Tener los Oidos Abiertos

La comunicación es una calle de dos direcciones que requiere que ambos manden y reciban mensajes.  El que escucha es tan importante como el que habla. No podemos sobrestimar la importancia de un buen oyente. Dios es nuestro ejemplo. La Escritura dice de Dios el Padre, “Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones…; Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó…, He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír;” (1 Ped. 3:12; Mal. 3:16, Is. 59:1). Dios no necesita escucharnos para sacar información o entendernos. Ya lo sabe todo. Con todo, nos escucha pacientemente. Pablo nos exhorta a ser imitadores de Dios (Ef. 5:1). Si el escuchar es importante para Dios, también debe ser importante para nosotros, como sus hijos. ¿Qué implica ser un buen escuchador? Prov. 2:2 nos estimula a usar nuestros oídos y corazón cuando escuchamos. La oreja representa el hombre exterior y el corazón representa el hombre interior. El escuchar bien, según Dios, significa que toda tu persona esté atenta a lo que te dicen. Debemos prestar toda nuestra atención a la gente que nos habla.

Escuchar con la mente

Como vamos a notar más adelante, la Biblia hace una distinción clara entre “oír” y “escuchar.” Según la Escritura, podés oír con tus oídos, pero no escuchar en realidad. Esto ocurre cuando escuchás sólo con el hombre exterior, no con el hombre interior.

Escuchar por medio de las emociones 

Un buen escuchador practica la admonición de Rom. 12:15. Busca sentir o por lo menos entender lo que siente la otra persona. No tendremos un buen cimiento para responder a lo que la otra persona dice hasta que, de algún modo, hayamos empezado a sentir lo que ella está sintiendo. Mientras respondamos sin invertir tiempo y esfuerzo para empatizar, nuestras relaciones y comunicaciones van a ser huecas. La gente va a concluir que ni la entendemos ni nos importa.

El Bien Escuchar Requiere Disciplina y Autocontrol

El bien escuchar no llega de manera natural. En numerosos lugares la Biblia manda: “Haciendo estar atento tu oído…” (Prov. 2:2); “Inclina tu oído y oye…” (Prov. 22:17); “Escucha el consejo…” (Prov. 19:20); “Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.” (Sant. 1:19).  Es difícil escuchar de verdad, y muy fácil decir o hacer algo destructivo cuando dejás que las emociones te dominen. Por eso, la admonición de Santiago, acerca del escuchar va acompañada del mandato de ser “pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.” Santiago sabía que una vez que has perdido la calma, también perdés tu capacidad de escuchar lo que dice la otra persona. Tus emociones indisciplinadas oscurecerán tu habilidad de recibir e interpretar correctamente las palabras habladas.

 El Bien Escuchar Involucra la Humildad

El mal hábito que tiene mucha gente de hablar sin escuchar viola muchas directrices bíblicas y es un estorbo para las relaciones familiares constructivas. No sólo evidencia insensibilidad, también expresa una forma sutil de egoísmo y orgullo. La humildad está diametralmente opuesta a este tipo de pensamiento y comportamiento. Según la Biblia, se eres sabio y humilde vas a:

  1. Apreciar y escuchar el consejo de otros (Prov. 12:15);
  2. Escuchar respetuosamente lo que otros dicen antes de dar tu opinión en equis asuntos (Prov. 18:2);
  3. Refrenarte de sacar conclusiones o dar tu consejo hasta que hayas escuchado con cuidado (Prov. 18:13);
  4. Reconocer que tu perspectiva de un asunto tal vez esté distorsionada por estar basada en datos insuficientes o influidas por intereses egoístas (Prov. 18:17);
  5. Considerar las perspectivas de otras (Prov. 26:12, 16);
  6. “Sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.” (San. 1:19).

Escuchar es una manera de servir a los demás. El hablar no requiere de humildad, pero sí requiere mucha humildad para escuchar en verdad.

TU FAMILIA, COMO DIOS LA QUIERE, por Dr. Wayne A. Mack

La Comunicación (Parte 7): Discurso Real

«Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.» (Efesios 4:29)

Motivos Apropiados para Hablar

El discurso que merece el nombre de “discurso real” incluye ser abierto y honesto mutuamente; pero no es el único componente. El discurso real es como un diamante, tiene muchas facetas, todas partes esenciales.

 Varias palabras en Ef. 4:29 enfatizan que el “discurso real” ocurre cuando las personas tienen motivos apropiados para hablar. Debemos preocuparnos no sólo de lo que decimos, sino también por qué lo decimos. Pablo nos insta a hablar sólo “lo que sea buena para la necesaria edificación.” Según este versículo, cada palabra, no solo algunas sino la mayoría, debe ser con el propósito de edificar. La palabra griega para edificación era usada para describir el trabajo de un carpintero o un albañil, que era motivado por el deseo de edificar, no destruir. Parafraseando a Pablo, creo que dice, “Asegúrate de que nada de lo que pones en este proyecto de edificación sea más importante que las palabras que usas. Con cada palabra que pronuncias, o edificas o destruyes a la persona. Asegúrate de que lo que dices es motivado por un deseo de edificar a otros. Si no es así, no lo digas.”

Pablo dice al fin del versículo que nuestro discurso tenga el fin de “dar gracia a los oyentes.” Demostrar nuestra inteligencia o que caemos bien no debe ser el propósito de nuestro discurso. No debemos hablar para ventilar nuestra frustración, arreglar las cuentas o poner a otro en su lugar. En nuestra conversación con Dios Él nos invita a que hagamos nada “Por contienda o por vanagloria” Fil. 2:3-4 ¡Imagina cómo sería nuestra familia si en todo discurso competitivo, la promoción de uno mismo fuera eliminado! Al decir que debemos hablar palabras que ministran gracia a otros no significa que nunca debemos compartir cosas negativas con otras personas. Lo que indica es que cuando hablemos, debemos estar convencidos de que lo que decimos es beneficioso para la otra persona.

 

La Manera Apropiada de Hablar

Hablar unos con otros en una manera apropiada es otra faceta significativa en el diamante de la comunicación. Las palabras rodeadas de amargura, enojo, ira, gritería, maledicencia y malicia van a causar corto-circuito en la comunicación efectiva (Ef. 4:31). Pero las palabras benignas, misericordiosas y gentiles facilitarán el “discurso real” (Ef. 4:32). 

 

La Verdad Duele a Veces

Ser honestos con nosotros mismo no siempre es fácil.  A veces es humillante, doloroso y aterrador vernos como en verdad somos.  Como enfrentar la verdad puede ocasionar dolor, negarse a reconocerla parece ser una vía segura de evitarlo. En realidad eso nos impide que desarrollemos la relación que Dios propuso que tuviéramos con Él y con otras personas.  Y estas relaciones pueden ser construidas solamente sobre un cimiento de sinceridad y honestidad.  Y no podemos ser honestos con Dios u otros si no tenemos voluntad de hablar la verdad con nosotros mismos.

 

Andando en la Luz

Varios versículos en 1 de Juan nos ayudan a entender por qué la sinceridad y la honestidad son cruciales para unas relaciones sanas.  “Si decimos que tenemos comunión…, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él (Dios) está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:6-7). 

Dos declaraciones sobre la verdad de este pasaje:

  1. La verdadera comunión con Dios y otros es imposible para la gente que anda en tinieblas. “Si decimos que tenemos comunión, y andamos en tinieblas, mentimos.”
  2. Juan dice, “Si andamos en luz,…tenemos comunión…”  Andar en la luz es requisito prescrito para la comunión verdadera con Dios y otros.
  3. Al construir sobre esta definición, podemos concluir que andar en la luz significa que debemos ser veraces y abiertos con nosotros y con los demás.   

Esconder o disculpar nuestro ser interior, incluyendo nuestros pecados y debilidades, impide que desarrollemos unas relaciones de altura. (1 Juan 1:8, 10)  También, imposibilitamos que haya una verdadera comunión. Tengamos que andar en la luz, de tal manera que tengamos una conciencia cabal de nuestros pecados (1 Juan 1:9).  Jesús indica que los que no quieren ser descubiertos evitan la luz; pero los que no tienen miedo de que los conozcan tal como son se acercan a la luz (Juan 3:20-21).  No pretenden ser lo que no son.  

TU FAMILIA, COMO DIOS LA QUIERE, por Dr. Wayne A. Mack

La comunicación bloqueada

La Comunicación (Parte 5): La comunicación bloqueada

Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. (Efesios 4:25-30)

Mantén Abiertos los Circuitos

Hablar y comunicar no son necesariamente la misma cosa. En numerosos ocasiones traté de llamar a alguien pero no pude comunicarme porque los circuitos estaban bloqueados. Algo pasaba en la línea que hizo imposible mi llamada. Si hubiera hablado ante mi teléfono por varias horas, nadie lo habría aprovechado; y el mensaje no llegaría a la persona a quien iba dirigido. Es muy común que en muchas familias los circuitos están bloqueados. Puede ser que a las familias disfuncionales no les falte la verborrea; los mensajes son enviados pero los miembros de la familia no los reciben ni entienden. No están usando las palabras para edificarse, animarse o hacer que los miembros de la familia estén en armonía (Ef. 4:25, 29). Los circuitos de comunicación deben estar libres, abiertos si estas familias van a funcionar bíblicamente.

 

Dos Categorías de Hablar que Bloquean los Circuitos

Estos son parte de las instrucciones para cómo relacionarnos con los demás a través de una comunicación efectiva.

1. La Mentira – El versículo 25 dice que la mentira bloquea la comunicación en tu familia. La Biblia indica que todos nosotros practicamos la mentira (Salmo 58:3; Jer. 17:9). Todos tenemos un corazón engañoso y descarriado que se ha apartado desde el nacimiento hablando mentiras. Algunos de nosotros somos más engañosos que otros, pero ninguno de nosotros ha sido absolutamente honesto.

a. Mentira Descarada – Las mentiras pueden ser practicadas de muchas maneras. La forma más común es la mentira descarada. Algunos miembros de la familia dicen, “Sí, lo voy a hacer” pero no lo hacen, “No lo hice” cuando sí lo hicieron; “No lo dije de la manera que lo entendiste” cuando esa era su intención. Por miedo Abraham mintió a Faraón sobre su relación con Sara (Gen. 12:10-20). La Biblia demuestra cinco cosas acerca de la mentira 1) es una práctica común. 2) hasta la gente piadosa está tentado a mentir. 3) debemos tomar en serio la amonestación de cuidarnos de la mentira. 4) otros miembros de la familia se dan cuenta de las mentiras. 5) la mentira causa problemas personales y familiares.

b. La Exageración Letal – La exageración es una forma de mentira más sutil, pero igualmente letal. Ocurre cuando inflamamos las cosas fuera de proporción. Las palabras como “siempre”, “nunca”, “nada”, “totalmente”, “absolutamente” y “todo el tiempo” sirven como tarjetas rojas, avisándonos que existe una aseveración exagerada. Raramente es verdad que alguien comete “siempre” cierta ofensa o “nunca” realiza una buena obra en particular. Pero no es una exageración decir que las relaciones familiares son dañadas por tales exageraciones.

c. Falsificación – La falsificación, primo cercano de la exageración, es parte de la familia de la falsedad. Tal vez no existe forma más común de mentir, ya que cambia el orden de los hechos sobre una persona y su comportamiento. La verdad es torcida y distorsionada añadiendo, suprimiendo o presentando con parcialidad los hechos así que el resultado poco tiene de realidad. Como nos advirtió Jesús, hay instancias cuando alguien es maltratado por miembros de su propia familia (Mat. 10:36). Es más, cuando nos lastima otra gente, tendemos a falsificar sus palabras y motivos, causando más disensión en el hogar.

2. Las Palabras Corrompidas – Una segunda categoría de palabras que bloquean circuitos es mencionada en Efesios 4:29. La palabra corrompida, al igual de las falsificaciones, debe ser erradicada de nuestra conversación.

a. La Desviación – Esto ocurre cuando, en el curso de la conversación, ningún asunto es discutido a plenitud. Hay cambio constante de temas sin llegar a ninguna resolución de nada.

b. La Brusquedad Verbal – La brusquedad es una forma de hablar insalubre que hay que hacer a un lado. Las Escrituras nos animan a que seamos expertos en la técnica de la suavidad. Si pronuncias palabras suaves, benignas y respetuosas, la gente se acercará a ti.

c. Palabras de pólvora – Proverbios 18:6 describe a un tipo de discurso insalubre muy serio al que llamo “palabras de pólvora.” Cuando algunas personas “disparan” con su boca, es muy difícil no regresarles el tiroteo verbal, si no físicamente. Su discurso explosivo invita a los azotes, figurativa o literalmente.

d. Discurso Negativo Excesivo – Algunas gentes se quejan constantemente y siempre andan buscando faltas. Pocas veces afirman o hablan de las virtudes positivas en otros. Raras veces reconocen las cosas buenas que pasan en el mundo o en la iglesia o en su familia. Son expertos en el discurso negativo excesivo. El hogar es convertido en un lugar donde los espíritus están quebrantados o abrumados en vez de levantados, donde reina el desánimo en vez de la felicidad – un lugar que la gente quiere y querrá evitar.

¿Quieres edificar tu familia como Dios quiere? Toma en serio estos bloqueadores de circuitos. Por fuera parecen inocentes e inofensivas. Pero no lo son. ¡Son letales!    

TU FAMILIA, COMO DIOS LA QUIERE, por Dr. Wayne A. Mack