Pecados Respetables: Envidia y Celos

envidia trofeoLa envidia es el dolor que sentimos, y que a veces va acompañado de resentimiento, por las ventajas que otra persona tiene. Nos gustaría tener las mismas oportunidades, lo cual nos lleva a la codicia. Lo que resentimos es que esa persona obtenga algo que nosotros no tenemos. Pero no sólo envidiamos a otra gente. En general, hay dos situaciones que nos provocan envidia. Primero, tenemos la tendencia a envidiar a aquellos con quienes tenemos un trato cercano. Segundo, envidiamos a otros precisamente en las áreas que más valoramos. La razón por la que nos sentimos tentados a envidiar a quienes se destacan más, es que tenemos tantas cosas en común que las diferencias nos molestan.

Algunos padres podrían envidiar a otros cuyos hijos son mejores estudiantes o deportistas, o que tienen mejores trabajos. Podríamos envidiar a un amigo que tiene una casa más bonita o que compró un auto más caro que el nuestro. Las posibilidades de envidiar a otros son interminables. Cuando nos comparamos con otra persona cuyas circunstancias son mejores que las nuestras, nos enfrentamos a la tentación de envidiarla. Quizá ni siquiera queremos estar en las mismas circunstancias de nuestro vecino o amigo; simplemente resentimos que tenga mejores cosas. Cuando seamos tentados a la envidia, reconozcamos que es pecado. Sin duda, este es muy sutil y menos grave, pero aun así, se menciona en las listas de pecados viles que incluyó Pablo en Romanos 1:29 y Gálatas 5:21.

envidiaMuy relacionado con la envidia está el pecado de los celos. Es más, en ocasiones usamos ambos términos como sinónimos. Pero hay una sutil diferencia que nos puede ayudar a ver cuán pecaminoso es nuestro corazón. Los celos se definen como intolerancia a la rivalidad.

Hay ocasiones legítimas en las que podemos tener celos, como cuando alguien quiere enamorar a nuestra esposa. Por otro lado, Dios declara que él es un Dios celoso que no tolera que adoremos a otro que no sea él (Éxodo 20:5).

Los celos pecaminosos surgen cuando tenemos que alguien se convierta en una persona igual o superior a nosotros. La ilustración más famosa de la Biblia es la de los celos del rey Saúl contra David. Después de que este mató a Goliat, las mujeres de Israel cantaban (I Samuel 18:7). Por supuesto que Saúl se enojó porque le otorgaron mayor reconocimiento a David que a él. A partir de ese momento lo consideró su rival y siempre estaba celoso de él. Nosotros también podemos tener celos si hemos recibido la bendición de Dios en alguna área de nuestra vida o ministerio y luego otro demuestra con su trabajo a resultados que es superior a nosotros. Pareciera que siempre hay un joven que llega y es más listo o más talentoso que nosotros. Cuando esto sucede, nos podemos poner celosos. No queremos que alguien más obtenga el éxito o bendiciones de Dios que nosotros hemos recibido.

Entonces, ¿cómo podemos confrontar la tentación de envidiar a de sentir celos de los demás?

Primero, y como sucede con muchos otras pecados sutiles, podemos confiar en la soberanía de Dios reconociendo que él es quien de manera soberana nos da los talentos, habilidades y dones espirituales. No solo hay diferencias en los talentos y dones, sino que también las hay en las clases de bendiciones que recibirán de Dios. Todo proviene de Señor, él es quien empobrece y enriquece, humilla y exalta (I Samuel 2:7). Es Dios quien levanta a uno y humilla a otro (Salmo 75:7).

Cuerpo de la IglesiaUna segunda arma contra la tentación de tener celos es recordar que todos los creyentes “somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros” (Ro. 12:5). Miren el versículo 10.

Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.

En vez de envidiar a quienes nos aventajan o de sentir celos por quienes nos superan de alguna manera, debemos reconocerlos y honrarlos puesto que todos somos miembros del mismo cuerpo de Cristo.

Tercero, debemos entender que si gastamos nuestra energía emocional en la envidia o los celos, perdemos de vista lo que Dios podría hacer en nuestra vida. Dios tiene un lugar y un plan que él quiere cumplir en cada uno de nosotros. Ciertamente, algunos trabajos obtienen mayor reconocimiento que los demás, pero todos son importantes para el plan de Dios.

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PECADOS RESPETABLES,Confrontemos esos Pecados que Toleramos, por Jerry Bridges

La Apropiación de Jesucristo (Juan 6:52-59)

Juan 6:52-59
52 Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

53 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

55 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

56 El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.

57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

58 Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.

59 Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.

Predica de Pastor Jaime Greenwood, 23 de junio, 2013

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Jesus

I. Palabras difíciles de entender. V. 52

A. Las palabras de Jesús producían contiendas.  Hasta el día de hoy, este pasaje es interpretado de una variedad de maneras. Pero debemos concluir que el sentido pleno de estas palabras es hay que creer en Jesucristo. Pero los judíos ahora no murmuran entre sí, sino están en pleno conflicto el uno con el otro sobre el significado de estas palabras.

B. Las palabras no se suelen explicar cómo llevarse a la práctica.  La contienda es cómo será entregado el cuerpo de Cristo para que su carne sea un alimento para lograr tener vida eterna.

II. La necesidad de alimentarse de Cristo. Vs. 53-55  

A. Todos deben llevar a Cristo en lo más profundo de su ser. V. 53  Aquí hay una alusión al sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario. Jesús dice que la parte de su cuerpo que es pan que hay que comer es su carne y agrega que su sangre es alimento espiritual también. Los judíos tenían prohibido comer carne con sangre Gen. 9:4 (Morris, Leon El Evangelio Según Juan Vol. I, p. 428). El tiempo de los verbos comer y beber son aoristos o tiempo pasado y refleja claramente que es una acción que ocurre una sola vez pero absolutamente necesaria para alcanzar la vida eterna y entrar en unión con Cristo.

Si no comemos y bebemos esta comida espiritual estamos tan muertos como los que no alimentan sus cuerpos físicos.

B.  Todos deben recibir a Cristo con gusto. V. 54  La palabra traducida comer aquí es diferente y contiene el significado de “masticar” o “crujir”. La idea es de comer con gusto, una verdadera degustación. Tenemos aquí un reto de comer de verdad. Cuando uno recibe a Cristo de esta manera tan plena le es dado vida eterna. El seguro de la vida eterna es que participará en la resurrección en el día final. Después de tantas referencias al día final llegamos a la conclusión que nuestra vida será algo supremamente gozosa en aquel entonces.

C. Todo lo que necesitamos se encuentra en Jesucristo. V. 55  A diferencia de la comida que nos puede alimentar por un cierto periodo, la comida que es ofrecida en la persona de Jesucristo da sustento verdadero. “Él es el único en quien podemos hallar” las necesidades profundas de nuestro ser (Morris, p. 430). No podemos tener vida eterna si no la hallamos en la persona de Jesucristo. No debemos buscar lo que Cristo nos ofrece en ningún otro lugar.

III. Los beneficios de alimentarse de Cristo. Vs. 56-59

A. Tenemos una relación de permanencia. V. 56  Una relación íntima con otra persona no es casual. Requiere una inversión importante de tiempo y comunicación de deseos y expresiones de amor. Cristo indica que desea tener una relación íntima con todos los que están dispuestos a alimentarse de Él, tanto que dice que permanecerá en esta relación con el Señor. No es algo que se recibe y puede olvidarse, sino es algo que cambia radicalmente nuestra forma de ser y vivir.

B. Viviremos para Cristo. V. 57  Mientras que la vida de Jesucristo mismo depende de la Padre (Juan 5:26), y el Hijo vive para el Padre (Juan 4:34) nosotros tenemos que dejar que Cristo entre en nosotros para entregarnos vida del Padre que vive. “Esa persona vivirá única y exclusivamente para Cristo; ese será el sentido de su vida” (Morris, p. 431). La dependencia que tenemos de alimentar a nuestros cuerpos varias veces en el día es una ilustración de la necesidad de alimentar nuestra vida espiritual con Cristo continuamente (es el sentido del tiempo verbal). Comer la carne y beber la sangre es una acción que ocurre una sola vez pero hay necesidad de alimentarnos continuamente.

C. Recibimos la promesa de vida eterna. V. 58-59  Jesús vuelve a hacer recordar a su audiencia que su petición de recibir maná del cielo solo puede aliviar su hambre mientras alimentarse de la persona de Jesucristo produce vida eterna. Es cierto que la mayoría de las personas pasarán por la puerta de la muerte, pero después les espera la vida eterna en plena comunión con Dios. Juan nos hace entender que esta es una verdadera enseñanza de Jesús porque nos hace entender que es parte de un discurso dado en la sinagoga de Capernaum cosa que significa que estaba expuesta a ser comparada a la Ley de Dios en aquel lugar.

Comunión

“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”.  (Hechos 2:41-42)

Es imposible exagerar la importancia de la comunión cristiana en nuestro caminar con Dios. Una de las claves del poder de la iglesia primitiva fue el hecho de que pasaron tanto tiempo juntos. Charles Spurgeon dijo,

“Algunos cristianos tratan de ir al cielo solos, en soledad. Pero los creyentes no se comparan con los osos o leones u otros animales que vagan solos. Los que pertenecen a Cristo son ovejas en este sentido, que les encanta estar juntos. Las ovejas van en bandadas, y también lo hace el pueblo de Dios”.

sheep

Es una característica de los verdaderos creyentes el anhelar estar juntos. Orar y aprender la Palabra de Dios juntos no sólo fortalece los lazos de unidad en la Iglesia, sino que también fortalece a cada individuo que participa. Los desafíos y las luchas que enfrentamos como parte de la vida cotidiana en un mundo caído requieren más fuerza de la que cualquiera de nosotros puede poseer por nuestra cuenta. Aunque recibimos la fuerza de Dios para enfrentar estas batallas, “el [hombre] interior no obstante se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16), Él también ha ordenado que nos animemos y ministremos fortaleza unos a otros en tiempos difíciles.

Satanás siempre está feliz cuando el pueblo de Dios se hace vulnerable a separarse de los otros miembros del cuerpo de Cristo. El cristianismo no es para ser vivido de forma aislada, sino en grupo. El compañerismo regular con otros creyentes, así como participar de los servicios y actividades de la iglesia y de manera personal tienen la intención de ser una fuente de fortaleza y ánimo al enfrentar los desafíos y las luchas de la vida. El cristiano que está separado de esta comunión ha perdido una parte vital de su protección frente a los ataques del enemigo.

 

-Paul Chappell, Diariamente en la Palabra