10 Razones por las cuales nuestros hijos abandonan la iglesia

REV. MARC YODER

Todos conocemos a niños que se han criado en la iglesia. Eran las estrellas del grupo de jóvenes. Quizá hasta cantaban en el grupo de alabanza. Y luego se graduaron en el instituto y nunca más se les volvió a ver. ¿Qué pasó?

Pues parece que eso sucede con demasiada frecuencia, así que decidí investigar un poco, hablar con ellos e intentar obtener algunas respuestas sinceras. Trabajo en el colegio mayor de cierta universidad con bastantes veinteañeros. Casi todos ellos se educaron en típicas iglesias evangélicas. Casi todos las abandonaron sin ninguna intención de regresar. Así que después de muchas horas de cafetería y de invitarles a comer algo, estas son las conclusiones extraídas de docenas de conversaciones. Espero que algunas os pongan furiosos. No por el mensaje, sino por el fracaso de haber sustituido el Evangelio de la cruz por un evangelio americanizado de gloria.

Los hechos.

salidaLas estadísticas son horribles: el 70% de los jóvenes dejan de asistir a la iglesia cuando se gradúan en el instituto. Casi una década después, aproximadamente la mitad regresan. La mitad. Dejemos que eso nos cale. No hay otra manera más suave de decirlo: la iglesia evangélica en América ha perdido, está perdiendo y perderá casi con toda seguridad a nuestros jóvenes. Con todo su discurso sobre encontrar “nuestro gran potencial”, y los mega-edificios estilo Starbucks que construimos, y con los grupos de rock cristiano que formamos y los espacios jóvenes que les damos … la iglesia les ha fallado. Miserablemente. Por estas diez razones.

10. La iglesia es “guay” [cheto]. No, no lo has leído mal. No he dicho irrelevante o aburrida. Hemos cogido una fe histórica de dos mil años, la hemos vestido con una camisetita y unos vaqueros ceñidos y se la hemos vendido como “guay” a nuestros hijos. Pero no es “guay” o  “super” o “chula”. No es moderna. La estamos disfrazando y vendiendo como un sucedáneo barato del mundo al que estamos llamados a evangelizar.

Como reza el dicho: “Cuando el barco está en el océano, todo va bien. Cuando el océano se mete en el barco, tienes un problema”. No estoy siendo el típico pesado que habla de la mundanalidad en contra de la piedad. Me estoy refiriendo al hecho de que un texto bíblico de cinco minutos nos provoca un bostezo, pero cuando se trata de algún famosillo o deportista que hace alguna vaga referencia al hecho de ser cristiano, nos volvemos del revés de entusiasmo.

Somos como un aprendiz de adulador que lo único que espera es que el mundo piense que nosotros también somos “cool”, igual que ellos.

Nuestros jóvenes se encuentran con el mundo real, y éste se burla de nuestro “mira, nosotros somos super guays también”. En nuestro esfuerzo por ser “como ellos” nos vamos haciendo menos quienes somos en realidad. El pastor de mediana edad intentando parecerse a su audiencia de veintitantos no lo va a conseguir. Aunque vaya en vaqueros, no importa. No es relevante. Es un cliché que resulta cómico. En el momento que te concentras en ser “auténtico”, ya no lo eres.

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9. Nunca asistieron a la iglesia, para empezar. Desde la guardería, toda decorada como si fuera el arca de Noé, hasta la iglesia con actividades especiales para los niños, pasando por las fiestas de pizza y los conciertos de rock, muchos jóvenes evangélicos crecieron entre los cuidadosos mimos de un lugar que no era la iglesia en sí misma pero tampoco era el mundo. Nunca se sentaron en un banco entre unos padres primerizos en un bebé llorón y un anciano que necesita oxígeno. Nunca han visto la línea completa del Evangelio en cada etapa de la vida. En vez de eso, los hemos aislado, hemos difuminado el mensaje, subido el volumen y fingido sorpresa cuando, por fin …

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8. Ellos lo pillan. No es que nuestros chicos de repente se vuelven listos cuando salen de casa para ir a la universidad, es que seguramente alguien los ha tratado como seres inteligentes. En vez de aguar el mensaje, los agnósticos y los ateos los tratan como personas inteligentes y desafían su intelecto con pensamientos profundos, preguntas y dudas. Muchas de ellas han sido ya contestadas, y con gran profundidad, a lo largo de los siglos de nuestra fe. Sin embargo …

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7. Los enviamos ahí afuera desarmados. Seamos honestos, la mayoría de nuestras iglesias están enviando a nuestros jóvenes al mundo con una vergonzosa ignorancia de nuestra fe. ¿Cómo podría ser de otro modo? Hemos desechado la enseñanza, les hemos vendido “acción, no doctrina” y los hemos animado a empezar a buscar “el plan de Dios para su vida”. Sí, sé que tu iglesia probablemente tiene una sección en su página web que se llama “Qué creemos”, pero ¿se está enseñando y reforzando eso realmente desde el púlpito? He conocido a líderes evangélicos (“pastores”) que no conocían la diferencia entre justificación y santificación. Me he reunido con miembros del consejo de mega-iglesias que no comprendían qué es la expiación. Cuando elegimos líderes, ¿lo hacemos basándonos en su capacidad para dirigir en vez de para enseñar la fe? Bueno, no les enseñamos el contenido de la fe. ¿Te sorprende? Y en lugar de la fe ortodoxa, histórica …

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6. Les dimos cosas de segunda mano. Hicimos todo lo posible para transmitirles la fe interna, subjetiva que yo “siento”. De verdad, de verdad, de verdad que queremos que ellos la “sientan” también. Pero nunca fuimos llamados a evangelizar nuestros sentimientos. No puedes pasar este tipo de fe subjetiva. Con nada sólido sobre lo cual basar su fe, careciendo de credo histórico con el cual poder vincularse a siglos de historia, sin los elementos físicos del pan, el vino y el agua, su fe está en sus sentimientos subjetivos, y cuando se enfrentan con otras maneras de “sentir” en la universidad, la iglesia pierde ante cosas con un atractivo mucho mayor para la naturaleza humana. Y lo encuentran en …

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5. Una comunidad. ¿Te has dado cuenta de que esta palabra está por todas partes desde que los movimientos “con propósito”, sensibles a los “buscadores”, entraron en escena? Cuando nuestros hijos se van de casa, se van de la comunidad prefabricada en la que han vivido casi toda su vida. Como su fe es algo que sólo “hacen” en esa comunidad, pronto se encuentran con que pueden experimentar ese “cambio de vida”, esa “mejora de vida” en “comunidad” en muchos contextos diferentes. Mezcla esto con una fe subjetiva, pragmática, y la fiesta de pizzas número 100 y verás que la iglesia no puede competir con otras opciones más fáciles, más atrayentes de otras “comunidades”. Así que se van de la iglesia y …

comunidad

4. Se encuentran con sentimientos mejores. En vez de una fe externa, objetiva e histórica, les hemos dado a nuestros jóvenes una fe interna, subjetiva. La iglesia evangélica no está instruyendo ni enseñando a sus niños los fundamentos de la fe, simplemente pasamos años animándoles a “ser buenos” y “amar a Jesús”.  Cuando se van de casa, se dan cuenta de que pueden sentirse espiritualmente realizados y seguir los mismos principios subjetivos de auto-ayuda personal, que aportan cierta calidez, del último gurú, psicólogo o “coach” de vida, o pasando tiempo con amigos, o haciéndose voluntarios en una ONG. Se dan cuenta de que pueden ser verdaderamente auténticos, y aprovechan la oportunidad porque …

amo jesus

3. Se cansan de fingir. En el mundillo de los evangélicos que hablan de “vivir tu mejor vida ahora” hay poco espacio para la depresión, las luchas o la duda. Haz desaparecer esa cara o quítate del medio. Los jóvenes que han sido alimentados con una dieta constante de sermones dirigidos a eliminar cualquier cosa o persona que les impida, pragmáticamente, servir al “plan maravilloso de Dios para tu vida” se ven forzados a sonreír y a estar contentos y “gozosos” todo el tiempo. Ellos son listos, a menudo mucho más listos de lo que creemos. Así que en poco tiempo, van pregonando el mensaje que tantas veces les he oído: “La iglesia está llena de hipócritas”. ¿Por qué? Porque incluso aunque nunca se les han dado las categorías de la Ley y el Evangelio …

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2. Ellos saben la verdad. Saben que no pueden hacerlo. Lo saben. ¿Y toda esa moralina de “ser bueno” que se les ha enseñado? La Biblia tiene una palabra para eso: la Ley. Y eso es lo que les hemos dado para alimentarse, sin diluir, desde que los dejamos en la guardería del arca de Noé: Haz esto, no hagas aquello. Y cuando crecen eso se convierte en “Los niños buenos hacen esto o no hacen aquello”. Y cuando son adultos, la cosa es “Haz eso si quieres una vida mejor”. El Evangelio aparece brevemente como otra cosa que “hacer” parar salvarse. Pero su dieta es la Ley, y la Escritura nos dice que la Ley nos condena. ¿Y qué pasa con ese sonriente y optimista “Dios te ama, ama a Dios y al prójimo”? Pues que con esto hemos condenado a nuestros jóvenes. Y ellos piensan o bien que son “buenas personas” porque no hacen ninguna de las cosas que su denominación abomina (beber, fumar, ir a las discotecas, ver películas cuestionables) o bien que no son capaces de cumplir las palabras de Jesús en cuanto a lo que se requiere de ellos. No hay ningún descanso en esta Ley, sólo una rutina de buenas obras que ellos saben que no son capaces de hacer. Así que, de cualquier manera, acaban marchándose de la iglesia porque …

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1. No la necesitan. Nuestros chicos son listos. Captaron el mensaje que les enseñamos tan neciamente. Si la iglesia es simplemente un lugar para aprender principios aplicables a la vida para conseguir una vida mejor en comunidad … no necesitas un Jesús crucificado para eso. ¿Por qué tendrían que madrugar el domingo por la mañana para ver un entretenimiento de segunda categoría que deja mucho que desear si lo comparamos con el que disfrutaron la noche antes? El pastor de mediana edad intentando desesperadamente ser “relevante” para ellos resultaría efectivamente cómico si el efecto no fuera tan devastador. Al vaciar el Evangelio de contenido, nuestros jóvenes nunca recibieron el impacto de la Ley, de su pecado delante de Dios, y de su desesperada necesidad de la obra expiatoria de Cristo. Eso sí es relevante, eso sí es auténtico, y eso es algo que el mundo no les puede ofrecer.

pragmatica

Hemos cambiado un Evangelio histórico, objetivo y fiel, basado en la misericordia de Dios hacia nosotros por un evangelio subjetivo y pragmático basado en lograr nuestro objetivo siguiendo algunas estrategias para la vida. En vez de ser fieles a la simplicidad del Evangelio de la cruz, hemos puesto nuestra meta en “tener éxito” juntando multitudes alrededor de este evangelio de “gloria”. Este nuevo evangelio no salva a nadie. Nuestros muchachos pueden rellenar todas esas casillas de la auto-ayuda, la estrategia para la vida o simplemente una espiritualidad hecha a su medida, y hacerlo con más éxito y con una comunidad de personas más relevante para ellos. Se van porque, una vez planteada la elección, y con el mensaje que les hemos transmitido, es la opción más inteligente.

Nuestros hijos se van porque hemos fracasado en entregarles la fe “dada una vez por todas” a la iglesia. Ojalá no fuera así, pero cuando presento la Ley y el Evangelio a estos chicos, la respuesta es la misma todas las veces. Me dicen: “Yo nunca había oído esto”. No es que yo esté en contra de entretener sanamente a nuestros jóvenes, o de las fiestas de pizza (aunque probablemente sí estoy contra los tipos de mediana edad que se ponen vaqueros ajustados para intentar ser “relevantes”). Lo que ocurre es que en la principal tarea que se nos ha encomendado estamos fracasando. Le hemos fallado a Dios y les estamos fallando a nuestros jóvenes. No dejes que otro joven salga por la puerta sin confrontarle con todo el peso de la Ley y la libertad completa del Evangelio.

Fuente original: http://marc5solas.wordpress.com/2013/02/08/top-10-reasons-our-kids-leave-church/

Traducido por: http://www.icpresbiteriana.com/index.php/es/articulos/item/diez-razones-por-las-cuales-nuestros-hijos-abandonan-la-iglesia