaminoso, y aunque lo justifiquemos y toleremos en nuestra vida, no es aceptable delante de Dios.

Estudio del libro, Pecados Respetables, por Jerry Bridges.

Pecados Respetables: Impaciencia e Irritabilidad

Impaciencia e Irritabilidad — Estas dos características están íntimamente relacionadas. Es más, ambas palabras tienen mínima diferencias dependiendo del contexto en que las usemos. Así que en este estudio voy a definir la impaciencia como una fuerte sensación de molestia por las faltas o fallas que generalmente cometen los demás sin intención. Comúnmente, la impaciencia se demuestra con palabras destinadas a humillar a la persona (o personas) que nos provocan a ella.

La clave para entender esa clase de alteración es que es una respuesta a una acción generalmente involuntaria de los demás.

impatience2Usted, ¿falta paciencia con los que tienen una discapacidad auditiva cuando tiene que repetir las palabras? O, quizá ¿falta paciencia con los que tienen la increíble capacidad de estar a tiempo justo en el momento por salir. ¿Cuando tiene que sentarse a esperarlo? ¿Cómo puede manejar esa situación? 

Estas cuestiones de la vida real son sólo dos ejemplos de todas las cosas que debemos enfrentar con la gente que convive a trabaja con nosotros mientras tratamos de resistir la tentación de ser impacientes. Es más, debemos observar que ni una discapacidad auditiva ni el horario de otro nos provocan a ser impacientes. Simplemente proveen una oportunidad para que se manifieste nuestra naturaleza carnal. La causa real de nuestra impaciencia radica en nuestro corazón, en nuestro deseo de insistir en que los demás se conformen a nuestras expectativas.

irritability-400x400Los padres se impacientan por la lenta reacción que tienen sus hijos adolescentes a la disciplina. La lentitud en responder a nuestro entrenamiento puede orillarnos a la impaciencia. Algunos cristianos son conocidos por ser muy impacientes a la hora de conducir su auto, o se impacientan por la lentitud del servicio en una tienda, el banco, o un restaurante.

En varias de sus cartas el apóstol Pablo escribió exhortaciones para que seamos pacientes. “El amor es sufrido…” (1 Corintios 13:4) En Gálatas 5:22-23 la paciencia es una de las nueve expresiones del fruto del Espíritu. En Efesios 4:1-2 el mismo Apóstol nos insta a vivir con paciencia, y en Colosenses 3:12 dice que debemos vestirnos de paciencia. Es claro por los escritos de Pablo que debemos cultivar la cualidad de la paciencia. Y también podemos inferir que la impaciencia, su antónimo, es un pecado que debemos hacer morir en nuestra vida.

Quien se impacienta con facilidad frecuentemente es una persona irritable. La mayoría de nosotros perdemos la paciencia en algunas ocasiones, pero la persona irritable es impaciente la mayoría del tiempo porque es alguien ante quien sentimos que debemos andar de puntillas. No es agradable estar con esa clase de personas, pero lamentablemente, los miembros de su familia y compañeros de trabajo no tienen otra opción.

¿Ha estado usted enojado con alguna persona o alguna circunstancia por mucho tiempo? Si es así, quizá usted sea una persona irritable. Si está enojado continuamente con otra persona (o personas), tal vez necesite aprender a tolerar sus acciones involuntarias. Proverbios 19:11 habla del tema de la ira, “La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa.” Y Pedro escribió que él amor cubre una multitud de pecados” (1 Pedro 4:8). Podemos decir que si el amor cubre una multitud de pecado, cuánto más cubrirá la multitud de acciones que nos irritan.

Ojalá seamos tan severos con nosotros mismos respecto a nuestros pecados sutiles como lo somos con los que condenamos en los demás. Que no seamos como el fariseo que se creía muy justo y que fue al templo a orar con las palabras en Lucas 18:11-13:

11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;

12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.

13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.

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Estudio del libro, Pecados Respetables, por Jerry Bridges.

Pecados Respetables: Falta de Dominio Propio

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Como ciudad derribada y sin muro
Es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.

(Proverbios 25:28)

En los tiempos bíblicos, lo más importante para una población eran los muros. Si estos estaban fracturados, el ejército enemigo podía entrar y conquistarla. Recordemos el relato de la caída de Jericó en el que Dios provocó que los muros se derrumbaran y el ejército de Israel pudo avanzar con facilidad y tomar la cuidad (Josué 6).

En la misma manera que una ciudad sin muros es vulnerable ante un ejército invasor,  así lo es la persona que carece de dominio propio, pues queda expuesta a todo tipo de tentaciones. Lamentablemente, Salomón, que fue quien escribió esa verdad de Proverbios 25:28, comprobó con su vida en forma triste y dolorosa esas palabras. La Biblia registra que ese rey tuvo seiscientas esposas y trescientas concubinas de todas las naciones de las cuales el Señor había dicho al pueblo de Israel que no debían tomar mujeres (1 Reyes 11:1-3). Pero Salomón dio rienda suelta a sus pasiones e ignoró por completo la prohibición divina. Puesto que era el soberano más poderoso de su época, tenía acceso a todo lo que deseaba.

Pero, en vez de ejercer dominio propio, ignoró sus propias palabras de sabiduría que sus pasiones se desbordaran. Salomón pagó un alto precio por su falta de dominio propio. Sus mujeres apartaron su corazón de Dios. Fue por esa causa que el Señor dividió su reino en los días de su hijo Roboam.

Proverbios y las cartas del Nuevo Testamento tienen mucho que decir acerca del dominio propio. Pablo lo menciona como uno de las demostraciones del fruto de Espíritu (Gal. 5:22-23) y también lo incluye en la lista de los desenfrenos que serán característicos de los últimos días (2 Tim. 3:3). Por otro lado, en varias ocasiones en sus dos cartas, Pedro instó a los creyentes a ser sobrios, o auto controlados (1 Pe. 1:13; 4:7; 5:8; 2 Pe. 1:5).

A pesar de la enseñanza bíblica del dominio propio, sospecho que esta es una virtud que no recibe atención concienzuda de parte de la mayoría de los cristianos.  Hemos establecido límites en nuestra cultura cristiana con los cuales evitamos cometer ciertos pecados abiertos, pero dentro de esas fronteras podríamos decir que vivimos como se nos antoja. Pocas veces nos negamos a satisfacer nuestros deseos y emociones. La falta de dominio propio bien podría ser uno de nuestros pecados “respetables”. Y al tolerarlo nos hacemos más vulnerables a otros más.

¿Qué es el dominio propio? Es el control prudente o gobierno de nuestros deseos, apetitos, impulsos, emociones y pasiones. Es saber decir “no” cuando debemos hacerlo. Es la moderación de los deseos y actividades legítimas y un freno absoluto en las áreas que son a todas luces pecaminosas.

El dominio propio que aparece en la Biblia abarca todas las áreas de la vida y requiere una guerra incesante contra las pasiones de la carne que batallan contra nuestra alma (1 Pe. 2:11). Podríamos decir que el dominio propio no es dominarnos por nosotros mismos gracias a nuestra fuerza de voluntad, sino que es el control de uno mismo gracias al poder del Espíritu Santo que opera en nosotros.

Aunque debemos ejercer dominio propio en todas las áreas de la vida, en este estudio vamos a estudiar tres aspectos donde los cristianos fallan con demasiada frecuencia.

dominio propioEl primero es el de comer y beber de mas. A lo que me refiero es la tendencia constante de ceder ante nuestros deseos de ingerir ciertas comidas y bebidas. No estoy tratando de hacer sentir culpables a los que les encanta comer helados o beber gaseosos, o a quienes les encanta ir a su cafetería favorita a tomar café todos los días. A lo que me refiero es la falta de dominio propio, a la tendencia de controlar nuestros deseos de tal manera que estos nos controlen, en vez de ser nosotros quienes los controlemos.

iraUna segunda área de falta de dominio propio es el carácter del cristiano. A algunos se les conoce por ser enojones o de mecha corta. Los estallidos del temperamento están dirigidos, por lo general, a cualquiera que hace algo que nos desagrada. Miren las advertencias contra la persona de mecha corta en Proverbios 14:17 y 16:23. Santiago amonesta a los creyentes a ser tardos para airarnos (1:19).

finanzas personalesLa tercera área en la que muchos cristianos carecen de dominio propio es en el área de las finanzas personales. No sólo los que están endeudados fallan en el ejercicio del dominio propio en cuanto a lo que gastan. Mucha gente adinerada, incluyendo algunos creyentes, gastan en todo lo que su corazón desea. Son como el escritor de Eclesiastés 2:10.

Hay otras áreas en las que necesitamos aprender a autocontrolarnos, así que le animo a reflexionar en su propia vida. ¿Hay deseos, apetitos o emociones que, en cierta medida están fuera de su control?

Estudio del libro, Pecados Respetables, por Jerry Bridges.