Paz En Medio Del Conflicto (Juan 16:25-33)

Todos nosotros tenemos maneras distintas de soportar el conflicto. Un hombre dijo, “Estoy extremadamente preocupado por mí esposa. Ella camina por la casa todo el día hablando con sí misma.” Un amigo le preguntó, “¿y ella no sabe que la podés escuchar?” Respondió e hombre, “justamente es la parte más rara, porque ¡ella cree que la estoy dando caso!” Estoy contento que no hay hombre así aquí hoy, ¿no?

Todos nosotros tenemos maneras distintas de tratar con el conflicto.

En nuestro texto hoy, Jesús confronta a sus discípulos con algunas palabras plenas. La crisis de la cruz está muy cerca de comenzar y ellos no están para nada preparados para enfrentarla. Pero Jesús les asegura que a pesar de su deserción que los ama y que les va a traer paz al final de su obra redentora en la Cruz. Jesús nos enseña que no hay que aguantar la crisis a solos, tenemos a un Dios quien nos ama.

Juan 16:25-33

25 Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre.

26 En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros,

27 pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios.

28 Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.

29 Le dijeron sus discípulos: He aquí ahora hablas claramente, y ninguna alegoría dices.

30 Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que has salido de Dios.

31 Jesús les respondió: ¿Ahora creéis?

32 He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo.

33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.

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I. El camino a Dios Padre es a través de la cruz del Calvario (vv. 25-28).

A. El entendimiento del mensaje celestial depende en la cruz (v. 25). Jesús dice que hasta ahora ha hablado con la gente y con ellos en figuras pero ahora viene la culminación de su obra en la tierra cosa que nos va a hacer posible el entendimiento pleno de su mensaje y propósito. Nos va a revelar el mensaje que el Padre Celestial tiene quiere comunicarnos.

B. El amor del Padre se consigue a través de la cruz (vv. 26-27). El mensaje que Dios quiere que entendamos es que nos ama. Jesús no se contradice al decir que no va rogar al Padre aquí en el verso 26 porque habla de la unidad entre el Padre y el Hijo. “Pedir en el nombre de Jesús no es una forma de conseguir su beneficio, sino que es alegar a su persona y a la obra que ha hecho por los pecadores” (Morris, Leon.  El Evangelio Segú Juan Vol. II, p. 337).  El Padre nos ama y esto es lo que nos hace posible una relación con Él a través de la obra del Hijo. Es cierto que el Padre ama al mundo en cierto sentido, pero ama en forma especial a todos los que por fe creen en el Hijo.

C. El origen divino de Jesús nos asegura que su obra es suficiente para nosotros (v. 28).  Jesús habla francamente con sus discípulos acerca de su origen y dice que procede del Padre y ahora va a regresar al Padre. Todo esto se basa en la obra de la cruz. Jesús vino a morir. Pero tres días después de su muerte, resucitó de entre los muertos para volver al Padre como sello de su obra aquí en la tierra y para asegurarnos entrada delante de su Padre Celestial. (ej. El velo rasgado) Si nosotros deseamos llegar al Padre va a tener que ser a través de la crisis de la cruz de Jesús.

II. Una declaración de fe en Jesús no es suficiente para aguantar la crisis (v. 29-30).

A. Los discípulos afirman entender las palabras de Jesús (v. 29). A esta altura los discípulos confiesan que han llegado a entenderlo que Jesucristo acaba de decir. Pero sabemos que no puede ser del todo cierto porque poco después ellos mismos van a abandonar a su Señor.

B. Los discípulos profesan fe en Jesucristo (v. 30). Es demasiado fácil profesar fe en Jesús cuando todo marcha bien. Pero ahora Jesús será entregado a las autoridades, juzgado y crucificado. Sus discípulos van a enfrentar esta crisis de fe con temor y confusión que va a terminar en su abandono de su Maestro.

III. La Paz de Dios es suficiente para aguantar cualquier crisis (v. 31-33).

A. La verdadera fe se mantiene en medio de la crisis (v. 31-32). Jesús exclama que por fin creen. Pero no se deja engañar por la profesión de fe de sus discípulos porque “sabe todas las cosas” y ya sabe que ellos lo van a abandonar en el momento de crisis por no contar con una fe adecuada. Pero Jesús también afirma que cuando una se siente solo por el abandono de los demás, no es para nada solo cuando el Padre Celestial lo acompaña. El Padre Celestial está siempre con Jesús y de hecho con los seguidores de Jesús. La crisis que estos sucesos produce se puede soportar.

B. En Jesucristo obtenemos paz en medio de la crisis (v. 33). Hay tres contrastes importantes en este versículo. “En mí” se contrapone con “en el mundo”, “tengáis” que habla de poseer la fe en Cristo contra la idea de “tenéis” que es la situación de todo ser humano, y “paz” y es el opuesto de “tribulación”. El vergonzoso abandono de Jesús por parte de sus seguidores en el momento de la crisis de la cruz ya era perdonado porque Jesús sabe que todos nosotros pasaremos por “terrible aflicción”. Pero el nos anima a seguir adelante a pesar de sus circunstancias.

“La cruz iba a simbolizar para muchos, la derrota total de Jesús. Pero, según Él, iba a constituir su victoria absoluta, y la derrota de todo lo que el mundo es y lo que le puede hacer. Jesús avanza hacia la cruz como un conquistador, y no con miedo o tristeza” (Morris, p.343).

El Oficial de la Paz Que Necesita Cada Familia

Efesios 2:13-22

13 Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

14 Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,

15 aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas,para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,

16 y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

17 Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca;

18 porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

19 Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,

20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

21 en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

22 en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

Llevarse bien con otras personas, aun con miembros de la familia, puede ser dolorosamente difícil. Los conflictos y las divisiones ocurren tan fácilmente y son tan difíciles de resolver… Pero la Escritura nos extiende la posibilidad de que la gente puede establecer una profunda paz que perdure por un oficial de la paz único y especialmente ordenado con credenciales impecables y habilidad sin límites. Me refiero, por supuesto, a Jesucristo, quien Dios mandó para ser nuestra paz, para derribar paredes, y para abolir enemistad (Ef. 2:13-22). Nunca ha habido otro oficial de la paz como Jesús. El puede hacer lo que ningún otro pacificador puede.

Para mantener buenas relaciones familiares, debés prevenir y resolver desacuerdos y conflictos. Jesucristo se especializa en este tipo de trabajo. Por eso digo que el factor más crítico para prevenir o resolver conflictos familiares es tu propia relación con Jesucristo.

Como creyentes, nuestra unión común con Cristo es la base para nuestra unión unos con otros. Si estamos unidos con Él como cabeza, estamos unidos unos con otros como miembros de su cuerpo. Tener paz con Dios por la sangre limpiadora de Cristo prepara el camino para armonía unos con otros. Otras cosas que nos pueden separar  se desvanecen en insignificancia al compararlo con nuestra unión común y devoción a Cristo. En Filipenses 4:2 Pablo escribió a dos mujeres que tenían una brecha mayor en su relación. Es probable que Evodia y Síntique estuvieran rencorosas, quemando en amargura y evitándose una a la otra.

Pablo sabía que los conflictos se desarrollan principalmente y se mantienen sin resolver entre cristianos porque se enfocan en las cosas pequeñas que nos dividen en vez de las cosas significantes que nos unen. Así que Pablo les llama a la atención a estas mujeres en enemistad al asunto central, crucial, de lo que tienen en común en su unión con Cristo.

Evodia y Síntique podían haber tenido distintas personalidades, intereses, fondos culturales, y perspectivas en muchas cosas. Pero las dos estaban en unión con Jesucristo. Es esta unión que hace la paz y la armonía posible al nivel práctico.

Situaciones similares a ésta de Evodia y Síntique frecuentemente ocurren en familias. Una y otra vez he escuchado miembros de la familia que están en guerra decir algo así, “No tenemos nada en común. Chocan nuestras personalidades. Nuestros deseos, y expectativas son diferentes. Aun nuestros gustos y disgustos nos hacen incompatibles. Simplemente no podemos llevarnos.”

Pero he visto estas paredes feas derribarse cuando los miembros de la familia tienen voluntad de cambiar su enfoque de las cosas que nos dividen y molestan para enfocarse principalmente en su relación con Cristo Jesús. Al tratar con la resolución de los conflictos, no hay nada más importante, más práctico, ni más provechoso que una relación vital con Jesús. Notar que dije una relación vital con él. Hay muchos cristianos que, aunque tienen una relación con Cristo, no tienen una relación realmente vital y profunda.

“Bajo Nueva Gerencia”  Esto es lo que es un cristiano—alguien bajo nueva gerencia. Un cristiano es una persona que confiesa a Jesucristo no solo como Señor del universo sino como Señor de su vida, y quien se está sometiendo a las implicaciones de este señorío en las detalles prácticas de la vida. Si cada familia ha reconocido a Jesús como Jefe, su voluntad revelada en su Palabra llega a ser la norma común por lo cual se toman decisiones y se arreglan las diferencias. En una familia así, las personas no siempre pueden estar de acuerdo en lo que significan las Escrituras ni cómo aplican. Pero van a tener un acuerdo básico que las Escrituras y no sus propios deseos ni opiniones tienen la autoridad final. Si, entonces, los miembros de la familia están en desacuerdo sobre el significado o aplicación de la Escritura, el someterse al Jefe los animará a esperar mejor perspectiva de su voluntad. En tales familias Cristo funciona como el oficial de paz cuyas normas proveen una base sólida para prevenir y resolver conflictos familiares.  

Tu Familia Como Dios La Quiere

¿Por qué pelean las familias? (Parte 1)

“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.” (Ro. 12:18)

“Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.” (Ro. 14:19)

“Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones.” (Ro. 14:1)

 

Desafortunadamente los conflictos entre la gente es algo muy común hoy en día. Vemos a cristianos morderse y consumirse unos a otros en el hogar y en la iglesia cuando luchan y riñen continuamente. En muchas familias, aún las cristianas, la discordia es algo normal. ¿Qué de vos y tu familia? ¿Batallás algunas veces con otros miembros de tu familia? ¿Has contendido con tu patrón, tus compañeros de trabajo, tus vecinos, tus compañeros en la iglesia? Estoy seguro de que no hay nadie que nunca haya tenido un conflicto con alguien. Algunos tienen más que otros. Si somos honestos admitiremos que sí hemos tenidos conflictos con otros, incluso con los miembros de nuestra familia.

Los Desacuerdos Son Inevitables 

Ocasionalmente me dice la gente: “Tenemos diferencias en casi todo. No podemos ponernos de acuerdo. Ciertamente eso es prueba de que nuestro matrimonio no era la voluntad de Dios.” Mi respuesta es: “Adán y Eva fueron hechos uno para el otro, la pareja perfecta, especialmente por Dios. Aun así se decepcionaron uno del otro. Adán culpó a Eva por haberle dado a comer la fruta prohibida. Eva echó la culpa sobre la serpiente. Inclusive culparon a Dios.

Rebeca e Isaac fueron juntados especialmente por Dios. Dios guió al siervo de Abraham hasta Rebeca para que sea la esposa de Isaac (Gen. 24). Pero el libro de Génesis revela que ellos también tenían sus desacuerdos. Esto no significaba que Dios hubiera equivocado. Solo que necesitaban aprender a congeniar.”

Al contrario de los pensamientos de muchos, la diferencia entre un hogar feliz y uno infeliz no es la presencia o ausencia de diferentes puntos de vista. La diferencia básica es que en el primer hogar la gente enfrenta  y resuelve sus conflictos, mientras que en el otro no saben cómo hacerlo.

Varias cartas del Nuevo Testamento contienen peticiones que indican que el tema “solución de conflictos” es de inmensa relevancia. Pablo escriba a los gálatas en Gálatas 5:15,  Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros.” Santiago 3:18-4:2 indica que no es solamente un punto de vista académico; ya que los conflictos eran muy comunes entre la gente a quién Santiago escribió.

“Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.  ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?  Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.” (Santiago 3:18-4:2)

 

TU FAMILIA, COMO DIOS LA QUIERE, por Dr. Wayne A. Mack