¿Por qué pelean las familias? (Parte 3)

¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?  Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.  Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.  (Santiago 4:1-3)

Miembros de la misma familia pueden diferir en personalidad, perspectiva, valores, dones y habilidades, intereses, gustos, disgustos, nivel de educación, inteligencia y adiestramiento. Estas disparidades proveen frecuentemente la ocasión para desacuerdos y malentendidos que pueden producir contención. Así que, el ser diferente es una contribuyente mayor de conflictos familiares.

Las Tres Fases del Matrimonio 

Alguien ha dicho que la mayoría de los matrimonios pasan por tres fases.

La fase 1 es el éxtasis o el encantamiento. Este ocurre durante el noviazgo y los primeros días del matrimonio, cuando reina el romance. Todo es maravilloso, y el cónyuge no puede hacer nada mal.

La fase 2 es la realidad o el conflicto, la fase donde la pareja reconoce que los dos no siempre ven todo igual. Gradualmente empiezan a reconocer que no se casaron con quien creían que se casaron. Empiezan a ver que la otra persona tiene faltas reales y que tienen diferencias fuertes sobre ciertos asuntos. Poco a poco (si no rápidamente) empiezan los conflictos entre ellos.

De esta fase se pasa a la tercera que tiene tres direcciones. Algunas parejas deciden que no pueden manejar sus diferencias y escogen el divorcio. Otros proceden a adoptar un statu quo infeliz, donde sólo coexisten. Un tercer grupo aprende a manejar sus desacuerdos y a prevenir y/o resolver sus conflictos. Como resultado, avanzan a una relación de maduración o crecimiento y desarrollo. Para estas parejas, los desacuerdos matrimoniales o familiares les proveen el ambiente propicio para progresar y entrenarse en la marcha para aplicar los principios bíblicos. Consiguen una cosecha de justicia porque han aprendido la habilidad importante de resolver conflictos.

Pero la pregunta es, ¿cómo lograr ser pacificador en vez de guerrero? ¿Qué es menester hacer para prevenir y resolver los conflictos bíblicamente? Entender el por qué los desacuerdos son inevitables y la razón para que surjan los conflictos es un factor importante. Tener una respuesta clara a la pregunta de Santiago 4:1 es el primer paso.

Buscando las Raíces de los Conflictos

Pero ¿por qué se conviertan tan fácilmente las perspectivas diferentes en conflictos? Las Escrituras declaran que tenemos conflictos por nuestros deseos que luchan adentro de nosotros; porque queremos algo que no podemos tener (Sant. 4:1-3). Santiago nos despoja de todas nuestras pretensiones piadosas y llega a la raíz de muchos de nuestros conflictos interpersonales. En otras palabras, las diferencias muchas veces se tornan a conflictos porque somos egoístas. Queremos que los miembros de la familia vean las cosas como nosotros las vemos, que crean lo que nosotros creemos, que actúen como queremos, o que hagan lo que queremos que se haga. Y cuando no cooperan, nos frustramos. Luego, por nuestro egoísmo, respondemos en una variedad de maneras pecaminosas. Puede que tratamos de forzar los miembros de la familia a sumisión por sermonearlos, gritarles, o argüir incansablemente. Tal vez desenfrenamos y los castigamos verbalmente o aún físicamente. O puede ser que usamos maneras más sutiles para presionarlos a someterse o lastimarlos por no estar de acuerdo con nosotros. Hacemos pucheros, nos retiramos, lloramos, o fruncimos el entrecejo, o somos silenciosos, no cooperativos o pródigos. Porque nuestros deseos se bloquean, nuestros esfuerzos a controlar la situación producen conflictos.

Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; (Ro. 12:4-6)

Por los dones y talentos disimilares que Dios nos ha dado (Rom. 12:4-6), podemos tener un interés más profundo de ciertas cosas que tienen otros miembros de la familia. Es fácil pensar que todos deben ser tan devotos a un asunto particular como somos nosotros, e intentamos forzarlos, y comunicarles que anda algo mal con ellos por su falta de entrega. Las áreas en las cuales los miembros de la familia pueden diferir son casi inumerables.

TU FAMILIA, COMO DIOS LA QUIERE, por Dr. Wayne A. Mack

¿Por qué pelean las familias? (Parte 2)

!!Mirad cuán bueno y cuán delicioso es
    Habitar los hermanos juntos en armonía!  

Salmo 133:1

Los datos bíblicos, registros históricos y experiencia personal indican que en las relaciones interpersonales los desacuerdos son inevitables. Tu felicidad personal es afectada gracias a la forma en que manejás los desacuerdos que surgen (Sal. 133:1). Lo opuesto también es verdad; ya que la mayoría de la gente dice que no hay mayor desánimo que el resultante de una discordia familiar sin resolver.

La Bendición de la Paz

Las escrituras declaran en Sant. 3:8 que la lengua es una fuente de mal, “pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.”

¿Querés tener una cosecha de justicia en tu familia? Santiago dice que no debés esperar que esto ocurra en un hogar marcado por riñas y pleitos. Ocurrirá en familias donde los pacificadores están sembrando paz continuamente. Van a tener una cosecha de justicia.

El Salmo 133 enfatiza el mismo pensamiento. Compara la unidad en la familia con el aceite de ungir. De esa manera fue consagrado Aarón como sacerdote para el uso del Señor. El salmista parece estar diciendo que cuando mantenemos la unidad, nosotros somos apartados especialmente para el servicio del Señor. En una atmósfera de paz y unidad, Dios nos bendice y usa de una manera especial.

Otra frase en este salmo expande más el concepto. El salmista compara la paz y la unidad entre hermanos al rocío (v. 3). Cae poca precipitación en Palestina en el verano. Para que crezcan las plantas, necesita más humedad. Afortunadamente muchas áreas de Palestina, en especial el Monte Hermón, se bendicen con rocío pesado. Esto produce una cosecha abundante. De manera similar, el salmista indica que la bendición de Dios cae abundantemente sobre la gente (individuos, familias iglesias) que aman a la unidad.

Las Tres Fases del Matrimonio 

Alguien ha dicho que la mayoría de los matrimonios pasan por tres fases. La fase 1 es el éxstasis o el encantamiento. Este ocurre durante el noviazgo y los primeros días del matrimonio, cuando reina el romance. Todo es maravilloso, y el cónyuge no puede hacer nada mal.

La fase 2 es la realidad o el conflicto, la fase donde la pareja reconoce que los dos no siempre ven todo igual. Gradualmente empiezan a reconocer que no se casaron con quien creían que se casaron. Empiezan a ver que la otra persona tiene faltas reales y que tienen diferencias fuertes sobre ciertos asuntos. Poco a poco (si no rápidamente) empiezan los conflictos entre ellos.

De esta fase se pasa a la tercera que tiene tres direcciones. Algunas parejas deciden que no pueden manejar sus diferencias y escogen el divorcio. Otros proceden a adoptar un statu quo infeliz, donde sólo coexisten. Un tercer grupo aprende a manejar sus desacuerdos y a prevenir y/o resolver sus conflictos. Como resultado, avanzan a una relación de maduración o crecimiento y desarrollo. Para estas parejas, los desacuerdos matrimoniales o familiares les proveen el ambiente propicio para progresar y entrenarse en la marcha para aplicar los principios bíblicos. Consiguen una cosecha de justicia porque han aprendido la habilidad importante de resolver conflictos.

Pero la pregunta es, ¿cómo lograr ser pacificador en vez de guerrero? ¿Qué es menester hacer para prevenir y resolver los conflictos bíblicamente? Entender el porqué los desacuerdos son inevitables y la razón para que surjan los conflictos es un factor importante. Tener una respuesta clara a la pregunta de Santiago 4:1 es el primer paso: 

¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?

TU FAMILIA, COMO DIOS LA QUIERE, por Dr. Wayne A. Mack

Los Cristianos Casados con los Inconversos (1 Cor. 7:12-16)

Vivimos en un día cuando la ocurrencia del divorcio se aumenta cada vez más. Hay muchas razones culturales para explicar la situación: la emancipación e independencia creciente de la mujer, la revolución sexual, la pérdida del tabú de la inmoralidad y las facilidades para el divorcio. Pero la razón número uno es la falta de la influencia de la fe cristiana y los estándares cristianos sobre los temas del sexo y matrimonio.  Alguien dijo,

“Hace 50 años atrás los padres estaban propensos a tener muchos hijos. Hoy por hoy los hijos están más propensos a tener muchos padres.”

 

1 Corintios 7:12-16

12 Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. 13 Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. 14 Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos. 15 Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios. 16 Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?

parte 1 –

parte 2 –
[https://youtu.be/6ZTQdn-ntus]

PREDICA 1cor712 copy

 

I. La Salvación no es causa de disolver el pacto matrimonial. Vs. 12-14

Pablo había recién repetido la instrucción de Jesús mismo acerca del divorcio de los creyentes. Ahora habla acerca de un asunto no tratado ni mencionado en el discurso de Jesús durante Su ministerio terrenal. Pero esto no implica que el Apóstol Pablo no habla bajo la inspiración de Dios. El versículo 40 lo hace bien en claro que está inspirado por el Espíritu de Dios. Pablo argumenta aquí que el matrimonio de un convertido con un creyente hizo aún más fuerte la unión entre la pareja.

A. Vivir en yugo desigual no es un buen motivo para el divorcio. Vs.12-13

Pablo hace mención de dos posibles casos cuando un miembro de una pareja casada conoce a Cristo como su Salvador personal pero la otra parte no. Es fácil imaginar que algunos de los nuevos creyentes en la iglesia en Corinto llegaron a la conclusión que era necesario divorciarse de su cónyuge inconverso. Esdras 10:2-3 Nosotros creyentes debemos reconocer la posibilidad de aconsejar a los recién salvos que viven con su pareja no salvo de la enseñanza bíblica de quedarse en este mismo estado matrimonial. Pero Pablo sigue con la clausula si la pareja no convertido consiente en vivir con el creyente. Esto quiere decir si la parte inconverso está de acuerdo en vivir con una persona convertida entonces hay que seguir con el matrimonio y no se puede abandonar a su pareja. Esto lo dice Pablo a la luz de la posibilidad de estar expuesto al pecado del inconverso.

B. El matrimonio recibe la bendición de Dios por la parte santa. V. 14a

Pablo intercede en los pensamientos de los creyentes con un esposo o esposa inconverso con la introducción de una idea sumamente cristiano. En la teología de los judíos algo inmundo que llegó a tener contacto con una cosa santa hizo inmundo al objeto santo. Pero aquí se nota que la santidad del creyente fluye del mismo para santificar a las personas en su alrededor. Entonces no es la influencia del mundo sobre el creyente que es nuestra mayor preocupación sino nuestra influencia sobre el mundo. Juan 17:15  Pablo no argumenta que la salvación de una parte garantiza la salvación de la otra parte sino que la mala influencia del inconverso no debe preocupar al creyente tanto para que considere el divorcio.

C. El cónyuge incrédulo tampoco contamina a los hijos. V. 14b

El Señor promete que de alguna manera los hijos no serán considerados ilegítimos, espiritualmente hablando, sino bajo la protección y la bendición de Dios por su padre o madre salvo. La presencia de por lo menos un padre o una madre creyente proteja a los hijos de daños espirituales y en muchos casos les traen la salvación por el testimonio de su madre o padre salvo. Romanos 11:16

II. La salvación puede producir una ruptura con el inconverso. Vs. 15-16

Si el inconverso desea separase de su cónyuge creyente, entonces no hay mandado para impedir que se vaya. Pero ¿qué del matrimonio dividido?

A. Estamos llamados a vivir en paz. V. 15

En vez de luchar para preservar el matrimonio a todo costo el creyente está llamado a dejar a su cónyuge inconverso salir si es su deseo. Estamos llamados a una vida de paz con todos los hombres. Romanos 12:18 A luchar para mantener la relación se puede producir pleitos ya prohibido desde el capítulo 6:1. Pablo dice que la persona que su cónyuge lo abandone no vive más en esclavitud. Ahora, hay dos líneas de pensamiento en cuanto a la definición de esta libertad. MacArthur dice “el vínculo del matrimonio solo se rompe con la muerte (Ro. 7:2), el adulterio (Mt. 19:9) o el abandono del cónyuge no creyente.” Pero además agrega que “si el vínculo se rompe de alguna de estas maneras, un cristiano queda en libertad para casarse con otro creyente.” Esto basado en el hecho de “que ya no hay más servidumbre.” Ahora déjame decir que sí las escrituras permiten el divorcio bajo algunas circunstancias pero no hay ninguna enseñanza clara en cuanto a volver a casarse. Cada vez que alguien llega a esta conclusión es por su interpretación de varios textos. Pablo reitera varias veces en este capítulo que la mejor decisión es quedarse solo y dedicarse al servicio para el Señor. Lamentablemente son pocos las personas dispuestas a seguir este consejo. La mayoría simplemente quiere saber si tiene permiso para volver a casarse. Lo hago bien en claro que este pastor no te va a volver a casar.

B. La posibilidad de evangelizar no se puede garantizar. V. 16

En el griego hay dos opciones para la traducción de este versículo. Se puede o traducirlo positivamente o negativamente. Si es positivamente entonces significa que quedarse con su cónyuge inconverso puede producir la probabilidad de su salvación. Pero más bien negativamente no se puede garantizar la salvación de su cónyuge entonces si se va no hay que preocuparse. Este parece ser el intento del apóstol a escribir el versículo. Cada persona estará parada delante de Dios en el día de juicio para encontrar si había recibido a Jesucristo personalmente a través de la salvación por fe. Si es por nuestro testimonio mejor como dice Santiago 5:20. Pero si rechaza el evangelio no hay que luchar para preservar al matrimonio cuando esto si se puede dañar al testimonio del creyente.

Predica de Pastor Jaime Greenwood, 21 de agosto, 2011

Deberes y Obligaciones Conyugales

1 Corintios 7:6-11

Mas esto digo por vía de concesión, no por mandamiento.

Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo, y otro de otro.

Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo;

pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando.

10 Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido;

11 y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer.

Predica de Jaime Greenwood, 14 de agosto, 2011

La mayoría de los adultos se casan durante algún periodo de su vida. Se estima que solamente uno en cinco personas nunca llega a casarse. Entre los que se han casado uno en cada tres personas se divorcian por lo menos una vez según las estadísticas. George Barna, él quien realizó la encuesta, observó que muchas personas están acostumbrados al divorcio como una parte natural de la vida. Él mismo dijo “No parece tener un estigma asociado con el divorcio; se ve más bien como un rito de iniciación.”