El Discipulado Tiene Su Comienzo En El Hogar (Deut. 6:6-9; 20-25)

El cristiano decidido de guiar a su familia no puede tomarse el lujo de ir en punto muerto. Lo que quiero decir  con esto es que no es una cuestión de rumbo, si estamos preparando a la próxima generación para una vida cristiana productiva, sino es un asunto de hacer saturar la vida de tus hijos con la Palabra de Dios para estar seguro que van a lograr el objetivo.

gps-desiertoHace varios años atrás, nuestra familia viajó hacia el sur y San Martín de los Andes. Antes de emprender el viaje recibí varios consejos concernientes aquel camino y las diferentes dificultades que uno enfrenta por la escasez de servicios en varios tramos. Varias personas me hicieron entender que “hay que cargar combustible antes de cruzar el desierto.” Cuando llegó el día de viaje salimos muy de mañana con la idea de llegar la misma noche. El único problema era que yo nunca había pasado por aquel camino. Así que, cuando llegamos al camino por el desierto, ¡no lo reconocí como tal! Sí, vimos varias estaciones de servicios y carteles anunciando, “último combustible por 280km”, pero yo me fijé en el reloj y me indicaba que tuvimos un tanque casi lleno. Comenzamos a cruzar y llegamos a un punto donde no había nada y no había casi nada de combustible. En este momento yo empecé a orar. Buscamos en GPS la estación de servicio más próximo a nuestra posición en mapa y decía a casi 80km de dónde nosotros nos encontramos. Seguimos en ruta y comenzó a cambiarse la topografía. Comenzamos a subir cada vez más hasta llegar a una pequeña cima y poder mirar abajo a ver un pueblito. En mi mente comencé a regocijarme porque “habíamos logrado llegar milagrosamente”. En aquel mismo momento se cortó el motor y yo lo dejé rodar en punto muerto. fuel-tank-empty

Bajamos por casi 10km con el motor apagado hasta terminar al costado del camino en la rotonda de la entrada de aquella pequeña comunidad. Pudimos cargar combustible y seguir en camino al destino.

leer-instruccionesMuchos cristianos creen equivocadamente que tienen un bastante buen concepto de cómo es navegar en esta vida turbulenta las dificultades de criar a una familia “en disciplina y amonestación del Señor” cuando en realidad jamás han pasado por aquel camino.  Lamentablemente, muchos creen que si llegaran  a estar en una posición vulnerable, sólo haría falta dejar a sus vidas continuar rodando en punto muerto.

¡No es una buena estrategia no tener una buena estrategia! Por esta misma razón Dios va a dar instrucciones a su pueblo en cuanto al cuidado de la familia para asegurar que cada generación esté preparada para enfrentarse con la pregunta inevitable de parte de los hijos, ¿por qué es que vos creés así? Vamos a examinar el texto para encontrar una estrategia bíblica para discipular a nuestros hijos y cómo resultado esto nos prepara para la tarea vital de discipular a otros creyentes.

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I. La revelación de Dios tiene que incorporarse en la rutina de nuestras vidas. Vs. 6-9

A. Es necesario que los padres tienen sus vidas saturadas en la Palabra de Dios. V. 6 

Esta es una referencia a la instrucción de versículos 4-5 que tienen referencia a 4:1-2. Es necesario amar a Dios y este amor tiene su base en nuestro conocimiento de su Palabra. Sobre el corazón no es tan literal como un símbolo de su constante presencia. Es la única manera de garantizar un amor y obediencia a Dios Jn. 14:15

B. Los padres tienen que involucrar a sus hijos en el proceso de aprendizaje de la Palabra. V. 7 

La Palabra de Dios tiene que saturar a la vida cotidiana. No puede ser que se espera que las pocas exposiciones a la Palabra los días domingo y miércoles sean suficientes en nuestras mentes. Si tus hijos miren al televisor, están siendo influenciados durante horas, mejor dicho indoctrinados durante mucho tiempo. Si la Palabra de Dios no se enseña en tu casa, no te debés sorprender si algún día no les importa las cosas de la Biblia porque no la creen.

C. La Palabra de Dios tiene que ser prominente en tu vida en familia. V. 8-9 

Para el creyente no puede haber contacto casual con la Palabra de Dios. Hay que dejar memoria de ella en cada rincón y en cada actividad. Debe estar a mano constantemente. No es tan fácil acordarse de la necesidad de hacer mención de Dios en cada circunstancia de la vida cotidiana hasta que llegue a ser un hábito o el tópico de toda conversación. El uso constante de la Palabra de Dios se llama discipular o entrenar a los hijos en las cosas de Dios. Implica un interés por parte de los padres en la condición espiritual de los hijos. Esto tiene que ocurrir diariamente y constantemente.

II. La recompensa por la obediencia es vida generacional. Vs. 20-25

Cuando el hábito se convierte en interés personal.

A. Prepárense para la interrogativa sobre tu fe personal. V. 20  

Algún día va a llegar un momento cuando el hijo va a quiere saber por qué debe de hacer de tu obediencia llegar a formar parte de su vida personal. Si dios mandó a los padres hacer algo, ¿Cómo se aplica a la vida de los hijos?

B. Dar respuesta contando de las maravillas de Dios en tu vida. Vs. 21-23 

Para los rabís, su interpretación de esta sección no era que los padres solos sino cada generación sucesiva estuvieron presentes en el éxodo. Así que, no fue un milagro para algunos pocos sino una demostración del poder de Dios para librarnos de la esclavitud del pecado para cada generación. I Cor. 6:20

C. Repetir las promesas de Dios en cuanto a la posibilidad de ser aceptado en Él. Vs. 24-25

Es la intención de Dios de bendecir a su pueblo y esto se ve en que los mandamientos vienen después de la promesa. La justicia en mente es la de Dios al desarrollarse una relación correcta entre Dios y los suyos. No es solo el mantener los estándares de Dios sino el compromiso de Dios de salvarlos y mantenerlos en su amor.

Cambiando la discordia familiar en concordia

!Mirad cuán bueno y cuán delicioso es
    Habitar los hermanos juntos en armonía!

(Salmo 133:1)

armonia familia

Las relaciones con los demás pueden ser un aspecto extremadamente satisfactorio de la vida. Esto está afirmado en Salmo 133:1. Desafortunadamente, todos sabemos por experiencia personal que existe otro lado en esta historia. Probablemente se han derretido más lágrimas sobre malas relaciones que en cualquier otra cosa. Es extremadamente raro encontrar a alguien que su lucha más grande no ha sido con otra gente. Nada puede afectar nuestro caminar con Dios y nuestro servicio para Cristo más que la manera en que nos relacionamos con los miembros de la familia. En su pasaje clásico sobre relaciones matrimoniales piadosas, Pedro ilumina el hecho de que el seguir sus directivas es asunto de preocupación para Dios (I Pedro 3:1, 4, 7).

Principios Bíblicos para Concordia en la Familia

Efesios 4:1-3 es uno de los pasajes mayores en la Biblia sobre cómo resolver conflictos. Cuando lo comparo a conflictos familiares que he experimentado u observando, siempre me maravillo de su profundidad, comprensibilidad, y practicidad.

Cualidades de Pacificadores

Diligencia – Muchas personas harán lo que sea necesario para avanzar en sus profesiones, pero no tienen voluntad de hacer el mismo esfuerzo en el hogar. Al enfrentar la vida familiar, son perezosos, esperando que buenas relaciones familiares se desarrollarán automáticamente. Tienen la fantasía de los cuentos de hadas que un hogar piadoso y pacífico es el resultado de magia o suerte en vez de esfuerzo laborioso. Como resultado, sus familiares se despedazan por un laberinto de conflictos sin resolución.  Según Pablo, mantener la paz adentro o afuera de la familia requerirá diligencia y dedicación (Ef. 4:3). Tenés que tener voluntad de hacer todo esfuerzo y entregarle el todo.

Humildad – Las palabras “con toda humildad” encontradas en Ef. 4:2 enseñan una segunda característica del pacificador. La actitud de Dios hacia la humildad y su opuesto el orgullo se destaca en muchos pasajes de la Escrituras. Isaías nos dice que Dios escoge morar en una manera única con el contrito y humilde de espíritu (Is. 57:15). (También 1 Ped. 5:5; Sant. 4:6; Lu. 18:14; Mat. 23:12; Prov. 16:5, 15:33, 29:23.)  Nadie puede leer estos pasajes y dudar que el orgullo es un impedimento en nuestra relación con Dios. La gente orgullosa tiende a tratar a los miembros de la familia sin respeto.

Mansedumbre – El concepto muy descuidado y frecuentemente malentendido de mansedumbre es el tercer factor en el programa de paz de la Biblia (Ef. 4:2-3). En tiempos bíblicos, la palabra griega traducida “mansedumbre” era usada a veces por un animal domado. Piensa en las implicaciones de esto para relaciones interpersonales. Una persona falta de mansedumbre es como un animal salvaje. Al aplicarlo a relaciones familiares, el punto de Pablo sobre la mansedumbre es bien entendido. Las familias se desintegran cuando partidos en el hogar comen, devoran, y se despedazan unos a otros. Tal comportamiento salvaje produce aprensión, defensiva, y mentes cerradas mientras los miembros de la familia tratan de protegerse del daño. En esta atmósfera, la resolución de conflicto es muy difícil.

Paciencia – Por ser una persona paciente lenta para enojarse o enfadarse, no sobre-reacciona a desacuerdos. Su conducta calmada quita el encendedor de conflictos potenciales (Pr. 15:18). Bajo presión, la persona paciente desvía o mitiga las ofensas con su compostura (Ecl. 10:4). No muestra inmediatamente su irritación al ser atacado (Pr. 12:16). No regresa maldad por maldad. Al contrario, dedicándose a Aquel quien juzga con justicia, busca responder de una manera que agrada a Dios y ayuda a otras personas (I Pedro 2:21-23).

Clemencia –Muy cerca a la paciencia está la cualidad de carácter llamado clemencia. En un sentido es una faceta de paciencia, no podés tener una sin la otra. Sin embargo, Pablo en Ef. 4:1-3 señala el soportar para darle énfasis especial. Así señala el papel clave que tiene esta faceta de la paciencia en preservar la unidad.

 Tu Familia, Como Dios la Quiere; Wayne Mack

 

El Oficial de la Paz Que Necesita Cada Familia (2)

“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” (2 Corintios 5:14-15)

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La Unidad Por un Propósito Común para Vivir

En hogares donde el Señorío de Cristo y su presencia son realidades vivas, Él opera como un oficial de paz por proveer un propósito común para vivir. La realidad del amor de Cristo llega a ser una fuerza apremiante que levanta a la gente arriba de sus propios intereses egoístas para vivir para Él y sus propósitos. Cuando el amor de Cristo expresado en su vivir, morir, resucitar y reinar por nosotros llega a ser una atesorada realidad que mora en nuestra experiencia, muchos de los desacuerdos que tenemos con otras personas parecen insignificantes. Estamos acogidos en una causa mucho más grande y más importante que cualquiera de nuestros intereses pequeños. Se rompen nuestros corazones y se llenan del amor de Cristo. En respuesta, decimos con Juan el Bautista, “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Juan 3:30).

Cuando Cristo es real en nosotros, lo vemos como nuestra mayor posesión, como Pablo la hacía en Filipenses 3:8. Cuando estamos en unión vital con Jesús, el deseo de nuestros corazones es verlo exaltado. Conseguir gloria para nosotros mismos o tener nuestra propia voluntad pierde su encanto. Buscar primeramente el Reino de Dios y su justicia llega a ser nuestro mayor interés. Cuando reconocemos la causa más alta en la cual como creyentes estamos involucrados, es maravilloso que tan rápidamente se cambien nuestros desacuerdos. Cristo nos une en nuestra entrega o propósitos más significativos que las pequeñeces en las cuales tenemos diferencias.

La Unidad por medio de una Capacitación Común

Cristo hace su trabajo como un oficial de paz que cada familia necesita para llenar sus vidas con un sentido de contentamiento, fuerza y seguridad. Muchos de nuestros conflictos en la casa se desarrollan porque tratamos de sacar de nuestras relaciones familiares lo que debemos recibir solo de Dios. Estamos buscando en los miembros de la familia nuestra seguridad, satisfacción, afirmación y contentamiento. Precisamente de esto es lo que acusaba Dios a los religiosos del tiempo de Jeremías (Jer. 2:13). En cualquier momento que buscamos contentamiento y seguridad en los miembros de la familia, estamos abandonando la fuente de agua viva por escarbar cisternas rotas que no pueden contener el agua.

El recordatorio de Pablo en Col. 2:10 de que hemos sido hechos completos en Cristo pega bien en el blanco. Objetivamente, en nuestra posición ante Dios, tenemos todo lo que necesitamos porque estamos unidos a Cristo. Dios nos ha declarado justos y nos ve como inculpables. Toda la justicia perfecta de Cristo ha sido acreditada a nosotros. Por nuestra unión con él, no necesitamos otra justicia para hacernos aceptables a Dios.

Nuestra entereza en Cristo, sin embargo, va más allá que este aspecto objetivo. Cristo vino para que experimentáramos un tipo de entereza subjetiva también. El propone cambiar nuestra condición igual que nuestra posición (Juan 10:10; 7:37-38). Cuando estamos viviendo una relación vital, personal con Cristo, experimentamos un sentido de entereza subjetiva. Dios nos da una fuerza interior para poder decir con Pablo… (Fil. 4:11).

Miembros de la familia muchas veces llegan a ser contenciosos y emocionales porque se sienten amenazados. Debajo de sus respuestas pecaminosas hay un sentido de vacío e inseguridad que tratan de vencer por la aprobación de otras personas. Interpretan desacuerdos como desaprobación. En tales casos los miembros de la familia han olvidado que ellos ya están enteros (suficientes) en Cristo. Los que viven en una relación plena con Cristo no necesitan dominar a otras personas. Nuestro valor y satisfacción no lo sacamos de los que nos rodean, nos es imputado de la misma manera que nos es imputada la justicia. Cualquier valor que tenemos es un regalo por nuestra relación con Cristo. En unión con Él hemos sido bendecidos también con la presencia que mora en nosotros del Espíritu Santo, quien nos hará igual a Jesucristo y nos da poder de cumplir el llamado de Dios para nuestras vidas, a pesar de la opinión que la gente pueda tener de nosotros. Esta aprobación, acuerdo y apreciación de otros miembros de la familia es agradable, aún deseable. Pero no es una necesidad absoluta porque en Jesucristo tenemos todo lo que necesitamos para vivir.

 

Tu Familia Como Dios La Quiere

 

El Oficial de la Paz Que Necesita Cada Familia

Efesios 2:13-22

13 Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

14 Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,

15 aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas,para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,

16 y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

17 Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca;

18 porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

19 Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,

20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

21 en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

22 en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

Llevarse bien con otras personas, aun con miembros de la familia, puede ser dolorosamente difícil. Los conflictos y las divisiones ocurren tan fácilmente y son tan difíciles de resolver… Pero la Escritura nos extiende la posibilidad de que la gente puede establecer una profunda paz que perdure por un oficial de la paz único y especialmente ordenado con credenciales impecables y habilidad sin límites. Me refiero, por supuesto, a Jesucristo, quien Dios mandó para ser nuestra paz, para derribar paredes, y para abolir enemistad (Ef. 2:13-22). Nunca ha habido otro oficial de la paz como Jesús. El puede hacer lo que ningún otro pacificador puede.

Para mantener buenas relaciones familiares, debés prevenir y resolver desacuerdos y conflictos. Jesucristo se especializa en este tipo de trabajo. Por eso digo que el factor más crítico para prevenir o resolver conflictos familiares es tu propia relación con Jesucristo.

Como creyentes, nuestra unión común con Cristo es la base para nuestra unión unos con otros. Si estamos unidos con Él como cabeza, estamos unidos unos con otros como miembros de su cuerpo. Tener paz con Dios por la sangre limpiadora de Cristo prepara el camino para armonía unos con otros. Otras cosas que nos pueden separar  se desvanecen en insignificancia al compararlo con nuestra unión común y devoción a Cristo. En Filipenses 4:2 Pablo escribió a dos mujeres que tenían una brecha mayor en su relación. Es probable que Evodia y Síntique estuvieran rencorosas, quemando en amargura y evitándose una a la otra.

Pablo sabía que los conflictos se desarrollan principalmente y se mantienen sin resolver entre cristianos porque se enfocan en las cosas pequeñas que nos dividen en vez de las cosas significantes que nos unen. Así que Pablo les llama a la atención a estas mujeres en enemistad al asunto central, crucial, de lo que tienen en común en su unión con Cristo.

Evodia y Síntique podían haber tenido distintas personalidades, intereses, fondos culturales, y perspectivas en muchas cosas. Pero las dos estaban en unión con Jesucristo. Es esta unión que hace la paz y la armonía posible al nivel práctico.

Situaciones similares a ésta de Evodia y Síntique frecuentemente ocurren en familias. Una y otra vez he escuchado miembros de la familia que están en guerra decir algo así, “No tenemos nada en común. Chocan nuestras personalidades. Nuestros deseos, y expectativas son diferentes. Aun nuestros gustos y disgustos nos hacen incompatibles. Simplemente no podemos llevarnos.”

Pero he visto estas paredes feas derribarse cuando los miembros de la familia tienen voluntad de cambiar su enfoque de las cosas que nos dividen y molestan para enfocarse principalmente en su relación con Cristo Jesús. Al tratar con la resolución de los conflictos, no hay nada más importante, más práctico, ni más provechoso que una relación vital con Jesús. Notar que dije una relación vital con él. Hay muchos cristianos que, aunque tienen una relación con Cristo, no tienen una relación realmente vital y profunda.

“Bajo Nueva Gerencia”  Esto es lo que es un cristiano—alguien bajo nueva gerencia. Un cristiano es una persona que confiesa a Jesucristo no solo como Señor del universo sino como Señor de su vida, y quien se está sometiendo a las implicaciones de este señorío en las detalles prácticas de la vida. Si cada familia ha reconocido a Jesús como Jefe, su voluntad revelada en su Palabra llega a ser la norma común por lo cual se toman decisiones y se arreglan las diferencias. En una familia así, las personas no siempre pueden estar de acuerdo en lo que significan las Escrituras ni cómo aplican. Pero van a tener un acuerdo básico que las Escrituras y no sus propios deseos ni opiniones tienen la autoridad final. Si, entonces, los miembros de la familia están en desacuerdo sobre el significado o aplicación de la Escritura, el someterse al Jefe los animará a esperar mejor perspectiva de su voluntad. En tales familias Cristo funciona como el oficial de paz cuyas normas proveen una base sólida para prevenir y resolver conflictos familiares.  

Tu Familia Como Dios La Quiere

¿Por qué pelean las familias? (Parte 4)

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. (Mateo 5:10-11)

Puede que sentís que no recibís suficiente sostén emocional, respeto, aprobación, afirmación, o afecto de otros miembros de la familia. Puede que estás buscando más ayuda física en el hogar y sentís que los demás te toman ventaja. O tal vez querés algo espiritual, como que estén de acuerdo con tu interpretación de las Escrituras, conformidad a tus normas de lo correcto y lo incorrecto, o mejoría en el caminar con el Señor de algún miembro de la familia.¿Cómo reaccionás cuando los demás no cumplen tus deseos? ¿Y por qué reaccionás de esta manera?

Conflicto por la Causa de la Justicia 

La Escritura nos recuerda que a veces la gente se nos va a oponer porque representamos la justicia. Los creyentes pueden esperar oposición en la sociedad. Pero Jesús también nos advierte de discordia similar adentro del círculo familiar (Mt. 10:35-36). En ocasión, la discordia familiar se presenta porque alguien (una esposa, un esposo, un padre o un hijo) representa la justicia y otros se oponen a aquella justicia.

La rectitud de Abel trajo la ira de su hermano Caín (Gen. 4). Asimismo, los hermanos de José lo odiaban (Gen. 37). Y así, aún en el hogar del creyente hay veces que los miembros de la familia se van a perturbar por sus convicciones de él o ella. En ocasiones, aún vos podés ser el que se perturbe por alguna convicción justa o acción de otro miembro de la familia. Desafortunadamente, en este lado del cielo todos somos capaces de oponer la voluntad de Dios y disgustarnos con aquellos que buscan obedecerlo.

Me gustaría pensar que cada vez que he tenido conflicto con otro miembro de la familia, es porque he estado representando a Cristo. Pero en muchas ocasiones, la razón de nuestros conflictos es porque he reaccionado con egoísmo a nuestras diferencias o a la justicia de la otra persona. Demasiadas veces, he sido culpable de lo que condena Santiago (4:1-3). He deseado algo y no lo he conseguido. ¡Ah! Podría dar todas las razones espirituales en el mundo porque mis deseos eran correctos y por eso justificarme por estar enfadado. Pero la verdad es que estaba sufriendo más por la causa de mi ego que por la justicia. Y lo que es verdad de mí es muchas veces verdad de los demás. Actitudes y acciones pecaminosas se deben despojar y actitudes y acciones bíblicas (centradas en Cristo) se deben desarrollar por el poder del Espíritu Santo que mora adentro.

Cómo Prevenir Conflictos Familiares

¿Cómo prevenís y resolvés los conflictos familiares? El primer paso es estar consciente que en cualquier relación terrenal muy cercana, los desacuerdos fácilmente se pueden convertir en conflictos. Entre más cercana la relación, más potencial hay para contención y discordia. Para que no ocurra eso en tu familia, reconocé las maneras específicas en lo cual sos semejante y en cuales diferente. Discutí tus disparidades cabalmente.

Luego buscá discernir la razón por las cuales estas diferencias tienden a escalar en conflictos. Sea honesto delante de Dios. Preguntáte: ¿Me molestan tanto estas diferencias y desacuerdos porque soy egoísta? ¿Es porque quiero mí manera y la otra persona no está cooperando con mis demandas? ¿Tengo envidia? ¿Tengo motivos no piadosos? Diagnosticá lo que pasa en tu vida y tus relaciones por usar las Escrituras como norma. Dondequiera que encontrás tus actitudes, pensamientos, emociones y acciones siendo no-bíblicos, tomá la responsabilidad entera de ellos. ¡No buscás echar la culpa a otro o racionalizarte! Al contrario, reconocé tus pecados y mirá a Jesús por su perdón. Fijá tus ojos en Él, y confiá en Él para ayudarte a responder a tus diferencias y desacuerdos en una manera más piadosa y más constructiva. Por su poder, la discordia familiar se puede cambiar en concordia familiar.

¿Por qué pelean las familias? (Parte 3)

¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?  Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.  Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.  (Santiago 4:1-3)

Miembros de la misma familia pueden diferir en personalidad, perspectiva, valores, dones y habilidades, intereses, gustos, disgustos, nivel de educación, inteligencia y adiestramiento. Estas disparidades proveen frecuentemente la ocasión para desacuerdos y malentendidos que pueden producir contención. Así que, el ser diferente es una contribuyente mayor de conflictos familiares.

Las Tres Fases del Matrimonio 

Alguien ha dicho que la mayoría de los matrimonios pasan por tres fases.

La fase 1 es el éxtasis o el encantamiento. Este ocurre durante el noviazgo y los primeros días del matrimonio, cuando reina el romance. Todo es maravilloso, y el cónyuge no puede hacer nada mal.

La fase 2 es la realidad o el conflicto, la fase donde la pareja reconoce que los dos no siempre ven todo igual. Gradualmente empiezan a reconocer que no se casaron con quien creían que se casaron. Empiezan a ver que la otra persona tiene faltas reales y que tienen diferencias fuertes sobre ciertos asuntos. Poco a poco (si no rápidamente) empiezan los conflictos entre ellos.

De esta fase se pasa a la tercera que tiene tres direcciones. Algunas parejas deciden que no pueden manejar sus diferencias y escogen el divorcio. Otros proceden a adoptar un statu quo infeliz, donde sólo coexisten. Un tercer grupo aprende a manejar sus desacuerdos y a prevenir y/o resolver sus conflictos. Como resultado, avanzan a una relación de maduración o crecimiento y desarrollo. Para estas parejas, los desacuerdos matrimoniales o familiares les proveen el ambiente propicio para progresar y entrenarse en la marcha para aplicar los principios bíblicos. Consiguen una cosecha de justicia porque han aprendido la habilidad importante de resolver conflictos.

Pero la pregunta es, ¿cómo lograr ser pacificador en vez de guerrero? ¿Qué es menester hacer para prevenir y resolver los conflictos bíblicamente? Entender el por qué los desacuerdos son inevitables y la razón para que surjan los conflictos es un factor importante. Tener una respuesta clara a la pregunta de Santiago 4:1 es el primer paso.

Buscando las Raíces de los Conflictos

Pero ¿por qué se conviertan tan fácilmente las perspectivas diferentes en conflictos? Las Escrituras declaran que tenemos conflictos por nuestros deseos que luchan adentro de nosotros; porque queremos algo que no podemos tener (Sant. 4:1-3). Santiago nos despoja de todas nuestras pretensiones piadosas y llega a la raíz de muchos de nuestros conflictos interpersonales. En otras palabras, las diferencias muchas veces se tornan a conflictos porque somos egoístas. Queremos que los miembros de la familia vean las cosas como nosotros las vemos, que crean lo que nosotros creemos, que actúen como queremos, o que hagan lo que queremos que se haga. Y cuando no cooperan, nos frustramos. Luego, por nuestro egoísmo, respondemos en una variedad de maneras pecaminosas. Puede que tratamos de forzar los miembros de la familia a sumisión por sermonearlos, gritarles, o argüir incansablemente. Tal vez desenfrenamos y los castigamos verbalmente o aún físicamente. O puede ser que usamos maneras más sutiles para presionarlos a someterse o lastimarlos por no estar de acuerdo con nosotros. Hacemos pucheros, nos retiramos, lloramos, o fruncimos el entrecejo, o somos silenciosos, no cooperativos o pródigos. Porque nuestros deseos se bloquean, nuestros esfuerzos a controlar la situación producen conflictos.

Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; (Ro. 12:4-6)

Por los dones y talentos disimilares que Dios nos ha dado (Rom. 12:4-6), podemos tener un interés más profundo de ciertas cosas que tienen otros miembros de la familia. Es fácil pensar que todos deben ser tan devotos a un asunto particular como somos nosotros, e intentamos forzarlos, y comunicarles que anda algo mal con ellos por su falta de entrega. Las áreas en las cuales los miembros de la familia pueden diferir son casi inumerables.

TU FAMILIA, COMO DIOS LA QUIERE, por Dr. Wayne A. Mack

¿Por qué pelean las familias? (Parte 2)

!!Mirad cuán bueno y cuán delicioso es
    Habitar los hermanos juntos en armonía!  

Salmo 133:1

Los datos bíblicos, registros históricos y experiencia personal indican que en las relaciones interpersonales los desacuerdos son inevitables. Tu felicidad personal es afectada gracias a la forma en que manejás los desacuerdos que surgen (Sal. 133:1). Lo opuesto también es verdad; ya que la mayoría de la gente dice que no hay mayor desánimo que el resultante de una discordia familiar sin resolver.

La Bendición de la Paz

Las escrituras declaran en Sant. 3:8 que la lengua es una fuente de mal, “pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.”

¿Querés tener una cosecha de justicia en tu familia? Santiago dice que no debés esperar que esto ocurra en un hogar marcado por riñas y pleitos. Ocurrirá en familias donde los pacificadores están sembrando paz continuamente. Van a tener una cosecha de justicia.

El Salmo 133 enfatiza el mismo pensamiento. Compara la unidad en la familia con el aceite de ungir. De esa manera fue consagrado Aarón como sacerdote para el uso del Señor. El salmista parece estar diciendo que cuando mantenemos la unidad, nosotros somos apartados especialmente para el servicio del Señor. En una atmósfera de paz y unidad, Dios nos bendice y usa de una manera especial.

Otra frase en este salmo expande más el concepto. El salmista compara la paz y la unidad entre hermanos al rocío (v. 3). Cae poca precipitación en Palestina en el verano. Para que crezcan las plantas, necesita más humedad. Afortunadamente muchas áreas de Palestina, en especial el Monte Hermón, se bendicen con rocío pesado. Esto produce una cosecha abundante. De manera similar, el salmista indica que la bendición de Dios cae abundantemente sobre la gente (individuos, familias iglesias) que aman a la unidad.

Las Tres Fases del Matrimonio 

Alguien ha dicho que la mayoría de los matrimonios pasan por tres fases. La fase 1 es el éxstasis o el encantamiento. Este ocurre durante el noviazgo y los primeros días del matrimonio, cuando reina el romance. Todo es maravilloso, y el cónyuge no puede hacer nada mal.

La fase 2 es la realidad o el conflicto, la fase donde la pareja reconoce que los dos no siempre ven todo igual. Gradualmente empiezan a reconocer que no se casaron con quien creían que se casaron. Empiezan a ver que la otra persona tiene faltas reales y que tienen diferencias fuertes sobre ciertos asuntos. Poco a poco (si no rápidamente) empiezan los conflictos entre ellos.

De esta fase se pasa a la tercera que tiene tres direcciones. Algunas parejas deciden que no pueden manejar sus diferencias y escogen el divorcio. Otros proceden a adoptar un statu quo infeliz, donde sólo coexisten. Un tercer grupo aprende a manejar sus desacuerdos y a prevenir y/o resolver sus conflictos. Como resultado, avanzan a una relación de maduración o crecimiento y desarrollo. Para estas parejas, los desacuerdos matrimoniales o familiares les proveen el ambiente propicio para progresar y entrenarse en la marcha para aplicar los principios bíblicos. Consiguen una cosecha de justicia porque han aprendido la habilidad importante de resolver conflictos.

Pero la pregunta es, ¿cómo lograr ser pacificador en vez de guerrero? ¿Qué es menester hacer para prevenir y resolver los conflictos bíblicamente? Entender el porqué los desacuerdos son inevitables y la razón para que surjan los conflictos es un factor importante. Tener una respuesta clara a la pregunta de Santiago 4:1 es el primer paso: 

¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?

TU FAMILIA, COMO DIOS LA QUIERE, por Dr. Wayne A. Mack